viernes, 30 de diciembre de 2022

 

CUENTO DE NAVIDAD

 

Siempre le gustaron las noches de los viernes, pero tras una semana de hacer horas extras en la oficina sólo le apetecía llegar y acostarse. Su esposa ya estaría en la cama medio dormida o dormida completamente.
Entró sin hacer ruido, dejó las llaves y subió directamente a la habitación. Ella duerme y él decide no encender la luz y fiarse de la luminosidad del televisor encendido sin volumen. Pocos minutos después ya estaba acostado, mirando al techo y escuchando la cadenciosa respiración de su mujer.
 
-¿Ya llegaste? Pensé que tardarías más.-dijo ella medio adormilada y se giró para volver a dormir.
 
Tal vez por el cansancio, más mental que físico, era incapaz de conciliar el sueño y, como otras veces, se quedó mirando el viejo armario que había sido de sus suegros. Era un mueble de los de antes, de madera maciza, pesado como un elefante. En las sombras iluminadas por el televisor, el armario era omnipresente, grande, casi mirando amenazador. Y es que sentía algo en ese armario, no era la primera vez. Se lo había comentado a ella en alguna ocasión, que sentía una presencia, que tal vez fuera el espíritu del suegro o de la suegra. Pero su esposa le miraba con media sonrisa y siempre le decía lo tonto que era...
Cerró los ojos. De pronto, asustándole como no se asustaba desde que era niño, sintió algo dentro del armario. Fue un leve susurro de ruido. La presencia sin duda de la que nadie se percataba menos él. Pensó en despertarla, que encendieran la luz y abrieran el viejo armario, cuando otra vez sintió el susurro, casi imperceptible, destinado sólo a sus oídos, invitándole a entrar en un mundo desconocido. La televisión se apaga y siente la adrenalina que le pone en tensión, le paraliza y debe decirse a sí mismo que es el temporizador, no una energía extraña...
Tras unos segundos armándose de valor decide abrir los ojos a la oscuridad. Ve las rendijas de la persiana que filtran algo de luz mortecina que sólo hace sombras cerca de la ventana. El armario queda en la penumbra, amenazante...
 
-¡Herminia! ¡Voy a ver qué hay en ese maldito armario!
 
-Ya estás como siempre con el dichoso armario... ¡Ábrelo pero ni se te ocurra encender la luz! ¡Estoy harta de que me despiertes por el armario! ¡Majadero! - y se tapó girando y dando la espalda a su marido.
 
Se incorporó despacio, armándose de valor y el corazón latiendo deprisa. Se levanta y se acerca a la gran sombra del armario cuando se abre la puerta del mismo de golpe y le da de frente lanzándolo al suelo. La mujer enciende la luz de la mesita y ve a su marido sentado en el suelo frotándose la nariz y gritando que va a ir a la iglesia a por agua bendita. Ella le ve vestirse rezando lo que quiere ser una oración, tartamudeando y buscando los calcetines...
Ella está sentada en la cama cuando siente a su marido arrancar el coche y salir derrapando en dirección a la iglesia. Comienza a reírse a carcajadas y agacha la cabeza hasta que ve el suelo debajo de la cama...
 
-Sal anda, ya se ha ido y me temo que esta vez viene con el cura a exorcizar el armario de mi madre.
 
-Una noche me va a descubrir y se arma un follón. Menos mal que le di con la puerta y pude escabullirme debajo de la cama, pero anduvo cerca...
 
-Si no hicieras ruido nunca se hubiera atrevido a abrir el armario. Anda ven, que mientras despierta al cura tenemos tiempo.
 
-¡Pero si llegan yo no me meto en el armario!
 

FIN