domingo, 5 de julio de 2026
Hoy abordaré una compostura del postureo clásica como es toparnos con alguien que no sabe de lo que habla, si bien hay que catalogar en tres grandes categorías. La primera es que el tipo sea conocido del colegio, del barrio o empleos indefinidos donde te acompaña durante toda la vida laboral hasta alcanzar la jubilación. Estos tipos que no saben de lo que hablan no adquieren tal habito porque si, ya desde la infancia adquiere el dudoso don de no saber de lo que habla y la compostura del postureo surge innata aceptando que el tipo es nuestro amigo, aunque no necesariamente conlleva una amistad, es un tipo de aprecio por la costumbre de escucharlo todos los días y es casi una obra de caridad permitirle unos minutos de cháchara aunque no tenga ni pajolera idea de lo que habla. La segunda categoría sería el tipo que está de vacaciones, rezongando si es urbanita en un entorno rural, toca huevos preguntando direcciones cuando tiene la señal indicadora delante si está en la ciudad haciendo turismo y esa soberbia garrula del que se tiene por cosmopolita mirando por encima del hombro a los nativos. Aquí la compostura del postureo más apropiada es pensar en que dejan dinero en la economía local y si se está en grupo de amigos se pasan unas risas escuchando al tipo hablar de cosas acerca del entorno rural o lo maravilloso de la ciudad induciéndole a que meta la pata una y otra vez, aunque por lo general en esta categoría la compostura del postureo debe ser laxa pensando, reitero, que vale la pena soportarlo por el bien de la economía local y a fin de cuentas sólo está de paso. Y la tercera categoría ha surgido al albur de la revolución digital donde tenemos acceso a todo tipo de información sobre todo tipo de cosas. Las dos categorías anteriores no dejaban de ser típicas, pero ahora cualquier tipo que no sabe de lo que habla lo hace con más intensidad. Aquí recomiendo una compostura del postureo tajante y de amputar sin anestesia la palabra del tipo, llega un momento en que escuchar sus sandeces convencido de que sabe de lo que habla cuando no tiene ni puñetera idea y además suelta los rollos que ve en Internet, ser tajante y seco para evitar que insulten, además, a nuestra inteligencia. Capítulo aparte son estos pelmas que parece que te encuentras en el sitio más insospechado como compañero de habitación en convalecencia hospitalaria, a la hora de dar hacer el parte de daños para el seguro del coche cuando tenemos una incidencia por poner dos ejemplos ilustrativos. Aquí, el tipo que no sabe de lo que habla, parte con ventaja porque podemos estar en estado de nervios o haciendo una tarea que requiere nuestra atención y encima nos trata con familiaridad por conocernos desde la infancia o en cualquier otro ámbito vital. La mejor compostura del postureo es soltarle un bufido verbal, utilizar la familiaridad a nuestro favor enviándole a freír espárragos directamente o escupirle a la cara directamente que no sabe de lo que habla, reculará sin ofenderse. Se trata en definitiva de tener una compostura del postureo acorde a la categoría del tipo que no sabe de lo que habla porque hay de todo en la viña del Señor.
Alí Kate
jueves, 18 de junio de 2026
Hoy quiero abordar una compostura del postureo que a todos nos pasa al menos una vez en la vida y que en muchas ocasiones se sufre en silencio como las almorranas. Me refiero a la típica situación donde estamos con una pareja, amigos de casi toda la vida, parte de la vida o algo de tiempo prolongado donde la amistad se forja con fuertes vínculos emocionales. Suele suceder, estadísticamente hablando, cuando se queda para almorzar ya que por algún extraño arcano esta compostura del postureo suele suceder en restaurantes, una cita en principio de agradable almuerzo en buena compañía. La primera señal de advertencia de que a esos dos les pasa algo ya se nota en los caretos, en cierta distancia subliminal que se capta a ojo de buen observador. La compostura del postureo surge hacia el segundo plato donde la conversación se ha realizado con la desagradable sensación de que se están lanzando puyas como si no fuera la cosa durante la conversación, aquí la primera compostura del postureo es hacernos el sueco y seguir el ritmo que va aumentando en puyazos hasta que se pasa al punto en que, sin casi percatarnos, nos comentan cosas por turno que en realidad es sacarse las vergüenzas rebotando en nos. La compostura del postureo en este punto sigue siendo la de hacerse el sueco con la variante de que por instinto trataremos de desviar la conversación hasta que finalmente sencillamente somos invisibles para sus ojos clavados fijamente en si mismos. Finalmente, llega el momento de utilizar la compostura del postureo de excusarnos para ir al baño y tratar de evitar el chaparrón de puyas y puyazos que se lanzan indistintamente de cuál fuera el origen desconocido de la discusión. Normalmente son parejas cabales y que se quieren con tiempo ya de convivencia y que han tenido pelotera el día anterior o a primera hora de la cita. La pausa de nuestra ausencia suele hacer recapacitar a la pareja de que están dando un espectáculo bastante bochornoso en nuestra presencia y jodiendo el almuerzo, la cita y las mínimas formas del decoro. Así, se vuelve a la mesa y se nota que se han apaciguado los ánimos, incluso breves carantoñas de reconciliación que culminan agradeciendo nuestra compostura del postureo, comentan la gilipollez que les hizo estar de nones y se culmina con una agradable sobremesa con cafés, chupitos y anécdotas que no por conocidas no dejan de arrancar unas risas. Hay que citar la salvedad de que se trate de una pareja de amistad reciente, en términos vitales, pero muy intensas, con encuentros cada semana una vez al menos, más si hay un vinculo laboral o comercial, que parecen que van a durar toda la vida hasta que en un buen día se produce la situación objeto de la compostura del postureo de hoy con la diferencia de que volvemos del baño y, si bien se han calmado, se palpa electricidad estática en el ambiente que obliga a una compostura del postureo diplomática y el almuerzo transcurre hasta la despedida con la extraña sensación de que algo en la amistad se ha roto, incluso frialdad en la despedida que ya no es la habitual. Esto se debe a que este tipo de amistades luego se arrepienten de que les hayamos visto ponerse a caldo con puyas y puyazos, porque se reconcilian y deciden pasar de nosotros llegando a proyectar sus culpas respectivas en nosotros con repercusiones sociales y de ambiente laboral en caso de existir ese vínculo. Hay muchas variantes de estos dos tipos de situaciones que es una en realidad y para novatos les propongo una compostura del postureo que es tomar la iniciativa, casi una compostura del postureo psicológica, consistente en pararles los pies y aclarar que si están de nones que lo aparquen hasta después del almuerzo y en todo caso sin su presencia, se les habla buscando la reconciliación y si somos hábiles se puede acabar derramando unas lágrimas toda la mesa y luego unas risas de lo gilipollas que son las discusiones de pareja enamorada. En todo caso, hay que ser prudentes porque se pueden perder parejas, amistades y dineros si estos calentones nos salpican y se acaba discutiendo entre todos y quienes antes se odiaban ahora vuelven a estar encariñados a costa de ponernos a caldo sin interrupción por relevos. La compostura del postureo universal es la de huir de estas citas si notamos al quedar que tienen temporal con anuncio de tormenta ya que notamos por el tono de voz o del mensaje en pantalla que estos dos no andan muy católicos.
Alí Kate
martes, 12 de mayo de 2026
La vida urbanita tiene sus composturas del postureo particulares que no se dan, por ejemplo, en el ámbito rural o poblaciones sin edificios de grandes alturas porque hoy trataré de una compostura del postureo que se da en las torres de edificios de diez plantas o más que requieren de ascensores y a partir de esa altura lo habitual es que haya dos, uno más pequeño que el otro, con la particularidad de que si hay un ascensor con la puerta abierta el otro no funciona. Los usuarios de tales ascensores sufren en ocasiones que una vecina, también un vecino pero en menos porcentaje, comienza a narrar sus múltiples dolencias durante el trayecto y al llegar a su planta no acaba de salir del ascensor ni de contar sus dolencias provocando que quien quiera usar el otro ascensor pues éste no funcione mientras está la vecina bloqueando la puerta y nuestros tímpanos. No es una cuestión baladí, las iras vecinales por no permitir usar el ascensor porque estamos dándole a la lengua con la puerta abierta pueden ser causas de tirrias y fobias que se trasladan al día a día del edificio y a las reuniones de vecinos. Otro aspecto es el realtivo a la vecina, que suele ser entrada en años y usuaria de bastón o muleta y que vive con dolores crónicos en la mayoría de los casos según la estadística que hace inviable una compostura del postureo para frenar en seco su monólogo de dolencias y que cierre la puerta de una puñetera vez, todo lo contrario ya que la única compostura del postureo posible es tener paciencia y dejar que la vecina desahogue un poco, sin meterle prisa ni cortar con brusquedad, sólo rezar si se es creyente o pedir a la fortuna que termine pronto y que nadie tenga que utilizar el otro ascensor en ese preciso momento en que la vecina tiene un pie afuera y otro dentro del ascensor. Ya digo que las consecuencias a nivel de convivencia entre vecinos pueden ser desastrosas y la mejor compostura del postureo alternativa es simular una severa otitis que nos impide oír nada, tomando nosotros la iniciativa a la hora de contar dolencias y sin darle tiempo a responder, hay que tener zuna y montar nuestro paripé de forma que dure lo que dura el trayecto del ascensor hasta la planta deseada. Es una compostura del postureo que puede resultar un conflicto ético ya que montar el paripé no deja de ser una mentira, pero mentira piadosa en todo caso porque hacer de buen samaritano escucha puede tener consecuencia para el resto de nuestra vida en el edificio como ya he señalado más arriba. En todo caso, podemos llegar en el futuro a ser nosotros la vecina o vecino y siempre se tiende a escuchar de forma comprensiva al menos la primera vez que nos toca coincidir con la vecina o vecino y por si el karma es mejor no utilizar la compostura del postureo de primeras, salvo que ya sepamos de qué dolencias se queja por haber coincidido varias veces ya en el ascensor previamente y es aquí donde se puede usar sin cortapisas religiosas o morales la compostura del postureo con paripé y hasta con gaitas destempladas en forma de golpecitos disimulados con el tacón del zapato, imperceptibles a la vista de la vecina de tal forma que piense que están picando en el otro ascensor para que cerremos la puerta. Finalizar recomendando que si se pasa por el trance, mejor bajarse una planta antes o después para no sufrir la ira de quien no podía usar el otro ascensor.
Alí Kate
jueves, 9 de abril de 2026
La actualidad también obliga a tener composturas del postureo y ahora mismo la actualidad la marca la guerra que azota Ucrania y Oriente Medio, resultando inevitable que nos topemos con alguien que en un momento dado habla de la guerra. Lo cierto es que la compostura del postureo cuando nos hablan de la guerra tiene que ser flexible porque depende más que nunca la compostura del postureo a adoptar de quien tengamos de interlocutor. Voy a limitarme a cuatro tipos de interlocutores básicos ya que el resto no dejan de ser variantes y mezcolanzas de estos cuatro interlocutores básicos. El primero es el que nos suelta rollos que todos sabemos porque todos vemos y escuchamos las noticias, se puede apreciar cómo mezcla argumentos que delatan si es consumidor de noticias de derechas, de izquierdas o de ambos extremos sin excluir nacionalismos. En realidad este tipo de interlocutor lo que quiere es contarnos batallitas de cuando hizo la mili y la nostalgia le hace mezclar la actualidad bélica con sus hazañas bélicas, turra sin ningún tipo de interés y cuya compostura del postureo ya fue tratada en su momento. El segundo tipo de interlocutor es aquel que salpica de repente la conversación, suele darse cuando hay tres o más en la misma tratando temas totalmente ajenos a la guerra, y empieza a pintar un escenario de apocalipsis a corto plazo, de agresiones y combates metiendo miedo en el cuerpo a quien esté en edad militar. Por lo general suele ser alguien con complejo de inferioridad que en reuniones familiares o de trabajo es un pelele y un mindundi que no tiene ni pajolera idea de realizar su trabajo, marginado de las tertulias en el café aunque se tolere su presencia y que ve en la actualidad bélica la forma de sobresalir, experto en sistemas de defensa y alerta temprana, conocedor de los arcanos para ser un comando de la Armada en potencia y en realidad alguien que se refugia en temas ajenos para no reconocer que no pinta nada en los propios y se requiere una compostura del postureo comprensiva siempre y cuando su nulidad para todo no nos cueste dinero. Dejarle hablar un minuto u minuto y medio, hacer algún comentario alabando su sabiduría y reconociendo nuestra ignorancia para automáticamente cambiar de tema, ir a orinar o cualquier peregrina excusa para librarnos del mindundi sabiondillo es la compostura del postureo más generalizada. Con el tercer tipo de interlocutor hay que adoptar una compostura del postureo de tener santa paciencia ya que suele ser familiar o pariente, vecino de toda la vida, parroquiano del bar y demás tipo de familiaridades de nuestra rutina diaria. Me refiero al frustrado que se presentó a oposiciones de soldado profesional, de algún cuerpo policial y hasta rechazado como voluntario de Protección Civil; que se pasa el tiempo libre documentándose de lo último en temas militares y sabio en raciones de combate, cómo hacer una letrina con una navaja y que empieza a soltar su rollo y no hay bicho viviente ni dioses en la Eternidad que le paren. Ya digo que compostura del postureo de paciencia porque suele ser conocido y hasta desconocido si nos engancha en salas de espera de todo tipo de urgencias y servicios. Por último me queda el cuarto tipo de mi particular clasificación de interlocutores que es el que no tiene ni puñetera idea de la guerra y se pasa el tiempo preguntando cómo, dónde y cuándo sin querer dejar el tema. La mejor compostura del postureo es de asustar al interlocutor, hacer que se sienta incómodo al pensar que pueden reclutarle si llega el caso, sufrir amputaciones de combate, taras de estrés postraumático y hasta que le engañará su pareja desde la primera noche que duerma acuartelado. Cuidado si el interlocutor tiene algún oficio relacionado con la industria bélica porque la retahíla de detalles sobre si esto u lo otro se puede adaptar al armamento, a la economía de guerra y hasta puede que tengamos que soportar cómo es poniéndose el interlocutor a dibujarlo en una servilleta. Finalizo aconsejando hablar con alguien de la guerra que sepa de lo que habla, alguien refugiado por conflictos bélicos, alguien que viva cerca de la zona de guerra y con profesionales de la milicia que estuvieron desplegados en zona de conflicto, porque la mejor compostura del postureo cuando alguien nos habla de la guerra en curso y la que viene sin conocer de primera mano lo que significa, no hay nada mejor que el testimonio de quien sufre la actualidad que vemos cómodamente sentados en el sillón y porque cuando nos alcanza la guerra no hay compostura del postureo que valga.
Alí Kate
jueves, 12 de marzo de 2026
La actualidad siempre es cambiante y hay composturas del postureo que caen en desuso para volver a estar en boga. Es el caso de la compostura del postureo que quiero abordar hoy relacionada directamente con el ambiente bélico en aumento desde la invasión de Ucrania hasta la guerra en Irán que copa los informativos y se traslada el debate a la sociedad, en el café del funcionariado, en el comedor de la empresa, en el plato del día escapando del tajo para almorzar y hasta en ventanillas de la administración como es que alguien comience a contarnos batallitas de cuando hizo el servicio militar obligatorio. Es una compostura del postureo que ya no es tan necesaria como cuando todos los años ingresaban nuevos reclutas a filas y licenciaban los veteranos tras acabar su servicio, la profesionalización de los ejércitos logró que poco a poco la memoria quedara relegada a quienes vivieron aquellos tiempos ya que las nuevas generaciones no pasaron por el mismo trance. El tipo que se ponga a contar batallitas responde a ciertos arquetipos, uno es que ya están entrados en años y en lorzas; otro es que quien menos te lo esperas, ese callado y discreto compañero de trabajo y hasta un tipo gris, se desata desaforadamente en comidas de empresa a contar increíbles historias protagonizadas por él que suena a verdaderas trolas de tipo gris. La compostura del postureo apropiada es armarse de paciencia, igual hasta dice una anécdota que nos haga reír y todo, pero al final es paciencia y no pedir más rondas buscando la forma de deshacernos de semejante pelma. Porque una característica de estos pelmas es que en su entorno ya conocen sus batallitas repetidas cada nochebuena, bodas, bautizos y saraos caseros. Otra compostura del postureo apropiada para estos tiempos es ir de progresista ilustrado declarando a viva voz que somos pacifistas y no a la guerra, puede que haga callar al pelma con sus batallitas o que, ya cocido y con pedete lúcido, coja una escoba para amenazarnos desaforadamente y acto seguido ponerse a realizar instrucción escoba al hombro con el bochorno consiguiente si estamos en espacio público. Quiero, por último, citar a ese tipo que libró la mili por pies planos, corto de talla, extremidades desiguales y demás causas de exención del servicio militar obligatorio. De la misma forma que la inmensa mayoría se buscaba un algo para librar de la mili, estos sujetos sí querían hacer el servicio y ser excluido les causó un profundo trauma y a lo largo de su vida se aficionan a saber de armas y hasta del arte de la guerra. Mientras el veterano de la mili nos puede entretener y comparte sus recuerdos tratando de transmitir las sensaciones y vivencias, los sujetos que nos enganchan por banda suelen caer en el monólogo sustituyendo la veteranía con el conocimiento, llegando a ser pedante incluso de tal forma que la compostura del postureo pacifista es una opción válida siendo lo ideal que en la conversación haya un veterano que le ponga en su sitio afirmando que con esos brazos no sería capaz de levantar el `chopo´, con esas piernas incapaz de pasar la pista de obstáculos y con esa talla ni como mascota de la sección de reclutas. Así que ante sujetos contando batallitas de la mili lo mejor es llevar un pañuelo palestino en el bolsillo, una vieja chapa de los 80´s contra la OTAN, una chupa nueva de corte iraní para todo ello sacarlo en un momento dado, compostura del postureo que puede acabar a hostia limpia en una orgía desatada de violencia polarizada, no por culpa de la compostura del postureo en sí, simplemente son cosas que pasan cuando hay guerra con dos o más bandos.
Alí Kate
miércoles, 18 de febrero de 2026
Hoy quiero abordar una compostura del postureo relativamente reciente como es la proliferación de mascotas y más concretamente de los chuchos, compostura del postureo básica si se vive en edificio de varias alturas donde inevitablemente al menos un vecino u vecina tiene un chucho por mascota. Generalmente que un vecino u vecina tenga un chucho de mascota no debe inquietarnos en exceso salvo tener la desgracia de vivir en el piso de abajo y sufrir los ruidos de la mascota. La compostura del postureo surge cuando estamos esperando el ascensor y nos topamos con el vecino u vecina y su mascota. Si el vecino, las vecinas siempre lo son, es educado y cortés como mandan los cánones entre vecinos del mismo edificio, nos preguntará si nos molesta el perro en caso de que vayamos en el ascensor y coincida que lo llamó el vecino con chucho de mascota. Antes se hace necesario un par de consideraciones nada baladís, la primera son las dimensiones del ascensor donde no es lo mismo un ascensor diminuto que tanto se instalan ahora, el normalito para cuatro personas y el intermedio donde caben tres si no se está rebosante de lorzas; luego está las dimensiones del chucho porque no es lo mismo uno grande de carácter afable y bonachón que uno pequeño, callejero u, peor aún, que sea un pequinés o un chihuahua. Mientras un perro grande suele ser noble y apacible que se sienta sobre dos patas mirando a su dueño sin molestar en absoluto, el perro pequeño es un toca pelotas, inquieto y olisqueando nuestros zapatos y perneras, que incluso saca a refrescar los belfos si detecta un movimiento por nuestra parte mínimamente sospechoso. El tercer factor a considerar es el vecino dueño de la mascota por aquello de que el perro se parece al amo, lo cierto es que conviene hacerse el amable con su felpudo con patas porque puede ser un valioso aliado en las reuniones de vecinos cuando hay asuntos a tratar y someter a la aprobación de la comunidad de vecinos de la misma forma que si nos tiene inquina por haber alterado a su mascota tendremos un enemigo en reuniones de la comunidad de vecinos, coincidencias en el portal y demás sitios habituales de tropezarnos con un vecino del mismo edificio. La mejor compostura del postureo es mostrar una cara amable, hacer algún comentario sobre su chucho como qué tiempo tiene, si se rasca por pulgas o por sarna y, sobre todo, no hacer movimientos bruscos que el saco de pulgas nos coja tirria ya que cada vez que lo tropecemos en el ascensor, el portal o la calle nos ladrará como poseido por mil demonios perrunos. Distraer la atención del vecino dueño del chucho puede permitir dar una sutil patadita casi imperceptible salvo para el hocico del chucho, recordando siempre que los de pequeño tamaño son escandalosos yse ponen cardiacos a mordiquear el zapato de forma compulsiva mientras el dueño entra en pánico. Una buena compostura del postureo si no hay premura de tiempo es que al abrirse el ascensor hagamos ademán de entrar y recordamos de pronto que se nos olvidó algo y no llegar a entrar en el ascensor retrocediendo con un mínimo de dignidad. No recomiendo para nada la compostura del psotureo de llevar siempre a mano unas galletitas para perros en el bolsillo porque se empieza siendo amable y se acaba de canguro de la mascota cuando el dueño de la misma tiene que salir y necesita alguien que le cuide su mascota durante su ausencia. Siempre queda el recurso de una compostura del postureo de poner cara de perro aunque igual se acaba a mordiscos con el chucho y con su dueño. No quiero terminar sin citar el caso particular de que sea una vecina de buen ver la dueña del chucho porque en estos tiempos de géneros variopintos un piropo se puede malinterpretar y azuzará la fiera que llama su mascota a que nos muerda las partes pudendas con lo mucho que duele y la dolorosa convalecencia posterior.
Alí Kate
lunes, 19 de enero de 2026
Hoy trataré de una compostura del postureo que surgió a raíz de que capas sociales que antaño jamás podrían llegar a soñar con inversiones en inmuebles o en la bolsa de valores, ahora se ven con capacidad económica para invertir unos dineros. Esta permeabilidad social permite que quien más y quien menos tenga un conocido, amistad, familiares, colegas e incluso pufistas que te cruzas con uno y entre tristes historias te suelta que en breves tendrá dinero para pagar los pufos pendientes gracias a una inversión cojonuda, pero cojonuda; se llega incluso a escuchar la desfachatez de porqué no invertimos también, con una pequeña comisión, resultando que no sólo no te pagan los pufos pendientes sino que te sacan dinero por un negocio de dudosa ganancia y se lleva la comisión sí o sí en cualquier caso. Es sólo un ejemplo gráfico y peculiar, deseo tratar de esos momentos que surgen en época de reuniones desenfadadas familiares, profesionales, de peña, de agrupación de cualquier peregrina actividad que se nos ocurra y, en definitiva, cualquier ámbito donde las conversaciones son más informales y el bebercio suelta la lengua. Por lo general quienes invierten suelen ser discretos, casi mudos para alguien que no sea de su plena confianza, esa rapiña que se da en las clases adineradas de la sociedad. Y luego tenemos el común de los mortales que le sobran unos cuartos y le atrae la idea de invertir, cantidades insignificantes para millonetis, pero auténticos dinerales para clase obrera, estudiantil, funcionaria y jubilados de diversa índole; gente corriente que gana cien, doscientos e incluso mil euros invirtiendo lo mínimo, que gustan de compartir la fortuna con esa solidaridad que sólo se da en las clases populares. Lo malo es que nos cogen por banda y comienzan a dar la brasa contándonos lo bien que han invertido, maravillosos planes de futuro a medio plazo y hasta tecnicismos bancarios que resultan extraños arcanos para el profano oyente. No se les puede cortar la brasa, llevar la contraria ni siquiera el truco de llamada en el móvil en modo vibración porque no queremos molestar ni ofender pese a que nos suene a chino la parte técnica y se nos nuble el pensamiento al escuchar que invierte una cantidad que supone para uno más de lo que gana en un año. La mejor compostura del postureo es ponernos en modo oyente semi pasivo soltando de vez en cuando un `entiendo`, un `¡es increíble! No conviene preguntar por cantidades salvo que el interlocutor inversor esté ya con pedete lúcido, el que nos cuenta sobre sus inversiones necesita soltar el rollo porque siente la incontrolable necesidad de contarlo y estadísticamente se demuestra que un alto porcentaje se arrepiente si lo cuenta ebrio y sencillamente no recuerda si contó algo cuando estaba de pedete lúcido por no decir que borracho como una cuba. También la compostura del postureo en esta circunstancia requiere discreción por nuestra parte para evitar prolongar la brasa predicando además las bondades de invertir como él hizo, una transformación donde actúa como un agresivo agente comercial sólo comparable a un ferviente predicador de origen converso. Terminar advirtiendo de quienes nos cuentan sobre sus inversiones y sabemos de sobra que va de farol y trolero, ante lo cual se puede adoptar la compostura del postureo de llamarle fantasma o reírnos haciendo creer que nos tragamos sus trolas financieras y cuando ya está convencido de que tenemos dinero para invertir le mandamos a freír espárragos.
Alí Kate
miércoles, 10 de diciembre de 2025
Llegan los fastos navideños y llega el momento de afrontar una compostura del postureo ya típica desde hace décadas como es cuando entramos en un negocio, porque lo de las rifas de cestas navideñas ya se extiende a todo tipo de negocios; pero me refiero al típico local de hostelería o el quiosco, generalmente del barrio y donde paramos habitualmente. La compostura del postureo surge debido a que no es que nos juguemos un numerito a la rifa de la cesta navideña, como ahora ya es Navidad desde octubre, pues las rifas de las cestas navideñas se prolongan llegando un establecimiento hostelero a rifar hasta media docena de cestas navideñas. La compostura del postureo afecta por tanto a las capas pasivas de la sociedad, parados de eterna duración y bajas médicas que bajan también los ingresos mensuales y coger un número de la rifa de la cesta de Navidad sustituye los décimos de lotería del Gordo de Navidad, por no hablar de que si toca se grantiza una Nochebuena como mandan los cánones, pero insoportable la presión de invertir más de 5€ en rifas de cestas navideñas. Por supuesto hay que utilizar una compostura del postureo con las dosis adecuadas de diplomacia vaticana, argumentos que siembren una duda razonable y por último un poco de dosis creativa y teatral. Diplomacia vaticana porque si paramos en el café de todos los días y no seguimos el ritmo de comprar un número en cada rifa pues seremos objeto de habladurías entre los parroquianos y de risitas inmisericordes de las parroquianas, qué decir del personal que nos sonríe como siempre todos los días y en su mirada vemos el reproche que nos grita: ¡¡Roñoso, muerto de hambre!!; pájaras mentales aparte, e inevitables en estos casos, una vez sobrepasado el presupuesto de los 5€, la mejor compostura del postureo es la previsión de ir contando desde que compramos el número de la rifa de la cesta de Navidad una historia que siembre la duda entre el personal hostelero y que será debidamente propagado a la clientela por el susodicho personal. Un embargo inesperado de Hacienda, un pufo que dejó el cuñado, una operación de la mascota a vida o muerte. En definitiva, una buena coartada para cuando llegue el momento de afrontar que han puesto otra dichosa cesta de Navidad para rifar y aún estamos en los inicios de la misma. Si resulta que se agota la astucia argumental previsora como compostura del postureo, toca jugar el último cartucho que no es otro que una compostura del postureo creativa y teatral. Creativa, jugando con complementos que apoyen nuestra historia contada con astucia vaticana como un brazo vendado y en cabestrillo complementado con una turra diaria de dolencias, incomodidades. La muerte de la suegra que la queríamos como una madre y que nos induce a estados depresivos y el último recurso que es alquilar una silla de ruedas y que un sobrino u sobrina desconocidos de los parroquianos y del personal del local, narrando cuánto nos cuesta la maldita silla, pagar el acompañamiento que incluye la comida, un despliegue total de la compostura del postureo en todo su esplendor que, estadísticamente demostrado, logra despertar la empatía primero y la compasión después y no será raro abandonar el local con media docena de números de la rifa de la cesta de Navidad y hasta algún billete de lotería de la casa por generosidad de los parroquianos. ¡Que risas y que alegrías con el sobrino u sobrinita saliendo del local tras una interpretación digna de Broadway y de Óscar de Hollywood en su versión cinematográfica! Qué mas se le puede pedir a una compostura del postureo que logar que se juegue gratis a la rifa del sorteo de la cesta de Navidad, nos quedamos con el puñetero personal hostelero, les sacamos los cuartos a los parroquianos y favorece el diálogo intergeneracional de la familia, por no hablar de si toca la cesta de los demonios y algo de la lotería y quedamos como reyes, magos por supuesto.
Alí Kate
martes, 18 de noviembre de 2025
La Era digital ha traído la proliferación de retransmisiones deportivas por subscripción, ya sea a plataformas digitales o televisión por cable. Las antaño amistosas trifulcas hablando sobre fútbol de la Era analógica donde la radio era el único medio de seguir todos los encuentros deportivos, se han transformado en auténticas batallas argumentales donde se llega a la violencia física. Me refiero al fútbol, ese deporte de masas que ahora tienen acceso a ver todos los partidos del mundo mundial con perspectivas desde distintos ángulos y hasta simulaciones informáticas. Es por tanto la compostura del postureo de hoy de carácter general, del común de la ciudadanía que tiene su corazoncito en el equipo local, gusta de seguir la actualidad deportiva mas sin preferencias por uno u otro equipo e incodicional de la selección nacional. Porque quienes quieren meternos en una conversación sobre fútbol suele ser un auténtico u auténtica friki del fútbol, su tiempo libre se lo pasan viendo fútbol y su tiempo laboral escuchando programas deportivos en la radio o grabaciones de audio de programas deportivos. Luego está el vecino que se viste con camiseta, bufanda, banderita y hasta la gorra del equipo local y luego babea viendo a uno de los grandes convirtiéndose en un auténtico energúmeno cuando habla de fútbol. Antes que nada, quiero aclarar que no hay compostura del postureo clara cuando se trata de una conversación sobre el equipo local donde cada vecino y vecina es un entrenador como sucede con las selecciones nacionales y regionales. Nos centramos en dos composturas del postureo empezando cuando nos quiere meter en una conversación de fútbol un o una friki que ya no les soporta nadie y nos pillan desprevenidos tomando un cafelito o un buen tentempié, que nos entran de forma abrupta y generalmente comentando algo que están televisando y el riesgo de ser amables y que nos enganche y nos nos suelte hasta que tenga que ir a evacuar aguas menores. La mejor compostura del postureo es, con amabilidad y diplomacia vaticana, manifestarnos seguidores de deportes para sibaritas alejados del pan y circo para la plebe, que nos gustan las carreras de trotones es una buena compostura del postureo salvo que el interlocutor o interlocutora estén ya algo pedos del bebercio que pueden pensar que les estamos vacilando y la cosa irá a mayores, si bien puede sustituirse nuestra pasión por las carreras de trotones en que nos gusta la colombofilia y en cualquier caso una compostura del postureo esquiva y prevenida en otear este tipo de frikis del fútbol desde el sofá de casa y que no tienen más aliciente en la vida doméstica y entornos laborales que estar al tanto de la prensa deportiva impresa y radiofónica sin menosprecio de tertulias televisivas nocturnas cuando pillan baja laboral. La compostura del postureo con el vecino de barrio, garito y quiosco del mismo que se maquea de forofo del equipo local y luego es un energúmeno hincha de algún equipo capitalino o periférico capitalino, es la de sencillamente evitarlo en los fines de semana. No hay con quien tratar, posiblemente ya no le aguanten en el entorno doméstico y suelta estrés cuando engancha a un pardillo para acabar discutiendo de forma, reitero, energúmena. De nada sirve una compostura del postureo amable y comprensiva, cualquier causa entre semana la viene barruntando y desahoga con el fútbol de argumento, ya sea el equipo local o uno capitalino u periférico capitalino porque sencillamente no hay con quien tratar. Dejo para otro artículo este mismo tipo de ejemplos en el ámbito familiar donde hay auténticos estragos en cenas navideñas, convites familiares o saraos de velatorio y que prometo tratar en su momento. Finalizar que una compostura del postureo preventiva a la hora de situarnos cerca de alguien en la barra del bar es cumplir el dicho de que más vale prevenir que curar, ser víctimas de una discusión de fútbol en este caso.
Alí Kate
miércoles, 17 de septiembre de 2025
domingo, 17 de agosto de 2025
Hoy abordaré una compostura del postureo genuina de la era del teléfono móvil y la revolución digital donde tenemos un mini ordenador que además es teléfono. Hay que sumar la época estival de periodos vacacionales donde nos encontramos con familiares del ámbito rural o al menos no el entorno urbanita habitual. Quiero dejar claro desde el principio que la mejor compostura del postureo cuando nos piden si podemos mirar el teléfono móvil que no va, es ser precavidos y llevar un viejo móvil que sólo envía mensajes de texto y teclado sin pantalla táctil, no es necesario llevarlo y que esté funcionando, el mero acto de sacarlo y dejar ver que es un dinosaurio de móvil, espantará a quien nos pedía ayuda considerando más apetecible buscar otra víctima ya digitalizada que perder el tiempo con un ser de la prehistoria del neolítico de la telefonía móvil. Dicho esto, pasemos a la típica situación en que un familiar o pariente nos dice como que no es la cosa que su móvil no tira, que no entiende y que si por favor le echamos un vistazo. Lo primero, cuidadín cuidadín que seguramente ha estado entrando en Internet, descargado todo tipo de virus, aplicaciones en segundo plano y demás intimidades que joden el teléfono móvil. La compostura del postureo de ir de enrollados y ponernos a hurgar el móvil ajeno puede terminar por echarnos a perder la jornada y que al final, sudados y agotados mentalmente, nos digan que entonces lo dejemos como estaba, lo cual puede inducir a estados depresivos, quedar como un torpe que encima dejó el teléfono móvil peor que antes, con el riesgo de encabronamientos y reproches de pagar uno nuevo u al menos la reparación, quedando siempre la duda para nuestros adentros de si hemos sido pardillos y nos han birlado la cartera. No hay más tela que cortar y la compostura del postureo adecuada, si se tiene, es buscar infancia ya casi adolescente, hacerles un poco de chantaje emocional al principio y diez euros de recompensa al final, será mano de santo porque los nativos digitales manejan los cachivaches digitales como antes la infancia manejaba el sintonizar la televisión o programaba el vídeo para grabar un programa televisivo. Si se sigue adelante pese a las advertencias el final es común a lo dicho antes, quedamos por torpes, nos metemos en un pantanal cuando queremos darnos cuenta y se puede acabar incluso a mal perdiendo amistades y familiares por el camino. Una compostura del postureo algo radical para mi gusto es hacerse con un martillito de emergencia de un autobús, llevarlo en el bolsillo y cuando nos pidan echar un vistazo al móvil, sacar el martillito y descargar un buen golpe al móvil de los cojones, mano de santo y se correrá la voz de que nunca, nunca nos pidan que les miremos el móvil, cierto es que se puede acabar en tratamiento de contención mecánica en el hospital más cercano por interpretar nuestro gesto con el martillito como delirio psicótico, amén de ojo a la hora de birlar el martillito en el autobús que no te pillen y acabes en el calabozo.
Alí Kate
lunes, 4 de agosto de 2025
jueves, 10 de julio de 2025
Hoy abordaré una compostura del postureo a la que se recurre sobre todo en personas de mediana edad en adelante como es que nos coja por banda una amistad y se ponga a parlotear sobre sus dolencias, que suelen ser múltiples y en ocasiones hasta complicadas. Digo lo de la mediana edad en adelante porque la juventud no es proclive a comentar sus dolencias, pero sí esas amistades del barrio de toda la vida que no vemos nunca en la vida, viejos vecinos, colegas de trabajo y, en definitiva, cualquier tipo de relación que no es familiar o de amigos, es esa amistad casi superficial donde haber compartido vivencias durante un momento del periplo vital y que siempre se saluda cuando uno se encuentra con alguien así en la calle. Hay que tener en cuenta que este tipo de personas dolientes ya ha saturado a familiares, amistades, conocidos y parientes más o menos lejanos con su rollo de las dolencias, que no le hacen caso los médicos, que no le hacen nada los medicamentos y que mira si en Internet alguien le hace caso, le dice lo que quiere oír y finalmente le endosa unas pastillas milagrosas y le han sacado los datos de la cuenta bancaria. Luego depende del sitio donde nos cojan por banda, un encuentro casual en la calle siempre resulta una solución de compostura del postureo de ir con prisas, es algo complicado cuando se camina en la misma dirección, pero como estos encuentros en la calle suelen darse de frente, el ir en dirección contraria sirve de apoyo a la compostura del postureo de ir con prisas, mirando el reloj y quedando de llamar aunque ambos saben que nunca se hará esa llamada. Cuando nos cogen por banda en un local de hostelería y tenemos ganas de tomar algo sin tener nada para pagar algo, la compostura del postureo es hacerse el interesado unas cuantas rondas a cargo del doliente que, satisfecho de encontrar alguien a quien contar sus dolencias, pagará de motu propio las consumiciones y es obvio que una vez satisfecha la sed lo mejor es volver a la compostura del postureo de ir con prisa o meter a un tercero en la conversación y endosarle al doliente mientras salimos raudos del local. Hay una situación complicada cuando nos encontramos a una pareja de conocidos y nos cogen por banda porque la descripción es en estéreo, apoyándose mutuamente sin darnos tiempo a respirar en un gorigori profético de donde acabarán sus dolencias. La compostura del postureo en este caso es aguantar el chaparrón un tiempo prudencial, suelen ser amistades a las que no se les puede mandar directamente a freír espárragos de manera más o menos diplomática, y pasado el tiempo prudencial tirar de la, ya típica de la era digital, compostura del postureo de tirar del móvil como si lo tuviéramos en modo silencio y recibiéramos una inoportuna llamada que nos permite salir airosos sin ofender a los interlocutores que suelen acabar discutiendo entre ellos al ver que no se da la razón a ninguno. No puedo terminar sin reconocer que hay casos de que nos cojan por banda para contarnos sus dolencias y nos entre un sentimiento de lástima que logra que aguantemos el chaparrón monologuista de dolencias, pero cuidado porque este tipo de personas son sabedoras de que despiertan lástima por la razón que sea y que pueden hasta conseguir que le invitemos a comer o darle unos euros. La mejor compostura del postureo es ir con prisa o bien cortar en seco su monólogo de dolencias y ponernos a contarle las nuestras propias, reales o mejor aún inventadas, que hará que quiera despedirse porque una cosa es dar la brasa y ser un palizas y otra aguantar a uno que no sea uno mismo. Recordar por último que una compostura del postureo dubitativa, de silente escucha o de comprensiva empatía sólo lograrán que nos den la paliza durante minutos que pueden llegar a parecer interminables.
Alí Kate
miércoles, 25 de junio de 2025
Hoy abordaré una compostura del postureo clásica junto a la compostura del postureo cuando nos piden dinero. Al igual que ocurría en la compostura del postureo de la última crónica, la crisis de 2008 ha hecho aumentar hasta el día de hoy las peticiones de que avalemos al prójimo. Primero hay que catalogar a los pedigüeños de que seamos su avalista, está el familiar y está la amistad. En el caso de la familia, salvo cuadros de tirrias ancestrales o vendettas de cenas navideñas pendientes y crónicas, la compostura del postureo es variable y cada caso es un mundo. Yo quiero centrarme en esa amistad entrañable, generalmente forjada a fuego en un determinado espacio temporal con vivencias, anécdotas, francachelas y cenas pero que las vicisitudes de la vida han hecho que, persistiendo la amistad, los contactos sean telefónicos o espaciados encuentros en persona y perdido el trato personal diario. Suelen ser peticiones cuando menos te lo esperas, precedidas de los típicos saludos de cortesía que ya hacen intuir algo raro, cierto olor a chamusquina que instintivamente nos pone en guardia. Hay que aprovechar el instinto y elegir una compostura del postureo prudente, sabiendo de antemano que nada de comprometerse a la primera. El siguiente paso es pasar al asunto por la parte interlocutora, casi sin darle importancia y como que no es la cosa de que necesita esto u lo otro. Antes va precedido de la terrorífica pregunta sin interrogación de que tiene que pedirnos un favor, lo cual ya nos pone totalmente en guardia. Puede ser que la parte interlocutora tenga una falsa imagen de nuestro potencial económico, aclarando que se da en las clases populares con más asiduidad este aprieto aunque la compostura del postureo es la misma ya se sea de clase popular o clase impopular por estar podrida de dinero. En la compostura del postureo que nos ocupa, partimos de la base de que ambas partes son de la misma clase socio-económica. Evidentemente no son tiempos de avalar a nadie casi bajo ninguna circunstancia y ya sabemos desde el segundo uno que la respuesta por nuestra parte será negativa. La compostura del postureo más habitual es escabullirse con que se tiene pufos en el banco, que si estamos pagando ya un préstamo, que ya avalamos a Fulanito y dejó de pagar y nos han embargado. Combinado con una compostura del postureo teatral, de actor u actriz de método donde todo el ser forma parte de la interpretación. Por regla general, la amistad se impone a la ofuscación y posible decepción de la parte interlocutora sin menoscabo de cierta insistencia adornada de lamentos de los pocos ingresos, los muchos gastos, las condiciones leoninas de la entidad bancaria y un sin fin de argumentos al cual más peregrino porque sufrimos los mismos males y lamentos respecto a la economía. En definitiva, no perder los nervios y adoptar la compostura del postureo de negativa argumentada y pose teatral, actoral sería más apropiado, y recordar esa regla no escrita de que quien avala a una amistad, pierde el dinero y la amistad.
Alí Kate
miércoles, 28 de mayo de 2025
CUANDO NOS METEN EN UNA DISCUSIÓN SOBRE POLÍTICA
A raíz de la crisis económica del año 2008 y el auge del populismo al albur del descontento social, cada vez más desde entonces aumentan las situaciones en que podemos vernos metidos en una discusión sobre política y el actual estado de polarización y enfrentamiento político cala en la pirámide social hasta llegar al populacho. Aclaro que no me refiero a discusiones en el ámbito familiar y doméstico, me refiero a cuando estando fuera de casa en un local, no importa del ramo que sea, sin quererlo nos meten en una discusión sobre política. Siempre ha existido este tipo de discusiones y sus respectivas composturas del postureo, pero hay que reiterar que el actual estado de crispación aumenta las discusiones que en realidad son siempre la misma, o se está con unos o se está con los otros. Partimos de la típica situación de entrar en un sitio y ver a un conocido que parece discutir con otro individuo, que también puede ser conocido. Hay que tener en cuenta que hay un tramo de edad a partir del cual se pueden distinguir dos tipos de sujetos discutiendo, que suele a ser horas de mediodía o de sobremesa, principalmente jubilados que se tragan noticias en radio, televisión y periódicos y casi siempre se trata de dos antagonistas en sus posiciones. Se puede caer en la tentación de utilizar una compostura del postureo para discusiones de fútbol, cierto que guardan ciertas semejanzas de forma pero no de fondo. Suelen querer meternos en la conversación cuando ésta ya está adquiriendo tonos de discusión casi, un método infalible para saber escabullirnos a tiempo es que la clientela comience a poner distancia con quienes discuten. Querrán, sobre todo el conocido, que dirimamos la cuestión dando la razón a uno u otro, lo cual en ambos casos es un error que aumentará el tono de la discusión con nosotros atrapados entre dos fuegos. El problema a la hora de adoptar una compostura del postureo es que no podemos dar la razón a ninguno ni tampoco quitársela porque, como ya habrán deducido, diga lo que se diga jamás de los jamases dejará satisfecho a ninguno y pueden aliarse para agredirnos verbalmente llamándonos de todo menos guapo. Me gusta recomendar composturas del postureo sencillas y naturales, pero he de hacer una excepción en este particular caso porque no hay composturas del postureo alternativas que sean efectivas sin acabar perdiendo una amistad y ganarse dos enemigos que nos ponen a parir olvidando sus pendencias sin solución posible. La compostura del postureo consiste en anudarse un pañuelo a la garganta y hablar como si nos faltara resuello y farfullando que no nos entiendan, de esta forma pasarán de nosotros y se fijarán en otro incauto que tenga la desgracia de comocer a uno de los dos. Quiero finalizar sin olvidar comentar que hay ocasiones en locales de hostelería que el camarero nos invite a una ronda por burlar a esos dos pelmas discutidores, si es camarera puede dar lugar a un poco de conversación que quién sabe en dónde puede acabar. La compostura del postureo preventiva es estar ojo avizor y huir como de la peste ante una discusión sobre política con un conocido involucrado. Y sí, también puede usarse esta compostura del postureo en las cenas de Nochebuena y Acción de Gracias, fin del Ramadán y cualquier otra celebración con cuñadas, cuñados, suegros, suegras y la inevitable infancia repelente propicias a discutir sobre política.
Alí Kate
miércoles, 7 de mayo de 2025
Trato hoy de una compostura del postureo básica, imprescindible porque deberemos recurrir a ella varias veces a lo largo de la vida para enfrentarnos a uno de los peores depredadores que pululan por nuestra sociedad como es el agente comercial, auténtico tiburón que utilizará todo tipo de recursos para darnos la cantinela hasta el aturdimiento dejándonos vulnerables a firmar cualquier cosa y domiciliar los recibos. Hay que distinguir entre el agente comercial de oficina donde la compostura del postureo es de interés porque acudimos para resolver alguna cosa y el agente comercial pies planos y suelas de zapato gastadas de patear el asfalto o subir y bajar escaleras. El primero es atento y servicial, servil casi si se trata de ingresar dinero, comprensivo ante nuestro problema y ojo avizor a darnos una solución. El segundo es resabiado si es veterano, oportunista si busca engrosar sus comisiones ese mes y arriesgados, atrevidos y casi insolentes si son jóvenes en su primer empleo tras finalizar sus estudios universitarios de carrera sin complicaciones y poco complicada. La compostura del postureo para los tres casos tiene cosas en común que luego se bifurcan para cada caso concreto. La compostura del postureo común a las tres es la de, una vez abierta la puerta sin percatarnos por la mirilla de que es un agente comercial, es la de no abrir del todo la puerta, poner cara interrogante y antes de que el agente comercial termine su perorata inicial, decir que tenemos asuntos que atender, que somos teletrabajadores, que se está ocupado y a la vez ir cerrando la puerta antes de que el agente comercial reaccione a nuestros movimientos de escape cerrando la puerta con una excusa. No siempre somos rápidos y si el agente comercial es mujer resulta inevitable que el macho alfa que le abre la puerta aguante un poco la cháchara, ocurre al revés, un agente comercial de buen ver al que le abre una maruja de vida conyugal aburrida, rutinaria como ama de casa y nadie con quien hablar que hasta invitará a pasar al agente comercial y ofrecerle un café. En cualquier caso, una vez que reaccionamos tarde y hemos de enfrentarnos al hecho de tener enfrente un agente comercial, hay que decidir la compostura del postureo apropiada. Hay que tener en cuenta que lo que nos ofrece ni nos interesa, ni lo necesitamos y ni siquiera sabíamos que existía, porque la compostura del postureo es negativa de base. Si es un agente comercial joven se le puede ablandar un poco dándole la turra con nuestra triste historia entre lamentos y quejas al gobierno porque no hay trabajo con ingresos dignos de gastar en consumir o las pensiones son una mierda. La juventud del agente comercial rechazará escuchar historias de viejo carroza y por sí mismo elegirá la opción de no perder más el tiempo y pondrá en la ficha que no merece la pena picar a esa puerta porque no se venderá ni una triste rosca. Pasamos al segundo caso, un agente comercial ya con experiencia y tirando a experto en cazar incautos clientes potenciales en cuanto nos ve las trazas, un auténtico mercenario que busca una buena soldada cada mes y que no tiene escrúpulos ni compasión, buscando siempre el pago al contado que le da la mayor comisión de venta. Aquí la compostura del postureo es de alerta mas aparentando normalidad y nada de poner cara de interés porque el agente comercial captará que hay una grieta en nuestro muero de negatividad. Suelen ser estos agentes comerciales duchos en enrollarse y enrollarnos mientras canta las delicias de su producto cual si fueran los santos evangelios. Nuestra compostura del postureo será la de dejar hablar, que se agote cual boxeador que machaca al contrario hasta deformarle la cara y que ignora que sólo acelera su cansancio y cuando menos se lo espere arrearle un guantazo que le tumbe de primeras. Tarde o temprano dejará de hablar, una pausa para coger resuello, es entonces cuando desplegamos la compostura del postureo en todas su magnitud con un seco y cortante, firme y contundente `no me interesa´ e ir cerrando la puerta a la vez antes de que logre articular una respuesta. Y tenemos finalmente el agente comercial veterano de un millón de timbres, con su cartera de clientes y que le gusta pasear, si de paso hace una venta se gana un dinerillo extra, pero ha colmado sus expectativas vitales y se nota en el trato porque antes de tocar un timbre su ojo experto ya ha distingue quiénes son potenciales presas y quienes no merecen perder tiempo y saliva con ellos. Este agente comercial sabe aceptar una negativa y si reaccionamos tarde la compostura del postureo es pensar si necesitamos algo a corto plazo, podemos encontrar un amigo y un aliado que nos asesora y conduce por una gama de productos acorde a nuestras necesidades. Otra cosa es el agente comercial quemado que juega al bingo y tragaperras amén de trasegar sus buenos chupitos que dará la brasa y se puede adoptar la compostura del postureo del segundo caso expuesto anteriormente. Otra cosa son las agentes comerciales, estar solo en soledad supina y una buena turra de agente comercial acompañado de unos buenos lingotazos de moscatel puede aliviar la soledad por unas horas. La mejor comportura del postureo en todo caso es mirar por la mirilla, instalar video portero e incluso las modernas mirillas digitales, barreras defensivas ante un agente comercial a puerta fría antes de tener que enfrentarnos al agente comercial cara a cara donde tenemos todas las de caer en su verborrea y ofertas fabulosas de su cartera de productos.
Alí Kate
martes, 18 de marzo de 2025
CUANDO PREGUNTAMOS POR UNA DIRECCIÓN A UN DESCONOCIDO
Hoy quiero abordar una compostura del postureo nada baladí como es cuando preguntamos a un desconocido por una dirección concreta. Lo deseable sería que algo tan sencillo que sólo requiere dos respuestas, una que nos diga la dirección y la otra que no pueda indicarnos porque desconoce la susodicha dirección de nuestros anhelos. El problema es, como siempre, el factor humano. Nuestro mejor talante, educación y respeto a la hora de preguntar por una dirección no siempre es igual de correspondida en la respuesta. Si el desconocido a quien preguntamos es una mujer, puede afirmarse que la respuesta será la correcta y de no saber la dirección nos indicará amablemente que preguntemos a otro transeunte, puede aplicarse al resto de géneros que hoy pululan por nuestras ciudades, el problema es cuando preguntamos a un desconocido varón. Quiero puntualizar una excepción a si preguntamos a una mujer, también abarca al resto de géneros, y es que si vive en pareja matrimonial, de hecho y camino de deshecho es muy posible que se le hayan pegado las malas maneras cuando alguien desconocido le pregunta por una dirección. Hecha la salvedad, pasamos a la compostura del postureo propiamente dicha. Hay que diferenciar por tramos de edades, no es lo mismo preguntar a un desconocido adolescente que a uno adulto. La compostura del postureo si preguntamos a un adolescente es de estar atento y observador. Quiero destacar que nunca hay que intentar preguntar si van ensimismados con el móvil porque no van a contestar ni a dignarse a hacernos caso. La compostura del postureo atento y observador es apreciar si va el adolescente solo o en compañía de otros adolescentes. En el primer caso suele ser una respuesta educada y certera, pero en el segundo quedamos expuestos a que nos hagan la putada de darnos dirección equivocada, sobre todo si preguntamos un viernes y un sábado de tarde porque en pandilla los adolescentes son propicios al cachondeo a costa del prójimo. Si preguntamos a un hombre adulto la compostura del postureo debe ser natural pero prevenida, nunca sabemos si es honesto en su respuesta, si va algo pedo, con pedete lúcido, aliento a alcohol y hasta si es lunes o fin de semana. Cuando el adulto es entrado en años la compostura del postureo ha de ser comprensiva por la tendencia de los cuarentones cerca de los cincuenta y los cincuentones cerca aún de la cuarentena para darnos la brasa aprovechando que alguien les escucha, inherentemente de la causa de su brasa como pueden ser separaciones matrimoniales no superadas, problemas económicos, quejas laborales y que deberían jubilarle. Y llegamos a la problemática tercera edad para preguntar una dirección, y no es cosa de la edad física y sí de la mental. Un señor mayor en sus cabales es una fuente de sabiduría del callejero de una ciudad, certero y sencillo en sus explicaciones. Un señor mayor resabiado de la vida, con la amargura por enseña puede amargarnos el resto del día porque al igual que el primer caso de señor mayor en sus cabales son una fuente de sabiduría del callejero, pero antes de darnos la indicación aprovecha para dar palique sin buscarlo. Que si somos de fuera, que si vamos a la tienda de Fulanito, el gabinete de Mengano; un sin fin de preguntas que ni nos apetece contestar ni tenemos tiempo para contestar ni puñeteras ganas de tener cháchara. Y es que la mejor compostura del postureo es la de ir con prisas, apurado, no dar tiempo a que nos digan otra cosa que no sea la dirección. Finalmente, decir que para evitar andar dudando entre distintas composturas del postureo es elegir la compostura de preguntar a un policía, taxista, vigilante de la O.R.A. ; o sanitario que nos darán una respuesta sin lugar al postureo. Y recordar siempre que se puede contagiar la costumbre de que cuando un desconocido nos pregunta por una dirección le mandemos en dirección contraria, una tentación omnipresente siempre en estos casos de preguntar por una dirección y somos nosotros los preguntados por la misma por un desconocido, que a las desconocidas se indica y hasta se las acompaña, aunque no nos pille ni remotamente de camino, si se tercia; compostura del postureo típica de los machos alfa.
Alí Kate
jueves, 6 de febrero de 2025
Hoy abordaré la que posiblemente sea la primera compostura del postureo consecuencia de la revolución digital y que nos pasa a todos alguna vez durante la jornada. Me refiero a quien, sin distinción de sexo, género, raza, religión, cultura o continente; camina por la calle completamente ensimismado con su dispositivo digital. Mayoritariamente encontramos que el cachivache es el móvil, aunque se ven casos con la tableta digital si bien este tipo de ensimismados suele aparcar sus posaderas. Se pueden distinguir tres grandes categorías de ensimismados caminando por la calle. Primero tenemos el ensimismado u ensimismada, se puede dar en ambos a la vez si son algo y caminan juntos, que al menos va caminando por su derecha sin obstaculizar a quien venga de frente y suele acontecer que se acaben dando un golpe contra algo, lo cual siempre alegra con unas risas al observador. El segundo tipo es quien va ensimismado u ensimismada pero camina en zigzag, de un lado para otro sin levantar la vista del móvil y ajenos al resto de viandantes, suelen tener reojo para los obstáculos pero visión ciega total de frente con otros viandantes. Es habitual que obligue a los viandantes a calcular qué hacer porque siempre da la impresión de que cambiamos de lado para esquivar y se giran a donde giramos. Es un grupo peligroso porque si se es corto de reflejos te pasan al lado y te dan un costalazo con el codo, la mochila o el bolso sin inmutarse o pedir disculpas. Pero peligroso es el tercer grupo donde el ensimismamiento es total, sobre todo en adolescentes aunque abarca a todas las edades. Aquí van como toros, a mayor o menor paso pero como toros. Sólo están pendientes de la pantalla y teclear y como si viene un tren de frente que ni se inmutan, haciendo al resto viandantes alterar su dirección, chocar unos con otros y hasta descalabrarse al pisar mal el bordillo de la acera. Analizados los tres grandes grupos, paso pues a las diversas composturas del postureo para cada caso. El primer grupo requiere una compostura del postureo de indiferencia puesto que no nos obstaculiza el paso y estar atento porque tarde o temprano se dará una hostia contra un semáforo, señal de tráfico y cualquier tipo de mobiliario urbano y hasta comercial en algunos casos que nos dará unos minutos de paréntesis en el trajín diario pasando unas risas a costa de la desgracia ajena que tanta gracia hace en la vía pública mientras no seamos nosotros los protagonistas. El segundo caso requiere una compostura del postureo de ojo avizor, de cálculo mental y concentrarse en evitar al ensimismado u ensimismada. La compostura del postureo para el tercer caso de ensimismamiento total es llevar un carrito de la compra bien cargado de piedras y avanzar cual legionario al encontronazo, con la zuna de antes del encontronazo empujar el carrito y soltarlo para disfrutar de la hostia que se mete contra el carrito lleno de piedras. Esta compostura del postureo ya sé que es un poco radical y prefiere planificación, pero cuando esquivas a media docena de ensimismados u ensimismadas que no ven nada más que su móvil, se adquiere cierto pensamiento psicopático que induce al atentado con el carrito lleno de piedras. Y la compostura del postureo universal a los tres grupos es no ir en babia y ver con anticipación al ensimismado u ensimismada. La velocidad de paso no importa salvo para el primer grupo que cuanto más rápido van mayor será la hostia contra el mobiliario urbano. Luego están las composturas del postureo cuando hay encontronazo y caen al suelo móvil, bolsos, mochilas y similares, pero es de una compostura del postureo que escapa a la compostura del postureo de hoy.
Alí Kate
sábado, 30 de noviembre de 2024
Hoy quiero abordar una compostura del postureo con dos características fundamentales como son el espacio temporal y la complejidad de elegir una adecuada compostura del postureo. Suele darse en el bar, casi nunca en cafeterías dignas de llamarse tales, y en la barra cuando en la mañana se va a tomar el café. Hay que destacar que es en fines de semana y festivos cuando más suele suceder ya que por semana este tipo de establecimientos tienen una parroquia fiel donde todos y casi todas se conocen. El problema surge cuando llegamos a la barra, se pide el café y hay un tipo, a veces incluso dos, que se ve que viene cocido de una noche animada. Se les puede distinguir por dos características fundamentales, una que se está tomando lingotazos de cerveza o de bebidas esprituales y la segunda que no es un habitual ni del barrio ni del bar, quizás un miembro de una cuadrilla que para por semana a la hora del bocadillo y que arrastrado por el reflujo de movida nocturna se detiene sin apenas sujetarse en el bar. En cualquier caso, es posible que incluso el notas esté hablando solo, con gesticulación extravagante de cara y manos. Estos signos evidentes deben servirnos de advertencia de que el tipo está completamente pedo y nos permitirán coger una distancia prudencial o directamente salir del bar buscando la opción `B´ para tomar el café. La compostura del postureo se vuelve imprescinbdible cuando el tipo que va pedo y cocido nos mete en su conversación, generalmente precedida de altisonate opinión sobre la actualidad o cualquier majadería que se le ocurra. Llegado el momento de adoptar una compopstura del postureo, podemos elegir pasar del tipo olímpicamente y darle la espalda de forma sibilina y natural, puede que el tipo nos ignore o que se monte un follón de mil demonios con el tipo acusándonos de todo tipo de cosas desagradables. Si se tienen pocos reflejos y se le contesta, ya sea una noticia del periódico, de la televisión o la radio, esta compostura del postureo nos puede sacar del apuro aunque dependiendo de si hay otro desgraciado en la barra que se lleve la brasa del tipo pedo y cocido permitiendo que hagamos mutis por el foro. Hay una compostura del postureo poco recomendable como es ir en plan desafiante, alegando al tipo, que se ve como un tipejo a estas alturas de la compostura del postureo, que no hablamos su puto idioma, una mirada despreciativa con ostensible observación ocular de sus trazas de coloquetas finsemanero cogiendo la taza del café y cambiando de sitio dando la espalda mientras nos alejamos. En esta compostura del postureo desafiante es vital contar con la complicidad de la camarera o camarero que aprovecharán la circunstancia para decir al impresentable tipejo cocido y pedo que es mejor irse a casa. Y si no contamos con el factor camarera o camarero a nuestro favor, lo mejor es acelerar el paso y mirando de reojo que no nos arroje el tipejo cocido y pedo una silla, un taburete o el servilletero a la testa. La compostura del postureo recomendable es entrar ojo avizor echando un rápido vistazo a los parroquianos para detectar la presencia del coloquetas finsemanero y en caso afirmativo tomar las precauciones antes indicadas. Y saber elegir dónde tomar el café mañanero, que no sea un tugurio donde acaban desaguando este tipo de coloquetas finsemaneros en la barra del bar, amén de que sean bajitos y enclenques, no es cuestión de que nos hostie un armario de tres cuartos porque nos dé un poco la brasa estando cocido y pedo.
Alí Kate
miércoles, 2 de octubre de 2024
Hoy abordaré una compostura del postureo más propia de peatones que de personas motorizadas en sus desplazamientos, aunque al menos una vez en la vida nos sucede a todas y todos. Me refiero a cuando un día lluvioso nos obliga a tener que portar paraguas en nuestro desplazamiento de turno en el coche de San Fernando. Por lo general suelen ser días lluviosos que comienzan sin viento y que de repente se levanta una ráfaga de aire que se transforma en viento y hace que nuestro paraguas se abra hacia arriba torciendo varillas y desencuadernando la tela de las mismas, quedando una especie de parabólica cutre. La compostura del postureo surge porque siempre azora este imprevisto con el paraguas con otros peatones de testigos que encuentran unos instantes de chanza a costa del prójimo que somos nosotros. Surge de forma innata una compostura del postureo donde nos enzarzamos en intentar devolver a la normalidad el paraguas, con el viento en pleno auge y una lluvia persitente y casi agresiva que nos pone pingando y aumenta el cachondeo de los transeúntes testigos de nuestra desgracia, con esa sorna de quien ha pasado antes por el suplicio y ahora se descojona observando nuestros vanos intentos. Si la cosa sucede en medio de un paso de peatones con semáforo, seremos un divertimento para conductores. La compostura del postureo de asumir al instante la muerte clínica del paraguas y seguir caminando es la que pasa más desapercibida a testigos oculares que entre la pertinaz lluvia y el constante viento no tienen tiempo a pararse a ver el espectáculo ya que no hay. Las composturas del postureo de soltar cagamentos y diatribas con gesticulación de brazos, azotar el paraguas contra el duro asfalto, ponerse a maldecir en voz alta o cualquier otra compostura del postureo similar sólo es dar carnaza a los guasones transeúntes y motorizados que nos observan, parando pese a la inclemencia del tiempo a echar unas risas a nuestra costa. Lo mejor es adquirir un buen paraguas de calidad, un paraguas no deja de ser una inversión, y si se levanta viento y es posible buscar un buen soportal donde guarecernos de la lluvia, llamar un taxi e incluso a un familiar, pariente o allegado. No es agradable ser divertimento ajeno en plena desgracia y composturas del postureo que no sea asumirlo con naturalidad y dando por perdido el paraguas sólo provocarán un espectáculo callejero a nuestra costa y encima gratis.
Alí Kate
miércoles, 18 de septiembre de 2024
lunes, 12 de agosto de 2024
jueves, 27 de junio de 2024
miércoles, 5 de junio de 2024
Llega el verano y el fin del curso escolar, aunque esta compostura del postureo también es necesaria en época de clases y mal tiempo aunque merece capítulo aparte ya que los fenómenos meteorológicos influyen a la hora de adoptar una compostura del postureo. Me ceñiré a la típica tarde de buen tiempo veraniego donde caminando de pronto estamos ante un patio de colegio improvisado con tierna infancia jugando con una pelota. Antaño eran los niños quienes jugaban a darle patadas a una pelota en medio de una acera amplia, una pequeña plazoleta o esa infancia peloteando mientras sus mayores disfrutan de un local hostelero, ahora las niñas también dan patadas a un balón. Vamos caminando tranquilamente cuando pasa un balón cerca nuestro y nos percatamos de que están jugando una pachanga un grupo de niños y niñas. La primera compostura del postureo que nos viene a las neuronas es la indignación de que osen ponerse a dar patadas a una pelota sin considerar a los viandantes, paseantes o simplemente caminantes a ninguna parte. Hay que tener cuidado con ponerse hecho una furia porque o bien los niños y niñas se quedan quietos y se asustan comenzando a soltar berridos y llantos que llama la atención de sus mayores y nos miran furibundos en el mejor de los casos o salir por piernas del improvisado campo de juego de patio de colegio. Los hombres de mediana edad o jóvenes ya talluditos con pedete lúcido pueden tener la ocurrencia de adoptar una compostura del postureo de coger la pelota parándola con el pie y demostrarles que quien tuvo retuvo para darles una lección de manejo de la pelota. Esta compostura del postureo puede propiciar que hagamos el mayor de los ridículos pegando al aire y cayendo de culo, torcer el tobillo por hacer el ganso regateando y en alguna ocasión dar una patada que mande la pelota a la acera de enfrente o golpea un coche para susto de la conductora o conductor, y de nuevo salir por piernas es la mejor compostura del postureo llegados a tales extremos. Quiero finalizar con la compostura del postureo cuando recibimos un pelotazo. Si es en zona genital y con el factor sorpresa, puede quedar el escroto a la altura del ombligo con dolorida bajada a su sitio mientras la infancia, pasado el segundo de pasmo, comienze a reirse contagiando a clientes de terrazas y fisgones de ventanas para ver lo que ocurre en el vecindario. Hacer la esfinge quedando quietos y tiesos puede ser una compostura del postureo que evite el choteo de infancia, usuarios de terrazas de hostelería y viejas del visillo, pero el dolor puede ser tal que seamos incapaces de mover las piernas mientras el escroto vuelve a su sitio entre sufrido dolor en silencio. La compostura del postureo con malas formas, acordarse de los progenitores de las criaturas y dar una patada o lanzar con la mano la pelota a tomar por el culo nos obligará a salir por piernas o rendir cuentas a la policía local cuando se persona en el lugar de los hechos. Ante la visión de infancia jugando a la pelota en un espacio público la mejor compostura del postureo es buscar rutas alternativas o que uno de los porteros coja el balón sin menoscabo de que durante los lances del juego haya momentos de parón del mismo que aprovechemos para pasar raudos antes de que se reanude el mismo. En resumen, el espacio público deja de serlo cuando una horda de niñas y niños deciden jugar una pachanga, la violencia no es una opción y sí adoptar una compostura del postureo apropiada a las circunstancias del momento.
Alí Kate
miércoles, 13 de marzo de 2024
CUANDO ESTAMOS EN LA COLA DE CAJA DEL SUPERMERCADO Y ABREN OTRA
La compostura del postureo que trataré hoy puede catalogarse de compostura del postureo moderna puesto que se da en los supermercados y a la vez que mengua la oferta de tiendas de barrio de toda la vida y el consumismo nos empuja a comprar en el supermercado donde nos enfrentamos a las colas en caja. Esta compostura del postureo requiere visión estratégica, tanto si se es habitual del supermercado como si somos sólo clientela esporádica. Hay que rendir homenaje al ancestro de esta compostura del postureo que se daba en las tiendas de barrio donde estar en la cola era todo un arte y había artísticas composturas del postureo para intentar colarse y para intentar que nadie se nos colara, hay que citar las colas para el cine de antaño donde se daba la misma compostura del postureo. El supermercado es distinto, un escenario nuevo donde en apariencia hay que guardar cola en orden. Pero tras la aparente calma ordenada de cola, y cuando ésta es numerosa, se da el fenómeno de que abren una nueva caja con el característico sonsonete de : Vamos a abrir la caja tal, pasen en orden de cola. Si hay sólo una caja con cola, no hay mucha compostura del postureo posible, incluso con dos cajas. En ese momento en que todo el mundo observa las colas el supermercado se transforma en una jungla. La compostura del postureo comienza cuando llegamos a la cola y vemos que la hay abundante y en varias cajas. Lo primero es situarse en la cola de la caja más cercana a la posible caja que abrirán ante la afluencia de usuarios en la línea de caja. Cuando dos segundos después del anuncio de apertura comienza el trasvase de usuarios de las colas a la nueva caja hay que tener una compostura del postureo de ojo avizor, si en la nueva caja se pone primero alguien con una compra de carro repleto tal vez sea más apropiado quedarse en la cola que ir a esperar más en la caja abierta. La mejor compostura del postureo es ser conocedor del terreno y un trabajo analítico calculando si se abrirá una caja o no, estudiar las colas y quienes llevan mucho, poco u casi nada. Recordar que una cola ágil con buen profesional en la caja siempre se puede volver lenta y farragosa con esos usuarios que gustan de pagar en céntimos revolviendo en la cartera y ralentizando la cola, no hay compostura que valga en este particular caso de tocapelotas buscando céntimos ya que protestar está mal visto y nunca podemos decir que esa calderilla no buscaré, aunque den ganas de estrangular a la persona que se pone a buscar céntimos para pagar.
Alí Kate
lunes, 4 de marzo de 2024
jueves, 8 de febrero de 2024
Hoy abordaré una compostura del postureo que se sufre al menos un par de veces en la vida. Se da en el transporte en autobús cuando hay filas de dos asientos y los reposabrazos interiores están uno junto al otro. Problema inexistente en teoría que resulta una gran complicación en la práctica. Antes, debo decir que si hacemos memoria resulta que ya desde la más tierna infancia nos enfrentamos a que nos ocupen nuestro reposabrazos con lo cual, ya adultos, estamos inconscientemente preparados para la compostura del postureo a tratar hoy. No es lo mismo que nos toque de vecino de asiento una persona delgada cuyos brazos suelen adaptarse al tamaño del reposabrazos pero si son numerosas las personas delgadas que tienen mucha jeta y ocupan sin preguntar nuestro espacio vital del reposabrazos interior del asiento. Otra cosa es una persona gruesa y entrada en lorzas cuyo volumen de brazo hace inevitable que ocupe espacio ajeno, si es una fémina la mejor compostura del postureo es de amabilidad con galanteo, tal vez no nos enamoremos de nuestra rolliza vecina pero sí que puede ser una agradable compañía de viaje. Si se trata de un hombre, cuyos brazos tienen más volumen, la compostura del postureo requiere de diplomacia, pequeños toques de codo con codo a ver si se da por aludido sin acabar la cosa a empellones. Una buena compostura del postureo es ser puntual para subir al autobús, llegar primero y ocupar el reposabrazos ajeno a la vez que fingimos estar en el más profundo de los sueños, nadie despierta a alguien porque dormido ocupa el reposabrazos que no le corresponde. Es una compostura del postureo que sirve para cada tipo de lugar donde haya sillas juntas, butacas de garitos de mala nota y baja estofa, estadios deportivos y hasta vehículos particulares, salvo con suegras que la cortesía obliga a conceder bula para sus brazos. La compostura del postureo de liarse a codazos todo el trayecto puede acabar mal o pillarnos el nervio tonto del codo que nos deja tonto el mismo. La mejor compostura del postureo es estudiar al pasaje y sentarse al lado de una persona manca, fijándonos que extremidad le falta para que coincida con el reposabrazos interior de nuestro interés.
Alí Kate
jueves, 30 de noviembre de 2023
sábado, 21 de octubre de 2023
Hoy abordaremos una compostura del postureo propia del macho alfa como es estar en un establecimiento hostelero y nos situamos en la barra justo delante del fregadero. Hay que decir de antemano que hay auténticos profesionales en situarse en tan privilegiado lugar, inofensivo en apariencia y que suele resultar una grata sorpresa que la camarera tenga que agacharse y mostrar el escote. Son sitios codiciados cuyos titulares, entre comillas, se saben rutinas y pautas del personal femenino y no conviene por tanto desafiar la propiedad del territorio porque se puede montar un pifostio de tres pares de bemoles. Pero lo normal es que no nos percatemos de tan privilegiada azotea hasta que el escote entra en nuestro ángulo de visión. No es lo mismo que ocurra en compañía donde la mayoría de las veces estar en una conversación desvía nuestra atención, es cierto que estadísticamente está demostrado que se nos puede ir la vista de forma fugaz, casi hartera que no se entere la parienta o amiga de turno y hay un elevado número de broncas conyugales y de pareja al llegar a casa con reproches a que se ha ido la vista a las tetas de la camarera. Casos estadísticos aparte, me referiré al típico caso en que de sopetón nos encontramos con unas hermosas vistas del busto al inclinarse la camarera en el fregadero. Aunque parezca increible, ignorar tal atracción visual que atrapa el sentido puede provocar la ira de los parroquianos a nuestra vera que ven con sorpresa que se desvía la vista al televisor o se saca el móvil para apartar la tentación óptica. La mejor compostura del postureo es la naturalidad, una pose serena, controlando los impulsos inherentes al deseo y respetar que la dueña del escote está trabajando es fundamental para no dar lugar a malas interpretaciones. Una compostura del postureo apropiada es agenciarse para otra vez no pasar apuros un periódico u revista, de forma que la vista está en el papel pero nos permite una mirada indirecta sin llamar la atención, debemos tener en cuenta el refranero popular de que dos tetas tiran más que dos carretas así que que hay que ser vivos porque la vista se va en cuanto nos relajemos un poco. Si la camarera se percata de nuestra mirada a su escote se abre un abanico de posibles composturas del postureo, como un halago a tan hermoso escote con sorna picarona; mirar a los ojos y comenzar una conversación, comentar lo jodido del curro siempre es una compostura del postureo recurrente. En general la mejor compsotura del postureo es sencillamente observar dónde está el fregadero situado para alejarse del sitio con vistas privilegiadas. Alguien podría decir que se dan situaciones en que desde nuestra posición de clientes en la barra a veces se ve escote de la camarera o culo en pompa al reponer algo, pues no son composturas del postureo comparables ya que el sitio en la barra con vistas privilegiadas es estático y cualquiera en nuestra vida cotidiana podemos resultar atractivos a la vista, la barra es otra cosa y otro universo diferente. Pero hay que reconocer que, en ocasiones, una buena vista del escote de la camarera al agacharse en el fregadero nos puede proporcionar una compostura del postureo de felicidad para el resto de la jornada, eso es innegable.
Alí Kate
viernes, 15 de septiembre de 2023
martes, 29 de agosto de 2023
jueves, 29 de junio de 2023
miércoles, 7 de junio de 2023
martes, 16 de mayo de 2023
martes, 18 de abril de 2023
miércoles, 22 de marzo de 2023
Alí Kate
viernes, 10 de febrero de 2023
Antes que nada debo aclarar que alguien puede pensar que la compostura del postureo que tratamos hoy es aplicable a la compostura del postureo cuando el dinero que encontramos es en el interior de un domicilio, ya sea propio u ajeno, pensando que es lo mismo. No es así, encontrarse dinero en un domicilio no es lo mismo y en su momento trataremos de esa compostura del postureo en particular. Hoy toca una situación que todos anhelamos cuando escuchamos historias de gente que se encuentra un billete de los gordos en la calle. Sin embargo, cuando los dioses nos permiten disfrutar de encontrarnos dinero en la calle se cometen ciertas pautas de comportamiento. La calle es una jungla de asfalto y cuando advertimos la presencia de dinero tirado en la calle somos todos depredadores de todos, más en estos tiempos convulsos a nivel económico. Un error es dudar. Solemos quedarnos unos instantes mirando el dinero, luego se pasa a echar un vistazo rápido por si otra persona también lo ha visto. La compostura del postureo en este caso requiere no quedarse quieto, es como si alguien en la calle empieza a mirar al cielo y a los cinco minutos hay una muchedumbre mirando al cielo y hasta avistando OVNIS y OVChNIS; con el dinero pasa lo mismo, si hacemos la estatua es fijo que alguien se percatará y volvemos al modo depredador. Pero supongamos que nadie lo ha visto, aquí la primera compostura del postureo es no pararse, seguir caminando, ya en dirección al dinero, a la vez que sibilinamente observamos todo lo que nos permita girar el cuello y pararse con un pie encima del billete de forma que quede oculto. Somos personas honestas y lo primero es vigilar si alguien de repente empieza a buscar y es señal inequívoca del dueño del dinero, cierto que hay vándalos que no dudarían en fingir ser de su propiedad al ver que nos hemos adelantado. Lo normal es que, una vez quietos sobre el dinero, cogamos el móvil y aparentemos estar parados teniendo una conversación, alguna palabra en tono alto ayuda a la actuación. Lo siguiente es agacharse para abotonarse un zapato y con disimulo de prestidigitador coger el dinero en rápido movimiento posterior y salir de la escena del crimen lo más rápido posible. Compostura del postureo distinta es encontrar un maletín con dinero que nada tiene que ver con encontrar un dinero en billete. Por supuesto que las personas con collarín o lesiones de cervicales están en desventaja a la hora de observar. Lo fundamental es combinar nuestras dotes de actores y actrices, llevar zapatos de cordón y afinar el instinto depredador de todo ciudadano y ciudadana que encuentra dinero tirado en la calle, con estas pautas de compostura del postureo nos encontramos con un dinero en la calle donde rige para estos casos las leyes del mar donde lo que uno encuentra, suyo es. Advertir, para finalizar, que hay guasones que gustan de gastar bromas atando el billete a un hilo y la más reciente de poner el billete sobre una cagarrina de perro, en zonas rurales se coloca sobre una cagarruta, lo que exige tener vista de lince o gafas progresivas.
Alí Kate
martes, 10 de enero de 2023
martes, 13 de diciembre de 2022
"COMPOSTURA DEL POSTUREO", por Alí Kate
REUNIÓN EN LA COMUNIDAD DE VECINOS
viernes, 11 de noviembre de 2022
jueves, 27 de octubre de 2022
"COMPOSTURA DEL POSTUREO", por Alí Kate:
VIAJE EN EL BUS MUNICIPAL
sábado, 15 de octubre de 2022
“COMPOSTURA DEL POSTUREO”, por Alí Kate:
EL CHUCHO QUE SE ARRIMA A NUESTRA SILLA
jueves, 29 de septiembre de 2022
“COMPOSTURA DEL POSTUREO” por Alí Kate:
EL ASCENSOR










































