sábado, 20 de noviembre de 2021

 

LA MÁSCARA (1994)
 
Aprovechando que los del turno de día ya se han reincorporado en su totalidad al curro tras las restricciones y que no hay nada mejor para que se entonen de nuevo que dejarles faena que es del turno de noche, aparcamos mocho, linterna y caja de herramientas para degustar una comedia, cine bufo con el que durante un tiempo fue tildado de rey de la comedia, Jim Carrey. Humorista a tiempo completo en sus trabajos donde combina mimo, muecas, contorsiones de cara y cuerpo junto con los diálogos siempre acompañados de sus respectivas muecas faciales. En 1994 ya se tenía claro si le amabas o le odiabas debido a la saturación de su repertorio y posiblemente hizo que la película, pese a ser rentable y tener secuela, si bien fue famosa no acabó de ser popular. Debemos confesar que hace casi dos lustros que el equipo de cata cinematográfica no saboreábamos una del bueno del Jim Carrey, pero la película tiene alicientes de sobra para verla casi treinta años después y resulte agradable su visionado; cada treinta años, que conste...
 
Un aliciente es ver a una sensual, provocativa, sexy y en plenitud de belleza, a la Cameron Díaz antes de que despertara pasiones sólo con su sonrisa marca de la casa, nunca estuvo tan hermosa y seductora como en este papel donde hace de chica del gánster, devora hombres que atonta a los machos alfa que se quedan prendados en cuanto la ven y heroína que ayuda al héroe porque en el fondo es una romántica como él bajo la máscara de chica mala. Es tal como atrapa el objetivo de la cámara que la última media hora, que ya sabemos que saldrá la cosa bien, merece ser vista más a menudo que la película completa porque Cameron Díaz está, su rostro en primeros planos, deliciosamente divina. Puede que en trabajos posteriores tuviera más fama y admiración, pero pasa como con Sharon Stone en Desafío Total, en ambos casos te enamoras platónica y románticamente en una mezcla de deseo y curiosidad, sigues su carrera y ves sus estrenos pero en realidad añoras la belleza que apreciaste la primera vez que la viste aún sabiendo que no volverás a verla tan divina...
 
La película hay que verla como un cómic visual y la primera hora larga de metraje logra engancharte, no atraparte si eres purista y no soportas que una película comience normal en un mundo normal y sea en realidad el mundo de Roger Rabitt actualizado a 1994. La diferencia es que donde antes entraba el trazo a pincel del artista es ahora sustituido por los efectos digitales. Cameron Díaz es en su entrada la chica de dibujo animado de Rogert Rabbit y Jim Carey el conejito enamorado. Resulta difícil tragar el metraje si no os va el tema de mezclar mundo real y fantasía, incluso si os gusta la comedia podéis tacharla de infantil, y sin embargo si os gusta el cine podréis apreciar matices que permiten paladear el humor soterrado y socarrón que se ríe de la policía, de los mafiosos y hasta del romanticismo de los romances. El reparto está bien en sus papeles y destacamos a nuestro querido y ya entrañable Peter Riegert, que como actor ganó para siempre un rinconcito en nuestros corazones cinematográficos por su papel en Desmadre a la americana.
 
Película con lugar propio en la historia del séptimo arte de los 90´s, tanto por su estrella cómica, la estrella femenina, los efectos especiales que fueron vanguardistas en su estreno, como por ser una muestra del género de mezclar dos mundos, el real conviviendo con el de la fantasía, tal como ocurre ahora mismo con el género de superhéroes; si podemos imaginar que existe Batman se puede imaginar que una mascara vikinga de una deidad expulsada por Odín por gamberra adopte la esencia de la persona que la lleva: bromista, burlesco y cachondo si es Jim Carrey y maligno, odioso y cruel si se la pone el malo de la película. Tiene un poco de varias cosas y si bien la media hora final carece de interés, porque intuimos el desenlace, hay que verla entera gracias a la belleza que enamora a la cámara de Cameron Díaz. Si nunca visteis una del Jim Carrey os entretendrá y puede que os guste, si ya conocéis al protagonista sobra decir que visionar sin intervalo de tres décadas al Jim Carrey os puede provocar severos episodios psicóticos, incontinencia de flatulencias y arcadas compulsivas...
 

martes, 9 de noviembre de 2021

 

LA CONSPIRACIÓN DEL PÁNICO (2008)
                         (Eagle Eye)
 
Hay todo un subgénero de la ciencia-ficción que versa sobre computadoras que se rebelan contra sus creadores humanos y que surge desde los inicios de la informática de consumo a finales de los 70´s y comienzos de los 80´s. La primera que acude a la desmemoria porque poca gente se acuerda de la película, surgió en una entrega de Superman en la saga con el malogrado Christopher Reeve, y la primera que viene a la memoria es la rebelión de HAL9000 considerando a la tripulación humana un factor de riesgo para el éxito de la misión. Y esta producción de 2008 es una vuelta de tuerca a que la máquina se rebela contra el ser humano. En su momento se tachó la tecnología de fantasía imposible y que visto con ojos de 2021 es una realidad en su mayor parte y camino de llegar al control total. Dirige D. J. Caruso sin pena ni gloria aunque se agradecen las escenas de persecución con los coches, hacía varios títulos que no disfrutábamos de repertorio de choques, vuelcos, derrapes y golpes de automóvil de verdad...
 
Y es que la primera hora de metraje es atractiva y sugerente, cierto que a medida que avanza la trama nos sabe a potaje ya degustado hasta decaer en la segunda mitad con acciones y hechos demasiado previsibles y sin grandes sorpresas y mucho menos sustos metafísicos. El protagonista es Shia LaBeouf en otro de sus papeles de rebelde sin pausa, aquí es el gemelo torpe siempre a la sombra y escudo de su hermano, brillante estudiante y deportista que se labra un futuro en la Fuerza Aérea mientras que él es su reverso, tipo vulgar y anodino que trabaja en una tienda de fotocopias. Un día comienza a recibir llamadas al móvil de una voz femenina que le dice lo que tiene qué hacer segundos antes de que comience una desgracia. Su pareja es el rostro de ñoña belleza de Michelle Monaghan que ya predispone a la ñoñez con otro de sus personajes de una pieza, separada de un zangolotino marido que ni recuerda el día de cumpleaños del hijo en común. También empieza a recibir llamadas hasta que su destino se une al del protagonista...
 
Lo malo de la película es que suena a ya vista, con otros escenarios y espacio-tiempo, pero sabemos qué va a pasar antes de que pase y lo de la supercomputadora que se estropicia por su cuenta ya era bastante visto en 2008 y es familiar en 2021. Al final todo suena a precipitación, tramas que se resuelven tan rápido como puede ser y lo de la esfera
computerizada no deja de ser un HAL9000 en versión gansa. Lo mejor del argumento es cómo la máquina utiliza a seres humanos para ser su brazo ejecutor en la realidad, es de lo más interesante junto con las escenas de coches. El reparto está bien con secundarios familiares a la retina y la película es una opción que hay darle un visionado aunque el resultado resulte algo insatisfactorio...
Hay que verla como quien ve llover.

miércoles, 27 de octubre de 2021

 

GEOSTORM (2017)

 
Vuelta de tuerca en esta producción estadounidense con tufillo europeo al género de catástrofes solo que aderezado con tornillos de otros títulos y géneros en una película que hay que tomarse con guasa y como un cómic visual cinematográfico, porque si hay que hacer un balance como producto ídem lo cierto es que no puede haber misericordia y la crítica sesuda la crucificó en su estreno. Lo cierto es que una vez finalizada y pasado el sobresalto que produce su visionado, se aprecia como homenaje a varios géneros pese a que el sabor final y el gusto que deja en el paladar es de bazofia tirando a bodrio, la salva los efectos digitales que pese a las incoherencias inherentes a imitar el vacío espacial o futuras instalaciones sí que son unos efectos especiales que dejará satisfecho al público amante de las naves y cachivaches espaciales de un futuro más o menos inmediato...
 
El argumento ya hiede a obsoleto pese a ser de fecha reciente porque no atinan en los vaticinios temporales, se juega con el miedo actual al cambio climático donde es más creíble que otros títulos que cuentan tragedias de frio polar a nivel planetario. Hay varias tramas acorde a cada género que toca el guion, desde el tema de catástrofe climática al del futuro espacial pasando por las relaciones entre el poder y la lucha por el mismo, conspiraciones para acabar con la democracia en EEUU apartando al presidente con espionaje y servicios secretos. Por supuesto no faltan las benditas casualidades de ser, conocer y formar parte del liderazgo que facilitan que las tramas tengan continuidad pese a que ninguna termina de tomarse en serio porque ya lo hemos visto en otros títulos y sabemos que ocurrirá casi con toda seguridad. Dirige con buen pulso el Dean Devlin y pese a las hechuras hollywoodienses el tufo a coproducción europea se palpa en el reparto formado por actores y actrices conocidos por estos lares.
 
La historia es que el cambio climático obliga a las naciones a unirse para crear una red de satélites que controlen el clima. Pese a que EEUU lideró y financió el proyecto internacional, debe ceder el mando dando lugar a una trama de poder dentro del poder y que parte de la acción se desarrolle en el entorno de la estación espacial que controla la malla de satélites. Pero de pronto comienzan a fallar y se dan sabotajes camuflados de accidentes y asesinatos de honrados funcionarios que pagan con su vida descubrir la mierda de las cloacas del poder. Un hermano es el diseñador y experto en el sistema mientras que el otro hermano es gerifalte en la Casa Blanca, tienen traumas fraternales, la novia de uno es del servicio secreto en la escolta personal del presidente y hasta hay niño, niña en este caso, y chucho, ya sabéis que una máxima del equipo de cata cinematográfica es que películas con niño, perro o que sea francesa, mejor a la papelera...
 
El actor principal es el Gerard Butler, ya unido para siempre al personaje de griego, y cuyo
careto no invita a tomarle muy en serio y primer indicio de que lo mejor es tomarse la cosa a guasa. Las estrellas son un Ed Harris y un Andy García que se ve que hacen un trabajo por la soldada porque no se creen sus personajes y lo transmiten, como si en realidad todo fuera una parodia. El Andy García está algo cebón y para el público hispano quizás le recuerde a Manolo Escobar, se limita a decir el guion, poner muecas y cara de haba. Ed Harris está soberbio con su cráneo al que el paso de los años no acompleja. Lo malo del Ed Harris es que ya sabemos desde que sale que es uno de los malotes, el Andy García es un guiño a Donald Trump aunque sale bien jugar al equívoco. El resto son actores y actrices de ámbito europeo con los tópicos de que salga un italiano, un franchute y un alemán, el continente americano está representado por un mejicano y hay banderitas de varios países, buen rollito internacional para un planeta unido en la adversidad y donde el afán de poder de la política estadounidense aspira a convertir un proyecto internacional de salvaguarda del clima mundial en un arma de destrucción total de los supuestos enemigos.
 
Lo mejor es nuestra querida Abbie Cornish que es la chica dura sin dejar de ser femenina y quien tiene neuronas suficientes para pensar una salida a los problemas. Da mamporros, avezada en el manejo de la pistola, sabe sacar rendimiento a un vehículo eléctrico utilitario y está hermosa pese al peinado y sus ideales profesionales. La otra gran sorpresa es Zazie Beetz que llena la pantalla pese a ser contadas sus apariciones. No está mal el elenco, solvente y conocidos del gran público, pero son tantas cosas y tantas casualidades que, uno de los defectos de la película, el ritmo trepidante no es tal y da tiempo a pensar en las películas en que se basan las tramas. Sólo faltan aliens y zombis para que la cosa fuera de traca.
 
Siendo sinceros, y tomando a guasa la cosa, la película es indigesta y agobia saber qué ocurre antes de que ocurra, esos momentos del metraje que estás viendo las imágenes proyectadas en la pantalla pero tu mente se evade, sabes que chico consigue chica y salva al mundo, que los malos son malos y van a pillarlos, que al final se salva el planeta y que el Sistema puede albergar codicia, corrupción y criminales en su seno pero al final ganan los buenos. Nos quedamos con las escenas del espacio y con los rostros de la Abbie y la Zazie...
Verla si es gratis o gorroneando suscripción de alguna amistad aprovechando la cena en su casa, porque pagar por verla es pecado.
 

jueves, 7 de octubre de 2021

 

LA PROFECÍA (1976)

      (The Omen)

 

Aunque en la memoria cinematográfica ha perdurado El Exorcista, producción de 1973, en la década de los 70´s se hicieron un puñado de títulos de terror que luego verían versiones más o menos afortunadas. Tres años después de que la niña del exorcista quedara grabada a fuego y siga grabando fuego a quienes la visionan por primera vez, Richard Donner dirige La Profecía protagonizada por un inmenso Gregory Peck y la no menos inmensa Lee Remick secundados por un estupendo plantel de secundarios y sobre todo la inquietante presencia del niño que hace de hijo adoptado de ambos y de quien nadie recuerda su verdadero nombre pero cuyo nombre en la película sigue provocando que se te pongan los pelos como escarpias, el Damien. Así que no lo pensamos dos veces el turno de noche para aparcar trastos de faena y pasar al modo de equipo de cata cinematográfica bien surtidos de birras frías y pistachos...

 

Si la niña del exorcista atrae simpatías por estar poseída, en Damien no hay lugar para el sentimentalismo porque no es un tierno niño poseído por el maligno, es Satán en carne y hueso con la marca del 666 grabada en su piel. Basta ver una vez la película para que no se nos borre de las neuronas al Damien, posiblemente sólo está al mismo nivel el protagonista de La naranja mecánica en cuanto a maldad personificada cuando se recuerda el terror y al mal en el cine. A la esposa del embajador estadounidense en Londres le hacen creer que su hijo ha muerto al nacer y el embajador, desesperado por no dar un disgusto mortal a su mujer, acepta un cambalache por el cual adopta un bebé como propio a ojos de su esposa. Desde el momento de dar a luz, vemos desfilar a servidores del mal y del bien en una lucha a muerte, los primeros para proteger a Satanás en su infancia y los segundos para detener la llegada de Satán a la tierra.
 
Puede parecer que ha envejecido mal, incluso tildada de obra menor en comparación con su antecesora de 1973, pero por alguna razón no podemos evitar verla hasta el final y hay un desasosiego creciente a medida que avanza el metraje. El final, pese a no dejar de ser un niño que pasa de serio a tener una sonrisa en la cara, surte más efecto terrorífico en la psique del espectador que cualquier efecto digital, truca o maquillaje con sustos de títulos posteriores, si nunca la viste podrás apreciar tal efecto en la mente. Éxito de taquilla en su tiempo, el argumento sigue actual porque el mal, como el amor, nos atrae de forma innata e inconsciente. 
 
Conoció dos secuelas bastante deleznables como solían serlo entonces estas segundas y terceras partes para estirar el chicle y réditos en taquilla. Hay que verla porque es un clásico del género de la época y si bien los sustos son tales y contados, la atmósfera que crea es opresiva y de desasosiego continuo...
Pero nunca olvidarás la cara del Damien cuando te sonríe.
 

jueves, 30 de septiembre de 2021

 

LOS ÚLTIMOS DÍAS EN MARTE (2013)

 
Ocasión para aparcar trastos de faena y surtirnos de birras frías y pistachos para visionar otro de esos títulos malditos que fueron denostados por la crítica en su estreno. Factura británica con hechuras hollywoodienses tanto en plantel como en atrezo. Argumento de ciencia ficción con la exploración humana de Marte como fondo a, es cierto, lo que termina degenerando en un cóctel de zombis asesinos y tripulación en hábitat cerrado, Marte en lugar de la nave espacial de turno, que va siendo diezmada poco a poco. Hay incluso un par de homenajes a Alien, el 8º pasajero que pasó a ser tema de la tertulia posterior hasta la hora de fichar para salir. Pero vista casi una década después, resulta una película que se deja ver, se mantiene fresca en cuanto a entorno y tecnología y que si bien no despierta pasiones sí que no deja tan amargo sabor de boca...

 

Los amantes del género gustamos de disfrutar de la tecnología que se muestra y en ese
sentido tanto los hábitat como los vehículos son creíbles y las incongruencias inherentes a imitar lo que es un entorno hostil no cantan demasiado. La primera media hora larga del metraje es interesante y atractiva mostrando la primera misión humana para permanecer un tiempo sobre la superficie de Marte y encontrar vida, o al menos alguna forma biológica. Lo interesante es que se nos muestra a una tripulación cansada psíquicamente y a punto de derrumbarse alguno de sus miembros, cada uno con sus características, desde el oficial jefe a los distintos especialistas, unos por cansancio y otra por la frustración de no hallar vida y la rivalidad con el ruso que se trae algo entre manos. Especial mención al psicólogo de la misión, una especie de abuelo Cebolleta que siempre está al tanto del estado anímico de los demás y que nos recordó al entrañable comisario político soviético en tripulaciones de submarino sólo que en lugar de vigilar la rectitud política vigila la rectitud científica de la misión en su factor humano. Al final resulta el cobarde que se derrumba más que nadie y por salvar su escafandra no duda en sacrificar cobardemente a sus compis.

 
Luego la cosa pasa a ser una de zombis y es cierto que resulta repetitiva de otros títulos, pero es un digno producto que se conserva mejor que otros bodrios parecidos, tal vez que la cosa pase a ser de zombis defraude a los amantes del género que sin duda verán lo ya visto, pero es una forma de contarlo aunque beba de otros títulos de los 90´s, más como homenaje que como plagio ante la carencia de ideas y ocurrencias. El elenco está bien en sus papeles destacando Liev Schreiber pero sobre todo la Olivia Williams, mujer de armas tomar y que siente la misión como una cosa personal.
 
Recomendamos verla sin prejuicios pese a la sobresaturación de temática zombi porque es una digna cinta de ciencia ficción jugando con dos géneros. Al menos la tripulación son seres de carne y hueso que lloran u sufren soñando con volver a pisar la verde hierba terrestre, lejos de astronautas intrépidos que hacen el ganso en salidas extra vehiculares o super mañosos que con cinta americana y sus propias heces construyen hábitats para el cultivo de lechuga y cebollín...
No es tan pésima como dijeron o puede parecer.
 

martes, 21 de septiembre de 2021

 

EL ESPECIALISTA (1994)

 

Hay películas que en el momento de su estreno y pese a tener un elenco taquillero, argumento interesante, guion con humor solapado y una correcta dirección, son tachadas de bazofia y, en el mejor de los casos como ocurre con ésta, el mayor halago que recibe es que es entretenida. El equipo de cata cinematográfica no dudamos en dejar a un lado el mocho, linterna y caja de herramientas para surtirnos de pistachos y birras frías porque sale una bella Sharon Stone, el Stallone, uno de nuestros actores malotes favoritos como es Eric Roberts, toda una leyenda como el Rob Steiger y sobre todo nuestro amado y admirado James Woods. Lo cierto es que es una gozada verles a todos y a la Stone y ahora, camino de tres décadas desde su estreno, es una película que se mantiene fresca, la historia es entretenida y el guion es en ocasiones para partirse de risa, una de esas películas donde el conjunto de todo crea un producto que gana con los años...

 

Se mantiene fresca por el detalle de la informática que vemos en la acción, podría ser de hoy en día con la consiguiente licencia del paso del tiempo, pero no nos parece ver tecnología de los 90´s. El sistema de escaneo de seguridad en la casa del Stallone ya es realidad lo mismo que las capacidades de los ordenadores portátiles. La trama es interesante con un par de giros inesperados, la coreografía erótico festiva entre el Stallone y la Sharon Stone conserva su turbador encanto que te lleva de la sonrisa a la sorpresa y hasta se ve una teta, todo ello arropado de sensualidad chusca y bizarra donde la mente prosigue la escena cuando esta se funde en negro. Tanto el elenco principal como los secundarios de matones, agentes de policía y del primer al último figurante tiene personalidad propia y hasta la banda sonora está redonda. Es cierto que en conjunto parece una obra menor como resultado final, pero se lo pasa uno en grande gracias al reparto y el humor del guion.

 

Empezamos con el Stallone, que viraba sus papeles a personajes con sentimientos atribulados y la fortaleza física que tanto gustaba en los 80´s ya se veía en 1994 pasado de moda. Hay un guiñó a los mamporros en la escena del asiento del autobús, con Stallone en estado puro de sus inicios como personaje de acción y músculos. Las escenas erótico festivas producían risa porque era dotar de sensibilidad a un personaje con matices de sentimentalismo que luego se haría habitual en el cine de acción. Aquí es un ex-agente de la CIA en acciones encubiertas que trabajaba con el James Woods, uno ponía las bombas y el segundo las hacía explotar. En su último operativo Stallone se da cuenta de que su compañero es en realidad un psicópata que disfruta matando, ya sean adultos o niña en el asiento de atrás. Años después Stallone es un mercenario especialista en detonaciones que entra en contacto con una clienta que busca venganza hacía una familia de mafiosos donde su ex- compañero trabaja como experto en seguridad...

 

James Woods está magnífico haciendo de malo malote y a la vez de personaje cuchufletas.

La escena cuando llega al departamento de artificieros y le vacila al experto de la policía, su mueca labial cuando habla o ve al hijo del mafioso tan mafioso como el padre y casi tan psicópata como el James Woods, la escena de la centralita de escuchas acojonando al personal tras entrar en brote de ira, o verle debajo de una lluvia de centollos, dotan a la película de un humor inteligente que el James Woods borda, tanto en la interpretación como con el movimiento corporal y facial. NI él ni Stallone se hacen sombra y cada uno juega con sus virtudes para el papel logrando un engranaje que funciona a la perfección, sencillamente magnífico como casi siempre.
 
Un secundario de lujo con el bueno del Rob Steiger haciendo de patriarca mafioso. Le ves y da respeto, luego casi comprendes su paternalismo protector con el cenutrio de su hijo y finalmente le vemos en toda su crueldad. El hijo es nuestro querido Eric Roberts, no valorado en su época, con cara de hijo de puta que cuando sonríe te pone los pelos como escarpias. Se complementa con su padre y odia al James Woods, lo cual es mutuo, y está a la altura de las dos grandes estrellas. Ambos, padre e hijo, forman una simbiosis que saben transmitir. Ambos son en realidad tan protagonistas como el trío principal y hacen creíbles sus papeles de villanos. Nos han encantado y están ambos genial.

 

Y, no por la última no es la principal estrella, está Sharon Stone que enamoró a toda una generación en Desafío Total, nunca estuvo tan hermosa y sensual, que la siguen venerando. Su personaje nos ofrece otra interpretación corporal y facial, al principio ninfomaníaca,  luego sabemos que sufre en realidad y que es utilizada, cosa que no le importa porque busca venganza. A ratos la deseamos, luego la odiamos por zorra y finalmente nos enamoramos como el Stallone y somos felices cuando ambos triunfan sobre los malos. Tildadas de cutres en su día, el director Luis Llosa transmite erotismo sin que, tres décadas después, no estallemos en carcajadas ante el hieratismo corporal del Stallone, pero sin maldad y en vez de teta, vemos un seno de la Sharon Stone. Está divina con esa belleza crepuscular que despide a la juventud y recibe la entrada de la madurez...

 

Y que sí, que en 1994 era un bodrio erótico festivo de reclamo y parecía una serie B, pero que en realidad es un fabuloso comic cinematográfico con la ciudad de Miami de fondo, una de novela negra que es una transición del cine de acción de los 80´s a la ñoñez de los 90´s. Stallone demostró que podía ser sensible en sus personajes, la Stone reafirmaba su reinado y el resto del elenco es soberbio y te ríes incluso del humos socarrón del guion. Por supuesto, el James Wood que nos enamora siempre y los matices marca de la casa con los que adorna a sus personajes. Para verla en buena compañía y disfrutar de explosiones de verdad sin trucas digitales y disfrutar viendo una peli de acción que ha superado su faceta erótico festiva que tantas críticas cosechó en su estreno...
Una película que ha ganado con el tiempo.
 

 

viernes, 17 de septiembre de 2021

 

12 VALIENTES (2018)

        (12 Strong)

 

No hay mejor argumento para aparcar los trastos de faena que un título del género de hazañas bélicas, reparto interesante, historia basada en hechos reales y plena actualidad tras la retirada de la OTAN de Afganistán fechas atrás y aún asimilando la retirada. Así que preparamos pistachos y birras frías para visionar esta producción estadounidense de 2018 y dirigida por Nicolai Fulsig, sin duda conocido en el ambientillo cinematográfico sin obviar conocidos y familiares. Es otro caso de película que no satisface a nadie, correcta de hechuras pero a retales de otras precedentes que termina aguando la historia por la forma de contarla con mediocre guion y una dirección que bebe de diversos títulos sin que se note en apariencia...

 

La producción es pasable, hay paisajes afganos, chatarra soviética de transportes blindados, que no tanques salvo uno que siempre es el mismo y las confortables imágenes de puestos estadounidenses con helicópteros desde las pelis de la guerra en Vietnam. Tras el 11-S, Bush II entra en guerra con los talibanes y para ello debe ganarse la confianza de los señores de la guerra que forman la Alianza del Norte contra el gobierno talibán. Para ello despliega distintos comandos de una docena de soldados que serán el enlace con el señor de la guerra de la zona. En contra de lo previsto, los modernos soldados deberán librar una guerra a caballo donde las rencillas entre familiares y parientes dictan las ofensivas y la alianza del señor de la guerra depende de la capacidad del observador aéreo en tierra para ordenar bombardeos que seduzcan al aliado. Por desgracia el director tira de sensibleria barata con la escena de la madre ajusticiada por enseñar a sus hijas y ser maestra de escuela, escenas que ya predisponen a no tener compasión con los talibanes.

 

Del reparto, la estrella es un Chris Hemsworth que salva la película en el aspecto de protagonista pese a la dificultad de un guion que concede pocas reflexiones, y las que hay son ñoñeces costumbristas de cartas a casa, recuerdos y tal. Despierta empatía en la retina y promete ser una estrella, su papel resulta menos creíble a medida que avanza el metraje y la película se diluye a cada segundo como un azucarillo en agua de mar para perder lo dulce en segundos y ser salitrosa a cada minuto. Le acompaña nuestro querido Michael Peña, un actor que hace su papel y aporta matices casi imperceptibles que gustan al respetable porque aunque interprete siempre a un pachuco sí sabe darle personalidad. Por desgracia los personajes no parecen reales, un triste homenaje a los héroes de la historia, porque el director parece coger cosas de otras pelis para resolver las escenas de acción donde se echan en falta cuerpos que se desmiembran en las explosiones y amputaciones con casquería tan en boga desde hace unos años en el cine bélico.

 

Hay que verla y se espera un estilo de Black Hawk derribado, nos parece Rambo III en la imagen y trato de los afganos, da la impresión de que no son hechos reales y sí una del oeste trasladada a la guerra contra el talibán, y aunque se ven tiros y escenas de alcanzados por disparos, parece un episodio del Equipo A. La crítica la machacó de lo lindo y al final lo cierto es que parece una versión actualizada de la mítica, por propaganda, de Boinas Verdes. Si os va el género, hay que verla, otra cosa es si merecía la pena pasar por taquilla para verla, y pagando ya hay que pensarlo porque defrauda. Pero si la veis de forma gratuita o dentro de la oferta de la tele de pago, se puede ver pero deja un sabor de boca decepcionante y se buscan las causas, como hicimos en animada tertulia posterior hasta la hora de fichar la salida, siendo el resultado de la tertulia que la película está mal contada tanto en imágenes como en guion y dando la sensación de cine, si no de propaganda, sí de elogio a las fuerzas armadas. La historia ocurrió y forma parte de los anales de la guerra aunque lo que nos cuentan, por la forma de contarlo, resulta bastante increíble...
No es mala, pero lo parece.

viernes, 10 de septiembre de 2021

 

LA GUERRA DE CHARLIE WILSON (2007)

 

Había diversos motivos para aparcar los trastos de faena y visionar esta producción de 2007 dirigida con buen pulso por el Mike Nichols con guión de Aaron Sorkin adaptando el libro de George Crile. Por un lado, acaba de producirse la retirada de la OTAN de Afganistán y cobra actualidad la génesis que llevó a este némesis de retirada: la ayuda estadounidense a los combatientes afganos durante la invasión soviética de Afganistán. Resulta estremecedor ver como el final de la película entronca con el momento actual más de treinta años después de la retirada soviética. Un reparto de lujo donde destaca Tom Hanks, brilla Phillip Seymour Hoffman y deslumbra una turbadora Julia Roberts...

 

Ton Hanks interpreta el papel del congresista Charlie Wilson, un vividor y patriota al que
todos le deben algún favor y bien relacionado con el sector duro del partido republicano. Lleva una vida apacible de congresista que disfruta de la vida, las mujeres y el beber hasta que toma consciencia de que un grupo de harapientos afganos están realmente combatiendo al enemigo soviético sin que EEUU les ayude en serio salvo asignar una partida de cinco millones de dólares a los rebeldes afganos. Tras aumentar la asignación en otros cinco milloncejos, el congresista recibe una llamada de su amiga adinerada y fundamentalista cristiana de Texas, Julia Roberts, para que se tome en serio el asignar fondos reservados para combatir a los soviéticos. El guion narra bien las peripecias y los tres protagonistas están arropados por un reparto a la altura donde destacamos a Amy Adams, a la que todo el equipo de cata cinematográfica querríamos tener de secretaria, dicho sin ribetes patriarcales reprochables en estos tiempos de sensibilidades a flor de pieles politizadas.

 

De la misma forma que ver hoy en día Todos los hombres del presidente, de 1976, nos ilustra sobre el Watergate, esta guerra de Charlie Wilson ilustrará a generaciones venideras del avispero que ha sido Afganistán donde la ayuda estadounidense sólo era la herramienta de Alá para combatir al infiel invasor soviético y más tarde a la OTAN. Es una película que nos encanta porque tiene ese sabor del Hollywood de leyenda con buena producción, buen elenco de estrellas y talentos, dirección adecuada y ritmo trepidante sin que falte el humor, la acidez de los diálogos y la grandeza del cine estadounidense de mostrar las vergüenzas del Sistema que sin embargo resultan ser emisarios de la lucha por la libertad y la democracia. Las frases finales del personaje de Phillip Seymour Hoffman pierden su sentido profético en 2021 para ser cruda realidad que acabamos de ver en directo por los noticieros de televisión. Se tolera que algunas imágenes de derribo de aviones y helicópteros no son modelos soviéticos y la ñoñez es en su justa medida para mostrar como engatusar al presidente del comité de asignación de fondos cuando visita un campo de refugiados e interpretado por el siempre solvente del Ned Beaty...
Hay que verla.

viernes, 20 de agosto de 2021

 

JACK REACHER (2012)

 

Hay películas que pospones el visionado de la misma una y otra vez, más que nada porque hay alternativa más sugerente. Es lo que nos ha ocurrido al equipo de cata cinematográfica con esta producción de 2012 y dirigida por el ilustre desconocido, para nosotros, del Christopher McQuarrie, seguramente conocido entre familiares, amigos y amistades, dirige de forma correcta y destacamos el pequeño homenaje a las persecuciones de coches como hacía tiempo que no veíamos en pantalla, secuencias correctas y al servicio de la historia y de la estrella que no es otro que el Tom Cruise en un personaje que te hace preguntarte dos cosas: porqué se notan tanto los retoques de cirujano plástico en su careto y dónde diantres lleva el Jack Reacher calcetos y calzones limpios si nunca se le ve con equipaje y duerme en moteles...

 

La historia es apasionante a priori con un asesino de masas que liquida a cinco inocentes víctimas que simplemente pasaban por allí. A partir de esta idea todo degenera en una historia que con otro actor se iría a estrenar en el videoclub, pero que sin embargo ha vivido un par de secuelas para nuestra sorpresa. El Cruise está Cruise, sabe del oficio, sabe hacer coreografías de mamporros pero se le nota el bisturí en el careto. Jai Courtney está en su papel, que es lo mejor que se puede decir de actores que empatizan con el público pero cuya fisonomía le encasilla si no tiene cuidado en los mismos papeles, pero sabe actuar y llena de matices a cada personaje sin ser el típico musculitos heredero de los 80´s. Rosamund Pike pone cara ora de haba ora de plato y sabe poner muecas y caretos ante las turras explicativas del brasas del Jack Reacher para que se caiga de la burra y ate cabos, que siempre se hace un nudo con su padre el fiscal. Y está Robert Duval magnífico, riéndose de la película, de su personaje y del público con personaje de sargento medio mochales y con puntería de lince cojitranco.

 

Y sin duda la única y poderosa razón de no interrumpir el visionado está en la aparición en pantalla de Alexia Fast, tía buena, rostro que enamora la cámara y una gama de matices en su pequeño papel que nos ha enamorado, sencillamente está divina y aparca al resto a un segundo plano en una historia que fuera de los EEUU puede sonar un poco maniquea con el trasfondo de las virtudes de un soldado que ya no es pero nunca deja de serlo y los estamentos públicos y sus servidores son legales aunque no vean a tres en un burro ante los hechos. Lo hemos visto, lo vemos y lo veremos en infinidad de películas, pero en esta se nota en aumento a medida que se desinfla la historia por predecible...
Es un poco bodrio, salvo la divina Alexia Fast.

 

viernes, 13 de agosto de 2021

 

LOS DEMONIOS DE LA NOCHE (1996)

        ( The Ghost and The Darkness)

 

Mes de agosto, noches calurosas, instalaciones a medio gas por las vacaciones en el turno de día, así que nada mejor para pasar el turno de noche que aparcar los trastos, aprovisionarse de birras frías y pistachos para disfrutar de velada cinematográfica ambientada en el África colonial de fines del siglo XIX donde el Reino Unido trataba de vertebrar las posesiones del Imperio Británico mediante el ferrocarril; dos estrellas de Hollywood como el Michael Douglas y el Val Kilmer, ambos en la cresta de popularidad en 1996 cuando se rueda con Stephen Hopkins en la dirección de esta película basada en hechos reales...

 

Es de esas películas malditas que todo el mundo ha visto pero se prefiere olvidar, al menos no pasan a la memoria inmediata y sin embargo ocupa un lugar propio en el subgénero de safaris, pero apuesta arriesgada cuanto el tema no se trataba en serio desde hacía dos décadas y Memorias de África era la referencia para un gran número de espectadores y espectadoras. Se tachó a la acción de copia de Alien o de Tiburón, cambiando nave y mar por entorno africano selvático en obra de ferrocarril. Vista pasado el tiempo mejora la impresión de la época de su estreno y el director hace un ejercicio de cámara que suple la carencia de producción en efectos especiales, hoy saldría un bodrio en otras manos con sobresaturación de imágenes sintéticas de león. Sin embargo Stephen Hopkins juega con los primeros planos de las fauces y ojos de las fieras que resulta refrescante en estos tiempos de efectos digitales con película a su servicio y no al contrario como es el caso aquí.

 

Val Kilmer es un joven y recién casado ingeniero que va a ser papá pero debe dejar su hogar en Londres para aceptar construir un puente en una colonia africana. Está lograda la ambientación del enclave ferroviario y hay buen rollito colonial, con hindús trabajando en la vías con sus sempiternos antagonistas musulmanes y dirigidos por un nativo que es de lo mejorcito de la película e interpretado por Om Puri que termina devorando el protagonismo de las dos estrellas protagonistas. La película aguanta el ritmo hasta bien entrada la segunda mitad donde todo se vuelve predecible de una manera extraña, esperando que mantenga ese ritmo que basta para atraer la atención y ver en qué termina...

 

Acierto del guion de evitar una lucha de machos alfa entre Val Kilmer y un Michael Douglas que muestra huellas en su rostro de vida algo canalla, pero ambos personajes se complementan y el joven ingeniero aprende del experto cazador que llega en auxilio de la empresa para dar caza a dos leones que matan por placer y han encontrado en las obras del ferrocarril carne fresca para desayunar, almorzar u cenar, según les plazca, sembrando el pánico en los supersticiosos obreros sin distinción de credo.

 

Pasado el tiempo y sin rivales como Tiburón y similares de lugares cerrados con bicho que va matando al personal, el resultado es una película de corte ochentero sin, posiblemente, pretenderlo nadie. El presupuesto se ve que se fue en contratar el elenco interpretativo y en ambientar las obras del puente, porque selva se ve poca y fauna salvaje menos aún. Es cierto que igual sería plantearse pagar por verla, pero ahora que se emite en televisión y con un buen plasma como el del Director General en su despacho, que es el que utiliza para sus visionados el equipo de cata cinematográfica, resulta entretenida aunque sin tensión como el día de su estreno...
Hay que verla y olvidarla en cuanto acaba.
 

sábado, 7 de agosto de 2021

 

SIN TREGUA (2012)
    (End of watch)

 

La película de hoy tiene su pequeña historia para el equipo de cata cinematográfica, empezamos a visionarla en un par de ocasiones y en ambas había alternativa más apetecible en ese momento y nos costó un poco el contar partes de la historia con la mirada subjetiva de la videocámara que porta uno de los protagonistas ya que realiza un proyecto personal donde graba la rutina diaria de dos patrulleros de Los Ángeles. El escenario es conocido porque ya fue visitado en la ahora mítica Colors, más conocida en el orbe hispano por Colores de guerra, de 1988 y protagonizada por el Sean Penn y el Robert Duval con la inolvidable María Conchita Alonso. Pero ha pasado el tiempo, la ciudad sigue siendo una guerra de territorios entre bandas donde los negros ven que los hispanos se han hecho dueños del cotarro con los narcos imponiendo su ley a sangre y torturas. Tampoco la pareja de patrulleros son blancos anglosajones, ahora los pachucos del Los Ángeles de las novelas de James Ellroy son ciudadanos de segunda y tercera generación en EEUU y uno de los policías es un hispano que ve con horror los horrores que perpetran sus hermanos de patria oriunda...

 

Jake Gyllenhaal es patrullero con Michael Peña, un actor algo encasillado por su estética chicana pero que gana enteros en cada trabajo pese al lastre de interpretar a personajes de origen mexicano. Son hermanos de sangre, cómplices y amigos que afrontan su día a día con ansias de servir y proteger, idealistas que ven la realidad a diario en su trabajo y que encuentran en la vida familiar el descanso del guerrero. Una vez pasa el trauma de la visión subjetiva, que afortunadamente pierde protagonismo a medida que avanza el metraje, estamos ante una digna sucesora de su antecesora de 1988 y aunque a veces parece que se ha plagiado algo de la misma, en su esencia, es una interpretación errónea. La película sencillamente transcurre en los escenarios de 1988 y las tribulaciones de los patrulleros en 2012 siguen siendo las mismas que en 1988 solo que las bandas han evolucionado unas y arraigado otras nuevas.
 
Por desgracia la trama resulta predecible a poco más de la mitad del metraje y con estereotipos de malotes y malotas en eterno colocón y con ansias de hacer el mal. Se presiente la tragedia final con la duda de a quién le tocará morirse, y aunque los tiempos han cambiado pues el pachuco es el que muere. Las actrices están de descanso del guerrero y asistimos a escenas costumbristas de celebraciones familiares multiculturales, arrumacos de poli en día de descanso y una introducción a la retaguardia antes de asistir al combate, emboscada más bien, del final. Es de esas películas que te gustan pero les falta algo para ser una gran película, nos angustiamos ante la tragedia que se cierne y nos sentimos defraudados por el convencional final. Posiblemente le suceda como a Colors y con el paso del tiempo mejore las sensaciones, es de 2012 y sigue fresca anclada en su tiempo en 2021. Falta profundizar más en el mundo de las bandas más allá de tópicos carcelarios de salidos recientemente de la trena y escabrosas escenas de cadáveres decapitados y torturados, siendo el buen rollito de los patrulleros lo que aumenta el sabor de tragedia...
Se puede ver, pero falla a partir de la mitad del metraje.

 

sábado, 22 de mayo de 2021

 

VACACIONES EN EL INFIERNO (2012)

 

Aunque el equipo de cata cinematográfica sigue la norma de evitar todo lo posible las películas con perro o con niño, nos sedujo la presencia del Mel Gibson y la historia dentro del subgénero carcelario. Argumentos en suma y más que suficientes para relegar la faena y disponer birras frías con pistachos para visionar esta producción de 2012 dirigida por Adrian Grunberg con buen pulso pero tampoco grandes alardes en una historia con el Mel Gibson de protagonista absoluto como estrella que es de Hollywood. Cuando vimos al niño ya era tarde tanto para retomar la faena como para dejar de ver la película...

 

La historia del protagonista nos recordó al personaje de Payback , que tanto nos gustó, ya que aquí es otro personaje delincuente que se ve atrapado y al que birlan sus ganancias de un robo. Termina en una cárcel mexicana que nos recuerda a cárceles bolivianas o peruanas de las que salen en esos programas de cárceles en el mundo muy peligrosas. Pero aunque se retrata la sordidez y la violencia de tales lugares como que siempre flota en el ambiente el buen rollito. Mel Gibson es un gringo entre hispanos encarcelados pero que sabe buscarse la vida consiguiendo pasta para cigarrillos, cervezas y alquilar a la mafia carcelaria un catre con intimidad a la vez que resuelve sus problemas, divide y enfrenta a los malos, conquista a la chica de turno y además salva al hijo de la misma que es utilizado como riñón con patas para ser trasplantado al malote de la cárcel cuando sea necesario, previamente se utilizó el del padre de la criatura por ser del grupo sanguíneo adecuado para el implante.

 

El otro protagonista es el niño, Kevin Hernández, que hace bien su papel y el guion no permite demasiadas ñoñeces lo cual siempre es de agradecer. El resto del reparto cumplen su función de actores secundarios Bob y además sus caretos pegan con la ralea de personajes que van apareciendo sin eclipsar nunca a la estrella que es Mel Gibson. Lo malo es que antes de la mitad del metraje la acción se vuelve previsible en un tono de violencia adecuado para ver en familia. Hay tiros, un par de escenas de tortura donde saber que van a cortar otro dedo ya nos provoca pavor sin falta de escenas sanguinolentas o intento de violación con planos inadecuados. Hay siempre un poco de humor pero, a diferencia de Payback , falta un poco de humor negro...
 
Película entretenida con un Mel Gibson confortable al espectador ya entregado hace décadas a la estrella donde se ven sus películas sí o sí, otra cosa es que gusten luego, pero es cine puro de entretenimiento. Falla en mantener la tensión y resultan los desenlaces previsibles pero tampoco es para salir corriendo. Le falta algo de chispa y resulta bastante lineal aunque la historia del trasplante le añade un toque propio que la diferencia de otras similares y tampoco hay tópicos típicos de mexicanos o hispanos salvo la sordidez de México y sus cárceles en comparación con las ciudades y cárceles gringas aunque tanto gringos como mexicanos puedan llegar a ser tan corruptos unos como los otros. Pero al final la cosa acaba bien, Mel Gibson enamora a la cámara una vez más y todo es políticamente correcto...
Entretenida.

 

sábado, 15 de mayo de 2021

 

BARRY SEAL: EL TRAFICANTE (2017)
                    (American Made)

 

Interesante propuesta esta producción de 2017 dirigida por Doug Liman y protagonizada por el Tom Cruise en uno de esos papeles en que nos gusta verle al equipo de cata cinematográfica que no dudamos un instante en aparcar trastos de faena y la faena misma para visionar la película con abundancia de birras frías y pistachos. Nos gusta el Tom Cruise cuando deja a un lado papeles de espía imposible o personajes de acción donde ya le pesan los años y los argumentos suelen ser bastante infantiloides y con profusión de trucas digitales. Aquí interpreta a un piloto, basado en hechos reales, que se ve atrapado entre los brazos del narco, las maniobras políticas de la CIA en Centroamérica en los 80´s y obligado a ser confidente de la DEA, todo a partes iguales y con grandes ganancias en metálico...

 

Tom Cruise es la estrella y sale en cada plano dejando al resto de reparto en clave coral sin nadie que le pise la escena y el protagonismo. Es un tipo normal con talento para pilotar al que le gusta disfrutar la vida y para ello necesita dinero a la vez que trata de formar y vivir con familia. No es un biopic aunque hará las delicias de quienes vivieron la época aunque notarán que se toman ciertas licencias narrativas pero tampoco nada extraordinario ya que el cine es espectáculo y ver desfilar a personajes de la Era, desde Pablo escobar a el Ronald Reagan. Tal vez lo más chirriante sea el personaje de la CIA, analista, que controla al piloto, pero la película cumple los cánones de ser entretenida, hechuras de producción potente, guion que no da mucho tiempo a pensar en incongruencias y una fotografía atractiva que tiñe de nostalgia las imágenes. Tom Cruise está bien en su papel, sin grandes alardes, y se agradece verle en un papel de persona corriente atrapado por las circunstancias y que no controla su propio destino.

 

No hay secundarios de relumbrón pero sí comparte pantalla el protagonista con Sarah Wright que no llama la atención de primeras pero que gana peso a medida que avanza el metraje ya que también sabe ponerse en la piel de una persona normal atrapada por las circunstancias. Es el refugio del guerrero y aunque sigue siendo una empleada de hamburguesería en el fondo, sabe ser madre, adaptarse a la circunstancia de su esposo y no hacer ascos al dinero. Está lo suficientemente buena para parecer normal pero tampoco una belleza despampanante que haga poco creíble su papel. Digna compañera del Tom Cruise aunque a su lado se nota el paso del tiempo del actor, cosas de la edad...

 

Película entretenida que retrata la hipocresía de la política y muestra lo que fue un negocio para todas las partes donde a veces los buenos se cruzan con los no tan buenos y los malos hacen negocios con ambos sin que lo sepa la otra parte. La violencia se diluye en el tono amable de la película porque sin falta de mostrarla crudamente sí que se palpa aunque el tema de los contras destile tópicos al igual que los narcos, pero sabemos que existieron y la memoria complementa las imágenes. Nos ha gustado y ha propiciado un interesante debate y tertulia sobre el Tom Cruise que puede que sea la última de las grandes estrellas del Hollywood del siglo XX y que gana en leyenda con estos papeles de persona corriente atrapado por las circunstancias...

Hay que verla con el mismo ánimo que Air América con el Mel Gibson.

 

martes, 4 de mayo de 2021

 

HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE (2016)

(HACKSAW RIDGE)

 

Dicen que la peor, al menos entre las tres peores, película de hazañas bélicas es Boinas Verdes y puede que lo fuera al menos hasta que el Mel Gibson rodó Cuando éramos soldados, auténtico bodrio y bazofia del género bélico. Es por ello que el equipo de cata cinematográfica nos la cogimos con papel de fumar cuando, aparcando la faena, nos dispusimos a visionar esta producción de 2016 y dirigida por el Gibson. Basada en hechos reales y donde resaltan las escenas de batalla donde siguiendo la estela de Salvar al soldado Ryan se muestran con todo lujo de detalles amputaciones de extremidades por explosión, disparos reventando cráneos y asaltos suicidas a la japonesa. Pero nos gusta el género y hay que verla si se tiene ocasión.

 

La historia es sencilla, un joven de creencias religiosas profundas dispuesto a acudir a la llamada del deber pero a condición de no empuñar un arma y sí sirviendo de sanitario salvando vidas. Mel Gibson no puede evitar desde hace lustros teñir sus películas de mensaje místico, de un mundo de mierda donde surgen santos varones que llevan a los hechos el mensaje de Cristo. Esto pesa en todo el metraje y ya predispone a cierto repelús, pero la cosa se resuelve bien y se centra en el protagonista, un Andrew Garfield que no deja de sonreír más de la mitad del metraje aunque le hostien por ser la oveja negra del pelotón de reclutas. Tal vez sonríe demasiado para nuestro gusto y no falta la bella epifanía final con el protagonista poco menos que ascendiendo a los cielos cuando es trasladado en camilla...

 

La película falla en el paternalismo con el que se muestra al ejército y sus mandos con un sargento interpretado por un poco convincente como tal por Vince Vaughn, no por su interpretación pero sí por el arquetipo del personaje de sargento instructor donde tiene sobrepeso, en combate el casco le queda ridículo al igual que el arma y en la escena donde es arrastrado mientras dispara como que nunca se le acaba el cargador. Al final vemos los tópicos típicos de desventuras de recluta garbanzo negro. Pero desde el sargento hasta el consejo de guerra, el estamento militar es políticamente correcto con el mensaje de que al final el cuerpo de oficiales es un ente comprensivo con sus soldados. No pudimos evitar unas risas imaginando al protagonista a las órdenes del general Patton que seguramente le hubiese metido un buen par de hostias si no coge el fusil....

 

Lo mejor es un Hugo Weaving convincente de padre traumas tras su paso por las trincheras
de la I Guerra Mundial, alcoholizado y maltratador de su esposa e hijos. Es de lo mejor de la película aunque su visita al general queda deslucida y casi sobra porque no sabemos si libra a su hijo del consejo de guerra o a qué cojones molesta al general. En realidad es un personaje fundamental para entender la motivación de objetor de conciencia de su hijo pero si le dan más protagonismo el mensaje gazmoño de hombre pío del protagonista hubiese perdido precisamente protagonismo. El segundo punto fuerte es que por fin se muestra a la tropa nipona sin harapos ni comeduras de tarro, vemos a la infantería atacar a la bayoneta y tan combativos como los estadounidenses y se ve retroceder a los buenos, aunque sea vital para luego sacar al héroe rescatando soldados heridos.

 

Mencionar a Teresa Palmer que devora la cámara eclipsando a su pareja y en definitiva un producto correcto pero poco original al mostrar los típicos tópicos. Muy bien Sam Worthington que también se come la cámara eclipsando al resto y una película con todos los defectos y virtudes de Mel Gibson director donde sigue empeñado en evangelizar al respetable logrando un pasable film bélico que es más un biopic típico sazonado de impacto visual de casquería. No nos disgustó pero tampoco nos enamora siendo lo mejor al final cuando sale el protagonista real. Le sobra tufo religioso y le falta innovación narrativa cogiendo de otros títulos y sazonado de religión.
Hay que verla pero no aporta nada no visto anteriormente en el género.
 

viernes, 23 de abril de 2021

 

39 ESCALONES (1935)

 

Hay noches en que apetece poco coger los trastos de faena y sí sentarse a paladear cine añejo, ese cine que tiene varias dificultades a priori para ser visionadas hoy en día donde prima la imagen sintética, ritmo y argumento de videojuego; códigos inherentes a cada década pero que saturan. Así que cuando pillamos este título no lo pensamos mucho. Es de esas películas que antaño eran asiduas de velada televisiva y que aunque no la recuerdas, sí que te suena haberla visto. Producción británica de 1935 cuando las grandes potencias europeas rivalizaban en armamentos y desarrollos de los mismos en secreto y que es la base de la trama de espionaje...

 

Dicen los entendidos que es la última película de la etapa británica de Alfred Hichcock, ese guasón y cachondo fetichista, en los parámetros de hoy un tipo de mentalidad algo patriarcal, que rodaba joyitas donde el suspense y el terror, el miedo más bien, siempre está presente. Fue pionero del suspense y aunque han surgido imitadores, discípulos y admiradores que han tratado de rodar pequeños homenajes o versiones de sus obras cinematográficas pues ninguno ha estado a su altura. Es un cine para ver concentrado y no perder detalles, aquí hemos vuelto a pasar la escena de la bajada de medias con el prota esposado a la dueña de las mismas. No tiene desperdicio el inicio con los comentarios del público sin olvidar el cartel de inicio de que ha pasado la censura...

 

Pero es también una época donde el nazismo, el fascismo y el comunismo eran una realidad que había alcanzado su materialización como forma de gobierno. Ahora todo ello se ve como una época que culmina con la victoria de la democracia sobre el totalitarismo, pese a que el comunismo aguantaría hasta 1989, y si se ve desde esa óptica, la película gana en su visionado. Apostábamos que la cosa iba de tema de radar y su tecnología y no en motores de avión que fallaban a los 300 kilómetros por hora. Si tenemos en cuenta que se estaba experimentando con motores de pistón hasta sus límites y ya había prototipos y proyectos de aviones a reacción, vemos que la película sigue igual de fresca que el día de su estreno, porque si la vemos con ojos de hoy se pierde su encanto dramático...

 

Y es que siempre hay un momento en la vida, si son varios es la repanocha, para viajar en el tiempo a tiempos ya extinguidos donde se rodaban películas en blanco y negro, se probaban nuevos encuadres y formas narrativas que sin todo ello no hubiéramos llegado al cine actual. Las fecha y ser en blanco y negro ya espanta a las masas pero nosotros pasamos una velada estupenda sin faltar posterior tertulia reposada con birras frescas y pistachos hasta la hora de fichar. Y es que si hay toque de queda nada mejor que quedar para pasar una velada cinematográfica....
¿O no?

 

viernes, 5 de marzo de 2021

 

ATMÓSFERA CERO (1981)

            (Outland)
 
No lo pensamos dos veces en el turno de noche para aparcar trastos de faena y visionar un clásico del género de ciencia ficción de los 80´s, cierto que en su estreno no fue valorada por la crítica, desde rebajarla a actualización futurista del clásico del género de vaqueros protagonizado por Gary Cooper en 1952 titulado Solo ante el peligro, a desecharla como una de vaqueros sin más pero ambientada en el futuro. El público respondió porque había una estrella como el recientemente fallecido Sean Connery y porque respondía a los gustos del público joven ávidos de películas del género tras Alien el 8º pasajero y por supuesto La Guerra de las galaxias. Nos sirve además de excusa perfecta para recordar al intérprete de James Bond...
 
Sean Connery estaba en plena madurez conservando su encanto para el público, la ambientación en una planta minera en la luna Io cumplía los cánones con maquetas como efectos especiales y anunciaba el futuro aunque en el presente de su estreno la crítica no supiera verlo como es la presencia de las bases de datos como consulta, las video conferencias y también anticipa lo que puede ser la explotación de recursos en lunas satélites del Sistema Solar. Tal vez porque vista en 2021, lo que en 1981 no dejaban de ser ejercicios de avances de la tecnología se ven ahora como heraldos de cosas que ya tenemos como parte de nuestra vida diaria y de nuestro mundo.
 
La trama es atractiva donde encontramos un asentamiento humano de actividad minera y hay obreros trabajando a destajo, prostitutas, relaciones personales rotas por un destino en colonias mineras alejadas de la Tierra y la soledad del funcionario honesto y agente de la ley y el orden que se enfrenta en solitario al jefe de la explotación minera que no duda en drogar a sus trabajadores para sacar mayor rendimiento. Se dan típicos tópicos de pelis de vaqueros ambientadas en la minería pero también es una historia de tráfico de drogas. Todo ello dirigido con pulso firme por Peter Hyams y la solvencia de la producciones británicas. El resultado es un producto cinematográfico que logra entretener, pensar en el futuro que se nos muestra y una estrella del celuloide bien arropada por el resto del elenco interpretativo donde destacamos a la cascarrabias médica interpretada por Kika Markham...
 
Se agradece ver una película sin imágenes sintéticas y, pese a lo que digan, sus efectos especiales no desentonan vistos ahora, salvo quizás porque las pantallas de ordenador y de video son de tubo, pero le añade cierto halo de romanticismo al visionado. Los temas que trata son eternos casi, desde el tráfico de drogas a la presencia de seres humanos como el hijo del protagonista que nunca ha visto ni pisado la Tierra. Todo ello se esboza sin rollos ni ñoñeces, una despedida rutinaria para ir al curro y cuando vuelves tu esposa se ha largado con tu hijo de regreso a la Tierra porque no soporta más el estar en el espacio viajando a cloacas de asentamientos humanos, un tema que ya por sí solo te hace acabar de visionar la película y ponerte a filosofar con los colegas de curro entre birras frías y abundancia de pistachos hasta la hora del fin del turno de noche.
 
Película para verla cada tres lustros y que siempre deja buena impresión si bien para las generaciones digitales les puede chirriar la tecnología que se muestra, sobre todo las pantallas de tubo, pero la historia y la forma de contarla te atrapa en la misma. Están bien resueltas sin muchas incongruencias las escenas del exterior y recordar que se rodó en plató lo que magnifica la ambientación de la cantina o el laboratorio médico. Las celdas en ingravidez o el invernadero siempre llaman la atención y sobre todo que cuando te das cuenta ha terminado, pero con buen sabor de boca porque Sean Connery ha hecho su trabajo con honestidad y regresa con su familia mientras nos sentimos en comunión con la doctora que ansia ver los cambios tras desmontar Sean Connery el chiringuito. Resiste bien el paso del tiempo y una forma de hacer efectos especiales que logran su objetivo sin acaparar el protagonismo de la película y al servicio de la misma, no viceversa como sucede últimamente...
A descubrir si no la has visto.
 

martes, 26 de enero de 2021

 

ALGO PASA CON MARY (1998)
 
Hacía eones que el equipo de cata cinematográfica no visionábamos género de comedia y ha resultado refrescante en estos tiempos de pandemia encontrar el título de hoy que en su momento fue un éxito de taquilla y que ocupa por derecho propio un sitio en el panteón de esas comedias que se guardan y graban a fuego en la retina del espectador. A diferencia de otros géneros, la comedia no pasa de moda y el entorno, el paisaje y la época pasa a segundo plano porque la risa además de universal es eterna. Producción de un ya lejano, aunque no tanto, año de 1998 dirigida por un par de guasones que además son hermanos y que gozaban entonces de crédito tanto por la industria como de la crítica y del público. El plantel es estelar y la historia es también eterna como es el embrujo, hechizo, fascinación y obsesión de los machos alfa por una fémina...

La cosa va de un joven estudiante que se queda prendado de una compañera de clase
inalcanzable para él, miembro del grupo de estudiantes frikis con aparatos en la boca, gafas y demás obstáculos para ser un chico popular y ligón. Logra invitarla al baile de graduación y cuando acude a recogerla a su casa, se pilla con la bragueta los testículos y el pene, en orden inverso al natural, para choteo de los padres de ella, la policía, miembros del cuerpo de bomberos, sanitarios, vecinos y curiosos. Pasado el tiempo, ya adulto, sigue obsesionado con la chica y decide, aconsejado por un amigo, contratar los servicios de un detective para averiguar su paradero...
 
La chica no es otra que una Cameron Díaz rebosante de juventud, belleza y su sonrisa marca de la casa; sus papeles e interpretaciones posteriores y a medida que ha pasado el tiempo, hace que esta película sea de las últimas en que se dibuja una sonrisa siendo a posteriori una mueca. Pero en 1998 la Cameron Díaz era un pibón con su corte de admiradores. Además su actuación no resulta empalagosa como suele ser habitual porque es la sonrisa lo que termina de hechizar en los machos alfa. Está bien acompañada de un Ben Stiller comedido y contenido con la gracia adecuada pero sin caer en el vicio de ser gracioso, te identificas con el personaje, con sus gestos y tribulaciones pero te descojonas con sus gags...

Porque los hermanos Farrelly rinden un homenaje al género, el inicio lo es a aquellas
películas de los 80´s que eran comedias con adolescentes y sus tribulaciones erótico-festivas. Sólo por el gag de la cremallera ya hubiera sido recordada, pero siguiendo el ejemplo de las buenas comedias, es una sucesión de situaciones cómicas, destacando la del perro con el Matt Dillon y el propio Ben Stiller, pero también por la escena donde antes de la cita procede a masturbarse para no ir pensando en la jodienda y tocan a la puerta en pleno clímax sin saber a dónde fue el fluido seminal a parar, al abrir la puerta Cameron Díaz lo confunde con brillantina en la oreja y se atusa el pelo con el fluido corporal. Y en conjunto el producto está logrado y trabajado pasando a la memoria cinematográfica y donde vuelves a verla al cabo de los años porque aunque sabes de memoria lo que ocurre siempre sienta bien de vez en cuando un buen chiste.
 
Pero es más, con protagonismo cómico de disminuidos psíquicos, la chunga con el tema de la jodienda, el contorsionismo del lisiado, el cinismo del detective y el maravilloso mundo de Mary en Florida. Luego está el Matt Dillon, la auténtica estrella para toda una generación que le veneramos desde sus inicios. La virtud de la película es que hace guasa de cosas comunes a todas y todos, el sexo, las relaciones, el arte de conquistar y la eterna historia de amor que nunca ocurrió pero donde nos identificamos con la búsqueda del protagonista de su chica de instituto.
 
Es una comedia de enredo bien sazonada de humor y situaciones cómicas pero también el encanto de ver actuar y no actores delante de un fondo de imágenes sintéticas. Conserva toda su frescura y te sigues carcajeando con las escenas. La receta ideal para ausentarse un momento cinematográfico de la cruda y mortal realidad de la pandemia y donde se nota que se lo pasaron pipa en el rodaje, no perderse los títulos de crédito...

martes, 1 de diciembre de 2020

 

EL HOMBRE SIN SOMBRA (2000)
(Hollow Man)
 
Son tiempos de calma chicha para el turno de noche, con el día al ralentí por la pandemia, siendo buenos momentos para disfrutar de títulos ya añejos pero que te hacen disfrutar de una agradable velada con los colegas de turno y una animada tertulia posterior entre birras y pistachos. El título de hoy es uno de los mejores ejemplos de película maldita, entre comillas, y además en este caso uno de los mejores ejemplos de efectos especiales cojonudos pero al servicio de la historia, lejos de los actuales fotogramas de imágenes sintéticas y elenco protagonista que se limitan a tirarse bien al suelo, hacer muecas y morritos, como si los actores y actrices fueran esclavos de los efectos especiales. Es también el títpico producto de Hollywood donde se aprovecha para promocionar artistas, lucirse al director y ser rentable en taquilla...
 
En el año de la producción, el director Paul Verhoeven gozaba de crédito entre el público y
las productoras. Llegaba al nuevo milenio con un puñado de películas, como Robocop o Desafío Total sin olvidar Instinto Básico por citar tres ejemplos. Director de lenguaje propio con críticas a la sociedad del futuro que es la del presente que nunca dejaba indiferente y capaz de lidiar con géneros de todo tipo. Ésta de hoy es quizás una de las más incomprendidas de sus películas, centrado en el individuo en lugar de la sociedad pero jugando con instintos ocultos de la misma, de quienes formamos parte de ella. Defraudó las expectativas de público y crítica, siendo una serie B para algunos, un bodrio pseudo pornográfico para otros y una historia simple para unos cuantos. Sin embargo, para quienes gustamos de su filmografía vemos un guiño del director creando una especie de homenaje a la serie B con un poco de terror, unos cuantos sustos y un par de escenas sensuales que despiertan el morbo.
 
Es una película coral pero cuyo rodaje hoy en día supondría más desembolso para los productores en sueldos, caso de un joven Josh Brolin que lejos de ser el héroe está a la sombra de Elisabeth Shue, un alter ego de la patrullera compañera del agente Murphy que aquí toma las riendas, pone las neuronas y logra finalmente desfacer el entuerto mientras los actores se ven como machos alfa compitiendo por la chica. El competidor y malo de la película es el siempre solvente y confortable a la retina del espectador del Kevin Bacon que logra, una vez más, eclipsar a sus compañeras y compañeros de reparto. Trabajo casi teatral con diálogos de humor soterrado pero coherente con la trama y un final que no gustó a casi nadie pero con trazas gore que harán las delicias de amantes del terror de serie B...

La actriz que nos fascinó desde el primer plano fue Kim Dickens, que atrapa a la cámara y
la retina en un personaje sensual en la frontera del sexy, ese oscuro objeto de deseo morboso donde el director logra que seamos invisibles y sátiros rayando en la crueldad del Kevin Bacon, un científico que es atraído a su lado más oscuro cuando logra descubrir con su equipo la capacidad de hacer invisible al ser humano. Escenario cerrado, con saltos al exterior, tan en boga siguiendo el ejemplo de Alien que crearía escuela en cuanto a terror en espacios cerrados amplios, como una nave espacial o un laboratorio secreto en este caso. Otra protagonista femenina y con redaños, que no se rinde hasta el final y donde realmente lamentas que se muera alguien porque ya no la verás en más secuencias.
 
 
Lo que sí puso a todo el mundo de acuerdo fue en que los efectos especiales eran magníficos para su tiempo pero siguen plenamente vigentes vistos hoy, al servicio de la historia, sin abusar de los mismos pero un protagonista más, de los que te hacen ver la película y sólo al terminar su visionado te paras a pensar en las trucas. La escena de la piscina, la máscara facial e incluso su paso a la visibilidad a través de fases donde se ve la anatomía del cuerpo humano, forjan un todo con actores y guión, satisfacción plenamente vigente tanto para nuevos espectadores como para quienes ya la han visto. Una de esas películas agradables que amas u odias,
pero que son entretenimiento puro, bien hechas y bien planteadas pese a que en su estreno fue bastante denostada. Si os gusta el Verhoeven es imprescindible y está a la altura de otra obra suya incomprendida en su momento como fue Los señores del acero...
Ideal para ver en compañía comiendo palomitas.

jueves, 26 de noviembre de 2020

 

EL PADRINO -Parte III- (1990)
 
Hay películas malditas, entre comillas, que son esperadas con ansia devoradora y cuando llega su estreno resulta que ni acaban de enamorar, como siempre que se espera un amor, ni encandilan ni a crítica ni público, resultando un producto que si bien es imprescindible nunca nos acaba de satisfacer. Pero son también películas que ganan a medida que pasa el tiempo, como si en su estreno la visión quedara miope y despreciamos lo que la envuelve sin fijarnos en los detalles pero que las ves a trozos a lo largo del tiempo, terminando por no volver a verla completa, como amantes despechados; sin embargo llega un día, o una noche como es nuestro caso, y te la tropiezas sin querer para terminar por verla de nuevo de principio a fin con el resultado de que por fin te reconcilias con verdadero amor cinéfilo, que es lo que ocurre con la propuesta de hoy.

Producción de 1990 con la que Francis Ford Coppola cerraba la saga de El Padrino y que había logrado con la parte dos hacer añicos la profecía de que segundas partes nunca fueron buenas, logrando aplauso y taquillas de crítica y público. Desde que se supo de su rodaje las expectativas eran altas y luego se han farfullado todo tipo de argumentos para calificarla de mala parte tres, llegando algún gurú cinematográfico a sugerir que era prescindible, lo que por aquel entonces sumó partidarios de tal teoría. Francis Ford Coppola es de los pocos directores de cine que son tan populares y famosos como las estrellas que dirigen, resultando además rentable en taquilla. Aquí tiene dos dificultades que pesaron en su estreno, un barroquismo que nubla la vista de forma inconsciente en el espectador, esperando quizás los confortables escenarios de la primera y segunda parte. Lo que vemos es el ocaso vital de Michael Corleone como mafioso y jefe de la familia Corleone adornado de hechos históricos como el escándalo de finales de los 70´s en los negocios financieros del Vaticano y la inesperada muerte de Juan Pablo II.
 
Incluso puede parecer algo chusca la producción ya que el escenario físico pasa de la mansión Corleone en Estados Unidos a los rústicos parajes sicilianos. Hay que sumar la turra de la ópera y la presencia de Sofía Coppola, excusa que sirvió de munición a la crítica destructiva y a la que achacaron todos los males, desde pésima actriz a enchufada pasando por inepta para el papel. Sólo la caga a la hora de morirse, que lo hace de puta pena y parece contagiar al resto en la escena cumbre de la tragedia familiar. Sin embargo, su belleza de petroglifo azteca hace al personaje más real, no un bellezón rubio, una feúcha de genes latinos sicilianos y que sabe interpretar las escenas, ñoñas en su estreno y románticas ahora pasado el tiempo, salvo lo de caer mortalmente herida que lo hace fatal....
 
Al Pacino hace una interpretación tan magistral de la decadencia física y moral de Michael Corleone que no se apreció en su estreno. No es sólo los gestos faciales, las miradas marca de la casa tantas veces vistas y asimiladas en cada personaje que interpreta, actúa con todo el cuerpo logrando que sea tan palpable la decrepitud del personaje que causaba repulsa en el espectador y que es sencillamente magistral. Sólo la escena final de anciano nos provoca risas ya que el pelo es peluca, o al menos lo parece, dotando de una gracia obscena al anciano Corleone. Es Al Pacino en estado puro, el que no deja indiferente a nadie y colofón interpretativo del personaje central de la saga, con permiso de Marlon Brando, por supuesto.

Un Andy García en plenitud de belleza varonil aunque con cierto parecido a Manolo
Escobar pero más alto. Ya era una estrella para el público aunque seguía labrando su carrera en el sistema de estrellas de Hollywood que caía bien a las damas y a los caballeros. No desentona con el elenco masculino protagonista de la saga y el público esperaba en su intimidad cinematográfica que resultara un relevo de Al Pacino en una hipotética parte IV que nunca llegó finalmente. Hay que citar al eterno Tuco Benedicto que no es otro que un Eli Wallach en otro de sus personajes mugrientos, cínicos y malvados, aquí más malvado que nunca, donde cambia los andrajos de pistolero por los trajes y corbatas de un capo mafioso, además se muere muy bien comparado con la Sofía Coppola.
 
Pero el director no deja de engarzar en el barroquismo de la película cierta retranca con el personaje de la Diane Keaton, que toda su vida hasta los ovarios de los rollos familiares y mafiosos de los Corleone y tiene que aguantar el ambiente siciliano y hasta cuando ve una función de títeres debe soportar el rollo del honor y demás zarandajas sin faltar visita guiada a la casa del abuelo Corleone. 
 
Diane Keaton logra sólo con su rostro pasar de la pena al dolor saltando por la alegría. Es uno de los engarces al resto de la saga de esta tercera parte, el resto se pierden en el barroquismo como el pueblo de Corleone, la canción que recuerda a la boda siciliana del joven Michael, todo ello envuelto es una atmósfera artificial por la movida con el Vaticano, que el consejero ya no es Robert Duvall y escenarios que no son el asfalto de Nueva York, Las Vegas o la Habana revolucionaria...
Digna de ver, apreciar y saborear el amargo epílogo de Michael Corleone, pese a que la Sofía Coppola se muere fatal.

jueves, 5 de noviembre de 2020

 

OBITUARIO

 

 Por Turno de Noche

 

Sean Connery, actor e intérprete del personaje 007
 
Siempre que fallece una actriz o un actor de cine se va algo propio, toda una memoria vital, y es lo que sucede con la reciente marcha de este mundo de Sean Connery. Popular gracias a su interpretación del personaje 007 pero uno de esos actores de cine que gusta tanto a damiselas como a machos alfa, de los que dan enjundia a una producción y que lejos de encasillarse siempre logran un trabajo lleno de matices donde en apariencia siempre es el mismo pero que visionando su filmografía se agranda su leyenda.
Era un actor que llenaba la pantalla y que logró dotar a James Bond de toda una gama de matices donde, siempre siendo el personaje, supo dotarle de personalidad propia al que sólo Roger Moore pudo darle un nuevo aire sin renunciar al legado interpretativo del personaje de Sean Connery, luego vinieron otros actores encarnando a 007 pero ninguno logró eclipsar a Sean Connery perdiendo siempre en las comparaciones a la vez que la saga caía en los defectos de dar más peso a los efectos especiales y que trataban de igualar la imagen icónica del personaje. Hoy en día el personaje interpretado por Sean Connery sería tildado de patriarcal y machista en sus formas y maneras de ver a las mujeres, pero en el caso de Sean Connery dotaba a 007 de un arte de seducción en aras de cumplir la misión, donde las mujeres se quedaban prendadas por la clase del espía con licencia para matar. Y es que James Bond se movía en ambientes elitistas y sofisticados de su tiempo, un tiempo que hay que ver con los ojos de la época, seductor que siempre lograba satisfacer a la mujer de turno y las seducía con una mirada...
A medida que pasaba el tiempo, las arrugas en su cara, la barba y la mirada siempre se adaptaron a la edad, sin renunciar a la seducción pero que le dotaban de una profundidad gracias al acierto de no querer aparentar menos edad o interpretar personajes que no eran acordes. La caza del Octubre Rojo en su versión cinematográfica es un ejemplo, eclipsando al resto del reparto que se convertían en satélites del personaje principal. Sean Connery podía con un movimiento de ceja, con una mirada de ira, transmitir la profundidad de sus personajes siendo siempre el mismo y logrando que se pasara por taquilla para ver sus trabajos y donde todas las generaciones caíamos rendidos a su aura de actor que enamoraba en la pantalla y quien más y quien menos siempre trató alguna vez de impresionar a una chica al estilo 007...
Descanse en paz.

martes, 3 de noviembre de 2020

 

ALIEN COVENANT (2017)
 
Visionar un nuevo título de la saga de Alien y con el Ridley Scott a los fogones siempre es una de las mejores excusas para aparcar trastos y faena, aprovisionarse de birras, pistachos y el sofá del gerente para disfrutar de cine. Es cierto que en realidad es la continuación de la decepcionante Prometeus y que la saga ha sido estirada como un chicle, que siempre vamos a ver lo mismo con un escenario cerrado y el bicho liquidando uno por uno a los tripulantes de turno, pero si te quedas sin verlas es como si faltara algo en la memoria cinematográfica...
 
La película en sí es bastante castaña con personajes poco perfilados, pero no sin perfilar, alguna que otra incoherencia como que los dos primeros infectados uno sea capaz de aguantar ocho kilómetros asfixiado y parasitado mientras que el otro no es casi capaz de llegar a la nave con mucha menos distancia. Ridley Scott es ya un director con oficio y suple las carencias e incoherencias con un ritmo trepidante que no da tiempo a pensar mucho, pero porque son situaciones ya vistas en anteriores entregas, confortable para espectadores y críticos de cine, pero castaña para quienes somos de gustos sibaritas. El reparto es coral sin nadie de protagonista destacado pero sí destaca lo mejor que no es otro que el Michael Fassbinder mostrando la evolución de un personaje clásico como es el sintético, pese a que no sea más que una actualización del primer título teniendo de antagonista a la actualización del sintético de la segunda película de la saga.
 
El argumento está ya más que trillado, una nave interestelar con tripulación hibernada que despierta antes de tiempo y que captan una señal de socorro. La variante es que se trata de una misión colonizadora con un cargamento de colonos hibernados y unos cuantos embriones. La mayor incongruencia es la nave en sí que raya en el absurdo cuando la hacen descender en la atmósfera del planeta de turno pese a no soportar el trajín. Hay variantes del bicho, hay variante en la forma de contaminarse pero se repite todo de todos los títulos de la saga...
 
Pero el sintético es distinto y un acierto que el Fassbinder haga doblete, aunque la sorpresa
final se sabe desde el segundo uno cuando ambos se enfrentan a muerte. El sintético de Prometeus ha evolucionado su ego a base de soledad, jugar a ser dios creando variantes del bicho y que llega a la conclusión de que falta una madre biológica para culminar su obra creadora que precisa de contenedores biológicos humanos para que sea perfecta. El de la nave de colonos es un sintético al que han pulido las aristas de su antecesor, más sensible y que se pregunta quién ha creado a su creador. Uno de esos rollos filosóficos con los que el Ridley Scott adorna sus películas a costa de plantear novedades que no sean refritos de la saga. Pero el sintético nuevo sabe discernir que su creador es humano y está al servicio de la misión y de los humanos, que capta que su colega ha caído en la locura y que en realidad sólo es un psicópata camuflado de creador de vida.
 
Decepcionante de manera casi constante, no hay sustos ni hay nada que sobresalga por encima del rollo de los sintéticos. El tema de mandos de la nave se despacha con infinitas pantallas, las armas son demasiado actuales y el final es el de siempre que lo mismo vale para final con intriga a gusto del espectador pero también sirve de final abierto por si la cosa funciona en taquilla y se tercia estirar un poco más el chicle. Un título más de la saga que por si misma es una mierda y que dentro de la saga huele a refrito remezclando cosas ya vistas que no sorprenden a nadie salvo a las sufridas tripulaciones de turno que nunca ganan para sustos y traumática muerte de sus miembros aunque mate al respetable de aburrimiento.

viernes, 23 de octubre de 2020

 

A LA CAZA (1980)
(Cruising)
 
Hay todo un subgénero dentro del cine policiaco que no es otro que el de los topos o infiltrados, agentes honestos de policía que aspiran a tener un sitio como inspectores de paisano, alejarse de las patrullas a pie y de la inmundicia de las calles para pasar a resolver asesinatos. Y si hay un actor representante del subgénero, sin duda Al Pacino es el referente, todos recuerdan Sérpico pero también la propuesta de hoy, producción de 1980 pero con la textura, el color y la sordidez de las pelis de los 70´s. Es además un fresco, una cápsula del tiempo donde vemos de fondo desfilar las calles y la sociedad de la década ya pasada en la fecha de su estreno...

Es una película que fue no muy bien tratada por la crítica y quienes la vieron en su estreno,
o en vídeo posteriormente, la recuerdan con cierta aspereza aunque vista hoy en día se aprecia una película que trata de la sordidez del ser humano. Al Pacino interpreta a un joven agente de policía que aspira en secreto a lograr la placa dorada de inspector. Llamado por su superior, un decente policía que sabe que está rodeado de mierda con agentes de patrulla que extorsionan a maricas para que se la chupen en el coche patrulla. Porque estamos en 1980 pero la sociedad no aceptaba la homosexualidad y los jefes de policía no dan crédito a testimonios de maricas, se les interroga sin piedad en busca de la verdad, se les llama casi a escondidas para que den chivatazos, pero son considerados como enfermos que cometen actos atroces y depravados sin saber cómo ni porqué, porque son maricas, se les tolera en sus barrios, en sus bares de ambiente, pero son ciudadanos de segunda a ojos de la Ley.
 
El joven agente convertido en topo debe infiltrarse en el ambiente de los homosexuales a los que les va el rollo sado y masoquista, de chupas de cuero, látigos y gorras de policía. Se han cometido una serie de asesinatos y aparición de cuerpos desmembrados flotando en el río, pero el superior y reclutador de Al Pacino está convencido con olfato de sabueso de que todos los crímenes están relacionados, que puede que sean maricas las víctimas, pero hay un asesino suelto en la ciudad y tanto su puesto como el de su mentor político dentro del cuerpo dependen, antes de las elecciones, de que Al Pacino logré dar caza al asesino de maricas...

La película es desde el principio sin concesiones, el ambiente sado-maso se muestra como
bacanales romanas, puños con vaselina, mamadas y pezones pellizcados, para el joven detective supone un mundo nuevo pero durante el día descubre que los homosexuales tienen vida propia como él, con sueños de futuro, parejas sentimentales que no les comprenden, pero al llegar la noche, cuando debe infiltrarse, poco a poco le cambia, le supera y sin embargo algo le atrae, no puede evitar su instinto de policía aunque por el camino se quede su relación de pareja. Un gran Al Pacino que logra una interpretación solvente, su rostro ligeramente maquillado, sus contoneos con el pañuelo rojo en el bolsillo trasero, su iniciación cuando no puede evitar por más tiempo que alguien le saque a bailar, pero a cada nuevo día, algo de él se rompe.
 
Firme pulso de dirección de Willian Friedkin así como de Paul Sorbino cuyo rostro al final nos llena de su congoja e incertidumbre cuando, detenido el psicópata, aparece otro marica brutalmente asesinado. Película sin el glamour de otras posteriores dentro del subgénero donde Al Pacino no recuerda para nada a Sérpico salvo en cierto idealismo común a todos los dispuestos a ser topo. También una óptica de cómo se veía la homosexualidad, el confortable escenario de la ciudad de Nueva York y un reparto solvente a su vez. Carece de acción trepidante y tiroteos, peleas o mamporros. Hay planos, escenas, diálogos que logran condensar una infinidad de matices que no se supieron apreciar ni valorar en su estreno. Por supuesto es imprescindible si os gusta Al Pacino como actor que ya mostraba entonces todos los valores interpretativos que le han hecho, además de estrella de Hollywood, un actor que nunca defrauda, que puede que alguna película no nos haya gustado, pero no por él que una vez más lograr dar a una película un toque de excelencia que la convierte en una pequeña joyita a descubrir.
 
Ideal para la juventud del siglo XXI y que sepan que la libertad que ahora se disfruta en la sexualidad es un bien y un logro que deben mantener pero también recordar cuando eran ciudadanos de tercera y condenados y condenadas quienes eran no heteros a las catacumbas de la nocturnidad y la clandestinidad...
Ideal para ver ahora que hasta el Papa reconoce el derecho a las uniones de parejas homosexuales y que, aunque ahora vivimos tiempos de incertidumbre y turbulencias, hemos avanzado y mejorado desde 1980.

martes, 29 de septiembre de 2020

 

BLOOD FATHER (2016)

 

Hay dos maneras de ver cine francés: no verla directamente sin más contemplaciones o no saber que es franchute hasta después de degustarla. Es lo que nos ha ocurrido con esta película donde fue ver al Mel Gibson, que hay que ver sus trabajos aunque sean ñoñas bazofias pseudomísticas en ocasiones, pero sobre todo cuando vimos a Erin Moriarte, sencillamente arrojamos los trastos de faena y entre aullidos de machos alfa nos dispusimos a disfrutar lo que a priori parecía una historia interesante, una estrella de Hollywood y una damisela que nos encandiló hasta el fin del metraje dejando al resto de secundarios porque sólo queríamos contemplar otro plano de Erin Moriarty...

 

Lo cierto es que al terminar el visionado pensamos que estábamos ante otra dirección del

Mel Gibson porque la trama es buena a priori, donde un ex-presidiario y ex-alcohólico que malvive respetando la condicional en una comuna de caravanas varadas en el desierto donde simulan cierto grado de sociedad y solidaridad; pero surge de pronto su hija, ya convertida en mujer aunque siga siendo, conservando, cierta inocencia y que ha matado a su novio que era un coloquetas y traficante que para ponerla a prueba le ordenó matar pero prefirió matarlo a él. Niña pija convertida en asesina y perseguida por los narcos mexicanos para los que trabajaba su novio. Pero toda la película tiene cierta pátina edulcorante, tan del gusto del Mel Gibson director. Lo mejor que podemos decir, tanto de la producción como del director, es que no se nota que sean franchutes, lo cual para una película francesa es todo un halago.

 

Mel Gibson es solvente y la primera parte de su personaje sabe transmitir una tensión contenida, la del tipo duro a base de no irse de la lengua en el trullo y siendo leal soldado de la hermandad blanca de turno en la cárcel. Cuando se quita las greñas y se viste de forma que parece un abogado, la cosa ya degenera a cosas ya vistas, pero sucede en todo el metraje porque lo que nos muestra lo hemos visto en otras películas, pero tanto Mel Gibson como Michael Parks, genial como subproducto del sistema donde su pasado en Vietnam en su único momento de gloria, ya viejo y de vuelta de todo trapicheando con mercadotecnia nazi de tapadera de su negocio como narco, salvan los trastos. El resto del reparto tiene igual solvencia pero estos dos se comen el plano y vuelve reconfortante el visionado, pero porque no sabíamos que era francesa, que conste...

 

Y luego está Erin Moriarty que está sensualmente bella, seductoramente hermosa pero

contenida en los matices de la personalidad del personaje que se manifiestan en sus mohines, una sonrisa, una mirada entre pícara de veterana ya de la vida pero adolescente que busca en su padre la seguridad que necesita para afrontar la realidad. Está fermosa de pelo oscuro, donde sudamos tinta cuando vacila a los moteros pensando que van a violentarla por inocente pero que sorprende a su padre toreando a los salidos del tugurio de moteros logrando la información que buscaban.

 

Si no es por ella y los aportes de solvencia de Mel Gibson podría haber sido una castaña

francesa más imitando a Hollywood, pero resulta un producto correcto que si bien no enamora tampoco defrauda demasiado pese a tomar cosas de otras, el fetichismo carcelario de EEUU que tanto fascina en el resto del mundo, los narcos sureños, los hermanados arios y todas esas cosas que hacen distintos los parajes estadounidenses...

Pero Erin Moriarty está preciosa, aunque la peli sea franchute.

sábado, 12 de septiembre de 2020

 

GUARDIANES DE LA GALAXIA Vol. 2 (2017)
 
Nos cuidamos mucho de apartar los trastos y las faenas del turno de noche ante el visionado de segundas partes, pero seguimos picando como antaño cuando un estreno era un éxito de taquilla y se esperaba con ansia la segunda parte que siempre solían ser decepcionantes. Pero nos encantó la primera de Guardianes de la Galaxia con, ésta sí, hechuras de producto cinematográfico por el que merece pasar por taquilla, una historia de cómic de ciencia ficción rodado con ritmo, que sorprendía cada pocos minutos y que jugaba con la nostalgia de los 80´s musicales pero también con efectos especiales al servicio de la historia donde sólo nos chirriaba el rollo del dios Tanos. Así que cuando vimos la oportunidad de visionar la segunda parte sencillamente nos pusimos cómodos y aparcamos, linterna, caja de herramientas y mocho para disfrutar...
 
El elenco principal repite siendo la novedad ver al Kurt Russel en uno de sus escasos papeles donde le hinchan la cara a hostias, aquí es un poderoso ser que resulta padre del protagonista y da pie a mostrar los orígenes de los personajes. El mundo fosforito de universo de gominolas y pompas es previsible en su realidad y la trama paternal lastra el resto del metraje donde, sin llegar a defraudar las expectativas, sí que decepciona un poco comparada con la primera. Suena a algo ya visto, previsibles los desenlaces. El mejor vuelve a ser Groot, convertido en un retoño de árbol que es uno de los nuevos ganchos que enganchan al espectador, ya saturado tras media hora del rollo del Kurt Russel que parece sencillamente no creerse su personaje. Cantan algo los efectos digitales por abuso de escenas de falso horizonte pero quien nos enganchó a tragarla entera sin rechistar, sin reproches de defraudados enamorados de la primera: Nébula.
 
Dañina, perversa, cruel y con un erótico desasosiego cada vez que abría la boca, ya nos llamó la atención en la primera, subordinada a ser una de las malas de la historia, pero con cierto morbo sensual en su extraño cuerpo mitad carne y mitad metal. Pues resulta que todo era culpa de su padre que la hacía pelearse con su verde hermana y cada vez que perdía, que era siempre, su padre le arrancaba algo de su cuerpo para mejorarla en combate. Karen Gillan transmite con su mirada una sensualidad morbosa sobre el espectador. Dota a su personaje de personalidad propia en la mirada, al moverse, al reaccionar por instinto en el combate. Nos ha encantado y un acierto haber prolongado su trama, creíble y acorde a la historia sin caer en la ordinariez en que caen otros títulos en estos casos...
 
Si os gustó la primera hay que verla pero preparados de antemano para ver casi una precuela más que una secuela pero necesario para que la saga pueda fluir. Es entretenimiento, un muy buen producto cinematográfico y uno de los títulos que están a la altura del original. Chirría lo de la personalidad divina del personaje principal y hasta el mapache está como apagado limitado a ser un cascarrabias. De la tipa con antenas, bueno, mejor sin comentarios y se admite actriz de rasgos orientales como papel de sensitiva, que siempre viene bien al grupo. Hay breves instantes en que parece que estamos viendo otra de los cuatro que eran fantásticos, canta el rollo divino y el planeta de ensueño produce náuseas por infantiloide, pero prometen al final que la cosa sigue y nos tomamos esta segunda parte como un necesario capítulo de transición...
¡Y eso que el brazo metálico de Nébula parece un peligro para el miembro viril!

viernes, 28 de agosto de 2020

 

EL PRINCIPIANTE (1990)
 
Qué mejor para despedir el cine de verano que una del Clint Eastwood denostada por la crítica e incomprendida en taquilla en la que puede ser tildada de una de sus películas más comerciales, elenco de actores y actrices principales magníficamente escudados por el reparto secundario plagado de confortables rostros culpables para la retina y vehículo de promoción para actor y actriz del momento como la siempre inquietante y perturbadora belleza de Sonia Braga y un algo, por entonces, coloquetas del Charlie Sheen o la presencia de Raul Julia...
 
La crítica en 1990 seguía viendo al Eastwood como un actor rentable en taquilla que se creía director rodando panfletos pseudofascistas de violencia y justicia policial con métodos políticamente incorrectos. Lo más suave que se dijo era que todo era un refrito de cosas ya vistas en otros metrajes y sin emoción ni chicha ni limoná, el público no se encontró lo que esperaba como esperaba pero de aquella no se llevaba lo del cómic cinematográfico y esta película, sin pretenderlo en 1990, pues gana enteros con el paso de los años para convertirse en un entretenido cómic cinematográfico con toques de comedia porque el Eastwood, mostrando como director lo que parece un refrito, es en realidad un homenaje con toques de pareja de personalidades encontradas, una mirada irónica al cine policíaco sin caer en los efectismos del cine de acción que se llevaba entonces, pero sigue siendo una película incomprendida porque Eastwood sorprende riéndose de sí mismo y riéndose un poco del género.
 
Charlie Sheen no terminaba de germinar como estrella y seguía viviendo del personaje de Platoon pese a tener buenos papeles. Sonia Braga estaba en plena promoción de su carrera Hollywoodiense explotando su faceta sensual y protagonizando una deliciosa escena de violación de un maniatado Eastwood y amenazado con una amenazadora cuchilla de afeitar para castrar sin piedad si no se le levanta. La escena conserva toda su frescura y sigue siendo un ejemplo de rodar una escena de alto contenido sexual, erótico para sibaritas, sin caer en mostrar zonas del cuerpo de forma brusca, mostrar pechamen con calzador o demás típicas escenas que han sustituido a las llamas de una chimenea. Sonia Braga se baja la ídem y con el simple contoneo de piernas nos transmite su enfermiza ansia de orgasmo con un sumiso. No hace un papel promocional y su personaje es fundamental y demuestra el buen ojo del Eastwood para jugar con los instintos de un macho alfa, porque lo de que te la corten con una cuchilla de afeitar siempre nos da grima...
 
La película puede no gustar si se es seguidor del Clint Eastwood y se espera sus típicos roles de tipo duro pero sensible, pero quienes gustamos del Clint Eastwood cineasta que aprendía de cada nuevo rodaje, que siempre supo dar esa tecla que se espera de tu actor o actores favoritos sí sabemos paladear al Clint Eastwood que se ríe de sí mismo y cumple con la tarea encomendada. La película es lucimiento del reparto y si bien es cierto que la historia está trillada o resulta previsible si no se valora la forma de contarlo, lo que realmente falla una vez más es la presencia de Lara Flynn Boile, que no se le niegan sus méritos en series televisivas pero que cada vez que rodaba una película era algo gafe para la taquilla. Es el único personaje que cuesta digerir y que tiene su momento de gloria cuando mata al malo pero ni siquiera es creíble en ese papel...
 
Previsible, anómala o simplemente un fiasco, pero vista hoy refresca mucho y si os gusta el Clint Eastwood pasa como con la manteca de cacahuete, que si vas ciego te parece mierda y si tienes hambre es un auténtico manjar.

sábado, 22 de agosto de 2020

 

MAD MAX (2015)
-Furia en la carretera-
 
Si la película se titula Mad Max, la dirige el tipo que dirigió las tres de la saga Mad Max y el protagonista se llama Mad Max, pues resulta que no se trata de una película de Mad Max, en parte porque el Mel Gibson siempre será el único y genuino Mad Max y en parte porque uno de los aciertos es que las similitudes con la saga original se queda en el nombre del protagonista masculino y unos cuantos cameos de objetos de la saga en forma de homenaje y guiños a las y los espectadores seguidores de la saga. Pero pese a los miedos de encontrarnos un refrito actualizado y podre como otras actualizaciones de otros títulos de los 80´s, no dudamos apenas un instante en aparcar los trastos de faena, dejar las tareas para los pringaos del turno de día y dispusimos los consabidos pistachos, ganchitos, palomitas y birras para disfrutar de Mad Max...
 
George Miller dirige con soltura lo que podría ser un anexo, un cómic visual lo es sin duda, en el mundo post apocalíptico pero a diferencia de la saga aquí es un mundo con restos de tecnología pero sin horizontes, no hay una Sidney a oscuras donde brillan las hogueras de generaciones contando a otras la historia, no hay negociudades con simulacros de sociedad, hay un dictador de tinte norcoreano en sus gustos de ordeñar matronas, preñar vírgenes, adoctrinar en el culto al paraiso del guerrero a la juventud y jugar a ser dios inmortal porque controla la única fuente de agua potable en mil kilómetros a la redonda si no eran más, porque el desierto es omnipresente aunque chirría el páramo helado y oscuro más de una película de espadas y dragones que de los páramos del mundo post nuclear...
 
El comienzo es un frenesí tras una somera presentación del reino del malo de turno, un tipo enmascarado y de aspecto harto repugnante rodeado de una corte de psicópatas fanáticos y una plebe a la que domina por medio del control del agua potable. No le falta un arsenal de vehículos restos de otros canibalizados. Lo cierto es que nos preguntamos a posteriori de dónde sacaban esas motazos y cochazos si el mundo que se nos presenta es bastante retrasado tecnológicamente, pero te lo preguntas al final del metraje porque el protagonista, Max, vive un sin vivir y un no parar ya sea como mascarón donante de sangre fresca, de apurado en apuros desconcertado ante la Charlize Theron y su muñón en lugar de brazo. Tom Haldy cumple el trámite porque no es una imitación de la interpretación del Mel Gibson y porque este Max no es Mad Max, es un superviviente que sabe que tras el horizonte sólo hay más páramo pero que ve un atisbo de humanidad que tal vez le redima de lo que es...
 
Y jamás un muñón fue tan sexy ni Charlize Theron tan sensual en un personaje áspero con cara de malas pulgas, de aspecto masculinizado que no apaga su mirada que enamora a la cámara y nos hizo soltar alaridos de machos alfa y lluvia de pistachos a la pantalla cada vez que el plano de su mirada eclipsaba al resto. Parece un papel lineal como el de su pareja masculina protagonista, pero sabe darle toques humanos a un personaje duro, forjado en la esclavitud y la brutalidad pero que sueña con regresar a su hogar de mujeres libres y un vergel verde por paisaje aunque sólo para despertar en la dura realidad del páramo...
 
Pero el que nos gustó y encantó es un apenas conocido por estos lares del Nicholas Hoult en un personaje que es un miembro de las juventudes hitlerianas, versión páramo post nuclear, que adora a su jefe de tribu como si fuera Dios y que busca morir para ser eterno en el paraiso de las juventudes hitlerianas versión páramo post nuclear y que le recuerden por su hazaña cual kamikaze convertido en flor de cerezo tras su muerte en combate. Pero es un personaje profundo que el truhán del George Miller nos cuela como que no es la cosa. Vive una transformación que la interpretación a base de miradas con o sin levantamiento de cejas, muecas con la boca y miradas penetrantes con toques de mimo dota a un personaje secundario en personaje principal donde se siente que tenga que morir...
 
Si comparamos la película con la saga, sale perdiendo porque sólo sería la persecución del camión de gasolina de la segunda película de la saga pero es que sencillamente es algo distinto en el mismo mundo. Es una película que hay que ver como comic visual o película con estética de videojuego donde ofrece lo que se espera pero defrauda si se espera algo. Hay que olvidar a Mel Gibson y la saga para recibir sin prejuicios ni falsas esperanzas lo que es una película de acción en persecución con guiños al espectador y un producto que te deja indiferente cuando termina. Te quedas con la Theron y su muñón, una noche de amor con su prótesis puede ser de amputación traumática del miembro viril, y te preguntas donde hacen el mantenimiento de los vehículos. No hay florituras filosóficas de Arcadias futuras y sí muchos mamporros, trastazos y hostiazos...
Al menos los volantes están en el lado correcto si no eres australiano.
 

jueves, 6 de agosto de 2020

 

THE EQUALIZER (2014)
 
Nos gustó la inquietante Training Day y entre las calurosas noches de agosto y que los suplentes de vacaciones no rechistan por miedo a que no les metan en la bolsa de trabajo, aparcamos los bártulos para el visionado de otra peli del Antoine Fuqua y con el Denzel Washington de nuevo de protagonista aunque en esta ocasión es el bueno y no el depravado y corrupto oficial de policía en narcóticos de la mencionada primeramente. El resultado es la sorpresa de encontrarnos con un título dentro del subgénero de justicieros, de hombre de pasado desconocido que comienza una nueva vida y que por diversas circunstancias acaba siendo un justiciero de la noche. Lejos de ser una serie B al estilo de los justicieros de los 80´s, es una película con pátina de gran producción y tal vez injustamente tratada por la crítica...
 
La saga de justicieros nocturnos y urbanos tiene unas reglas no escritas que logra que, quienes gustamos del subgénero, veamos una buena película de justicieros y los que no, ven una castaña. Aquí al menos nos ahorran la típica motivación de que hayan violado y asesinado a su mujer y retoños, aquí vemos a un anodino y casi autista honrado trabajador de un centro comercial en el departamento de carpintería y bricolage. Gusta de leer un libro mientras toma un café y conoce a una joven descarriada que ejerce la prostitución. Entablan amistad fingiendo normalidad hasta que la cruda realidad aparece en forma de mafiosos proxenetas que dan un castigo ejemplar a sus compañeras explotadas y le meten una soberana paliza que la lleva al hospital. Denzel sabe que vive en un mundo de mierda porque lo que nadie sospecha es que es un subproducto de la Guerra Fría, de operaciones encubiertas donde matar es normal y decide que si bien no puede salvar al mundo, a la ciudad y a sí mismo pese a su fachada de honrado currante, decide hacer justicia para quienes conoce...
 
El malo de turno es la mafia rusa, una mafia rusa que come el terreno a las mafias habituales y oriundas como los irlandeses. Son rusos de malas caras, acostumbrados a la violencia pero Denzel ajusta cuentas sin desangrarse y el jefe mafioso de Moscú envía a su especialista en resolver entuertos de mafiosos. Un Marton Csokas que infunde a su personaje el contrapunto y reverso del espejo del personaje asesino de Denzel. Infancia sufriendo los rigores del añejo sistema soviético, adoptado con cinco hermanastros y ante el temor de perder el cariño de sus padres adoptivos decide matarlos a todos comenzando su carrera de asesino de la mafia rusa. Pero meterse con Denzel en el centro comercial y en su sección de bricolage brinda un festín de eliminaciones traumáticas con objetos a la venta, desde el basto y brutal mazo de cinco kilos a la inefable clavadora de clavos pasando por el alambre de cercar.
 
Digna película representante del subgénero que cumple los cánones del mismo, un buen pulso de dirección con esa magia de prestidigitador del Fuqua, de la que ya hizo gala en Training Day. Como estrella consagrada que es de Hollywood el Denzel sale en todos los planos con buena réplica del Csokas y los actores secundarios Bob tienen pinta de rusos, fuman como rusos y se mueren como rusos. El plantel femenino es anecdótico y el erotismo se reduce a ver a la chica tomando un café. Para frikis de los homenajes decir que hay varios pero nos quedamos con el homenaje a Marlon Brando en Apocalypse Now cuando el personaje de Denzel Washington habla con el villano del Csokas apagando y encendiendo la lámpara recordando al eterno coronel Kurtz...
De esas películas que ves una vez y ya no vuelves a verlas más que de pascua en ramos.
 

jueves, 30 de julio de 2020

 

SICARIO (2015)

 

Hay noches en que el curro no permite tiempo para ver una película completa, ya sea porque hay curro fuera de la rutina nocturna o bien que la película sea una castaña y sea preferible estar currando que ver un bodrio cinematográfico. Con esta película nos ocurrió la primera y sólo pudimos apreciar el inicio y le sumas que el director está de actualidad por que firma la nueva versión de Dune. Plantel solvente tanto a nivel de popularidad como de taquilla con el Josh Brolin y un Benicio del Toro sin olvidar la turbadora belleza de Emily Blunt. Además lo del turno de día son suplentes por vacaciones y nada mejor que dejarles también la tarea nocturna y así se foguean y cogen experiencia laboral...

 

El canadiense Denis Villeneuve dirige con solvencia el guión de Taylor Sheridan. Director solvente que se gana un sitio en la industria, solvente para los productores que ven plasmadas sus directrices, solvencia con el público que paga por un muy correcto producto cinematográfico y solvencia a la hora de dar espectáculo cogiendo un poco de Traffic, un poco de hazañas bélicas en los desiertos de Afganistán, un moderno y crepuscular western en su variante fronteriza donde los caballos son ahora imponentes autos y furgonetas , los trenes de las praderas son túneles clandestinos que permiten el paso de droga de un lado a otro de la frontera y los indios son los ciudadanos y los vaqueros honestos representantes de la ley. Que el Villeneuve no haya hecho una castaña dice mucho de su grado ascendente en el oficio pero sin embargo falla algo...
 
Y falla lo inevitable, con duros veteranos reconvertidos a ejecutores de operativos clandestinos, la prota se debate en tribulaciones sobre si lo correcto consigue más en la lucha contra las drogas que si se hace lo incorrecto e ilegal. Aquí el rostro de Emily Blunt es apropiado pero la actriz defiende su interpretación y la dota de matices que no dejan de ser muecas en su rostro, un personaje que se debate entre ser una mujer rodeada de aguerridos machos alfa, soportar las burlas de cómo le queda el sujetador y ligues que fracasan. Como le escupe el Benicio, no es una loba y ahora la frontera es tierra de lobos. Al menos no vemos la típica protagonista que para estar a la altura de los machos alfa tiene aires de marimacho, pero su rostro y las tribulaciones de su personaje no le permiten quitar la cara avinagrada en todo el metraje.

 

Falla el bueno del Josh Brolin por demérito de un personaje que seguramente nunca llora sino que suda y que mea napalm cuando se levanta, ya sea en la cama, la parte de atrás de una furgoneta o en sofá de un avión. Encorsetado en tópicos de tipo duro que se le empalma cuando hay fregao y que cuando quiere consolarte te llama imbécil y te da una patada en el culo, verbalmente en este caso. El Brolin hace lo que puede pero resulta una interpretación de muecas y miradas más digna de Michael Keaton, pero nos gusta haga lo que haga y gana peso de estrella en cada trabajo...

 

Lo más interesante del batiburrillo de pinceladas que componen la trama es la historia del Benicio del Toro, un tipo que hace una y otra vez el personaje de mexicano honesto entre corruptos pero logra dar personalidad y peso al resultado final. La escena con el narco y su familia en la cena es fantástica, cruel, rápida y dolorosa. En conjunto, incluyendo visión subjetiva con gafas
de visión nocturna, es una película que se deja ver y se ve aunque a veces la mente se te vaya por peteneras y al final queda esa agridulce sensación de que le falta algo,
esa chispa que te hace enamorarte, pero como buena película de frontera es áspera, los malos tienen familia, sentimientos y los buenos tienen dudas, tienen miedo...

Hay que verla pero nos deja insatisfechos del resultado final.

martes, 21 de julio de 2020

 

TRAICIÓN SIN LÍMITES (1987)

 

No se podía dejar pasar la oportunidad de visionar una película dirigida por el siempre solvente del Walter Hill, con un pletórico Nick Nolte en duelo interpretativo con Powers Boothe y la presencia de María Conchita Alonso cuando se abría paso en Hollywood sin olvidar el guión basado en una historia escrita por John Milius y Fred Rexer y la producción de la mítica Carolco Entertainment. Es además una película que soporta el paso del tiempo y se deja ver. Si la palma, en lo que a narcotráfico se refiere en su estreno, se la llevaba Pablo Escobar, esta película ya hablaba de la incipiente escalada de entrada de droga procedente de México y de paletos granjeros que se dedicaban a cruzar la frontera con alijos de droga para no perder sus granjas ganando dinero de una manera rápida...

 

Un rudo y honesto sheriff de una localidad fronteriza con México que se ha convertido en una cloaca donde impera el tráfico y venta de droga con la consiguiente violencia entre bandas por ajustes de cuentas. Un tipo atribulado porque su muy mejor amigo de la infancia con el que iba a cazar venados, y que hasta perdieron la virginidad a la vez en un granero con la misma chica, era ahora un narcotraficante sin escrúpulos. Encima el sheriff tiene una relación sentimental con la que fuera primero chica de su corrompido amigo de infancia y adolescencia, con horarios incompatibles para un sheriff de Texas y una cantante en garitos de pachucos, casi una tragedia griega y subgénero de película de frontera crepuscular de realismo gris, los malos lo son por las circunstancias, antiguos niños compañeros de juegos pero corrompidos por la influencia del narcotráfico...

 

Por otra parte llega a la localidad un grupo de veteranos de operaciones encubiertas en los escenarios de la Guerra Fría y que oficialmente el Pentágono ha declarado muertos en combate con sus restos inidentificables enterrados. Su jefe es un oficial oficialmente muerto durante la evacuación de Saigón que les dirige en una operación de hacerse con documentos del narcotraficante amigo del sheriff vitales para la seguridad nacional. El plan es simular un atraco al banco el día que se ingresan los maletines con la recaudación del narcotraficante para ocultar el robo de documentos por el robo del dinero a ingresar. Veteranos que se preguntan porqué una operación en su país donde puede haber muertes, que no dudan de su jefe, irónicos y descreídos que saben hacer su oficio pero ya no creen del todo en lo que hacen.

 

En otras manos y otro reparto hubiera salido una castaña, pero son pequeñas historias dentro de la historia principal, sin ñoñeces, de cuerpos que transpiran y ropa sudada, violencia rápida y cruel sin tiempo a tiroteos espectaculares, son cortos y letales, de ambiente duro de frontera donde los sueños se olvidan. Un conjunto donde el Nolte dota de sensibilidad un rostro pétreo, el del tipo normal que debe ser duro en su trabajo sin tiempo a arrumacos y cucamonas con su chica, aún amigo de quien lo era suyo pero sabedor de que deberán enfrentarse a muerte siendo la chica una pieza más de la apuesta pese a que el viejo amigo se ha vuelto loco y paranoico, solitario entre su chusma de ejército privado al que viste como bandoleros de Pancho Villa. Pero sólo el sheriff conserva la ilusión que ya se ha evaporado en las vidas del narco y de los miembros del comando...

 

Pese a que el personaje de María Conchita Alonso es metido con calzador para disimular su promoción dentro del sistema de Hollywood aunque vital en la historia entre los dos amigos, hipnotiza a la cámara y la escena en que enseña tetas saliendo de la ducha encaja de forma natural y no forzada como sucede en otros casos con otras actrices. Dota al personaje de entidad propia y es buena compañera de plano del Nick Nolte. Michael Ironside hace otro de sus personajes cínicos que te pueden joder la existencia sin que lo sospeches y los secundarios con sus matices dejan de ser tales en una película que termina siendo coral en su conjunto, acierto tanto del director como del guión que el espectador agradece...

Para recordar si hace tiempo que no la veis y para descubrir para las nuevas generaciones digitales.

jueves, 2 de julio de 2020

 

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS (2015)

 

Hay películas cuyo conjunto artístico y temática nos atraen como moscas, dentro de los gustos de cada una y cada uno por supuesto. Para el equipo de cata cinematográfica del turno de noche que nos pongan una película con el Spielberg a los mandos de la dirección, el Tom Hanks de rutilante estrella protagonista, un Oscar al mejor actor de reparto, género de espías ambientada en el Berlín de la construcción del Muro y el derribo del U2 de Gary Powers y basada en hechos reales y que dura más de dos horas, fue fichar y ni pasar por el vestuario, directamente nos hicimos con birras, pistachos y cuenco de palomitas porque estaba claro que habría tertulia hasta la hora de fichar para salir...
 
A estas alturas de su historial no es que esperemos mucho del Spielberg acomodado a películas gazmoñas que cubren gastos dejando propinas de buena taquilla gracias a un público que creció con su época dorada y ahora llevan a sus retoños, películas blancas que sin renunciar al realismo ni culpar a nadie siempre son agradables de ver y la crítica le prodiga premios y reconocimientos. Cuando empezó y en su época de los 80´s, Spielberg hacía películas que veían la juventud y recomendaban a sus padres, ahora son los padres quienes esperan sus estrenos y recomiendan a sus hijos. Pero hay que ver sus obras aunque luego defrauden un poco pero no es demérito del producto final, es que Spielberg ahora rueda buenas películas con todas las virtudes de su estilo pero no enamoran, ya no nos enamora como antes y asistimos a sus estrenos, con algunos años de retraso, para verle en su oficio, recordar su juventud y resignarnos a las ñoñeces que ambienta ésta su etapa actual.

 

Tom Hanks es el reverso anglosajón de Alfredo Landa a medida que cumple años. Se desenvuelve en la comedia y el drama a partes iguales, llena la pantalla con su rostro y sabe sacar cualquier emoción que requiera el personaje. Aquí hace un ejercicio de interpretación donde saca a refrescar su vena de comedia, género que dominó en sus inicios, pero la combina con su vena dramática. Su rostro, con el paso de los años y asumiendo que es inevitable, Tom Hanks logra estar conversando seriamente y que su rostro refleje a lo lado de la conversación con simples y sutiles muecas y arrugas en el ceño imprimir la ironía, el sarcasmo, la verdad y el riesgo que siente el personaje cuando conversa. Nos ha encantado, se le ama y se le consiente lo que sea, y otra cosa es que luego nos guste más o menos la película en conjunto.

 

El otro pilar interpretativo es el galardonado por su trabajo del Mark Rilance, un trabajo casi de mimo ya que su gestualidad dota de melancolía rusa a su personaje. Es casi un trabajo teatral que se agradece en estos tiempos de cromas y efectos digitales como base de la interpretación. No es fácil dotar de personalidad a un perfil de personaje que se muestra casi autista ante los acontecimientos, de fatalidad existencial cuando sabe que si le reciben los suyos con un abrazo será que reconocen su trabajo pero si le meten al asiento trasero será que le espera un duro interrogatorio y puede que el gulag en el mejor de los casos. Un ciudadano soviético que se sacrifica por la gran madre patria...

 

La historia permite a Spielberg jugar tanto como con la época como con la ambientación plasmando imágenes icónicas del Muro aunque con algunas licencias. Lo malo es que para quienes la Guerra Fría está en las mismas coordenadas que las guerras púnicas se quedarán sin captar los matices que hacen confortable la película. Para aficionados al cine y la literatura de espías de la Guerra Fría echarán en falta más acción de espionaje y menos rollo de temática judicial. Da la impresión de que Spielberg ha comprimido la historia. Hay un claro mensaje de que la Justicia en EEUU es tal incluso para sus enemigos, con un juez que es claramente anticomunista pero que por sorpresa conmuta la pena de la silla eléctrica por espionaje. El otro puntal es el gremio de abogacía que aunque sean abogados de éxito en lo suyo, se ponen al servicio de la justa justicia. Un truco del Spielberg que chirría un poco. Otra cosa que chirría es el tema de la preparación de pilotos de U2 que no es ni verídica ni creíble...

 

Película con sitio propio dentro del género, un estertor toda vez que todo un género de espías se acabó con el colapso de la URSS. Nos queda la sensación de que podría haber salido mejor y es el precio de tener el favor de público y crítica: falta de frescura, falta de las sorpresas que nos enamoraron del Spielberg y le queda pendiente esa película de genero bélico que sorprenda y enamore como lo hizo En busca del arca perdida o El color púrpura. Película para amantes del género, buen producto de entretenimiento y reiterar esa sensación de que una vez más el Spielberg nos deja buen sabor de boca pero poco saciados porque se esperaba su toque de genialidad en el plato...

Se puede ver pero no enamora para ser del Spielberg.

viernes, 26 de junio de 2020

 

DUEÑOS DE LA CALLE (2008)

 

Hay todo un subgénero dentro del cine policíaco como es el de la corrupción dentro de los cuerpos de policía estadounidenses donde hay dos departamentos, donde decir asuntos internos, es echarse a temblar el más aguerrido de los miembros, con perdón, de la policía. Hay dos cuerpos míticos, el NYPD y el LAPD de Nueva York y Los Ángeles respectivamente, luego están los de Detroit, San Francisco, Chicago u Seattle, pero los míticos son los dos primeros. Un tema candente por las recientes muertes de ciudadanos de raza negra, un actor que nos gusta y que se había encasillado en personajes místicos junto con un guión firmado en equipo por el James Ellroy y autor del libro en que se basa el guión. Excelentes motivos para pasar del curro y disponer la mesa con birras, pistachos y tele gansa de la sala de reuniones...

 

El universo de James Ellroy está presente pero alejado del periodo de posguerra y crímenes atribuidos a pachucos, pero tenemos al policía que asciende por sus métodos y capacidades de seguir órdenes de superiores que deciden al margen del sistema judicial dónde y a quién hay que hacer justicia, que forma parte de una hermandad pero no es considerado un igual porque algo dentro de su alma late con honestidad, sabedor de que es un buen policía y fatalmente confiado en su superior que sólo ve un buen matón al que hacer cumplir ejecuciones. Keanu Rives no es un poli apuesto, está fondón, le gusta lo que hace pero vive atormentado por la muerte de su mujer que se la pegaba con un tipo que la dejó tirada sin asistencia a la puerta de urgencias tras darle un jamacuco en pleno fornicio. Encima, su muy mejor compañero muere tiroteado y le acusan de tener algo que ver lo cual le llevará a buscar la verdad y encontrar la misma por el camino...

 

En su estreno fue bastante fusilada por la crítica y cierta parte del público que le gusta el cine de acción pero no sabe apreciar las esencias de una buena historia de polis corruptos y ambientes barrio bajeros. No hay protagonismo femenino porque es un ambiente de machos alfas, de brutos con placa sin lugar ni al erotismo ni a las relaciones salvo cepillarse a alguna por morbo y luego matarla. Es verdad que casi sabemos lo que va a ocurrir pero el conjunto logra que queramos saber qué va a ocurrir. Los aciertos son varios, empezando por el guión que sigue las reglas no escritas y vistas tantas veces, mezcla por momentos diversos estilos, de dos que no se tragan ni se gustan pero acaban investigando juntos y en equipo, pero hay giros de muertes y de diálogo que hacen de esta película una digna representante del género. Los actores principales llenan el plano y sabemos de sobra quienes son los corruptos de verdad y nos da rabia que el Keanu Reeves sea un inocentón que se traga los camelos del Forest Whitaker...

 

Para frikis, tiene papel secundario el doctor House y parte del final amargo de la película, y lo que más nos chirrió, porque entre la imagen televisiva que tenemos de Hugh Laurie y el amargo final de que en realidad los jefes siempre necesitan de sus matones, pistoleros en realidad, y que a rey muerto, rey puesto; pues el final parece un final abierto de cuando de episodios pilotos de serie televisiva se hacía un estreno cinematográfico, pero es sólo una sensación porque como buena representante del género no tiene ese final feliz que tanto gusta: mueren los buenos, dirigen los malos y el protagonista es alguien que es llevado por los acontecimientos de una realidad que cree controlar pero es él quien es controlado por todos de una u otra forma. El trato a los ciudadanos negros no es descafeinado y los tiroteos carecen de ese ritmo trepidante y tremebundo que tanto gusta también, los disparos son pocos y suelen ser certeros.

 

La recomendamos para reconciliarse con el Keanu Reeves si os saturó en la saga Matrix, buena película y decadentes secuelas con ínfulas de saga cinematográfica. Si os gusta el James Ellroy es una historia confortable y si os gustan las ñoñeces, la acción tremebunda o los asesinos psicópatas no es una película recomendable. Si os gustó Sérpico y Payback, es de las de recordar dentro de la categoría de cine negro, subgénero cuerpos de policía corruptos. No es película de premios, grandes taquillazos y excelentes críticas con mejores recaudaciones, es cine negro con una historia del James Ellroy, es cine de amantes del género donde sus aciertos logran que se la indulte por sus fallos, que en el fondo no son tantos.

viernes, 5 de junio de 2020

 

MEN IN BLACK III (2012)

 

Existe todo un subgénero con el tema de las terceras partes. Si dice el dicho que nunca segundas partes fueron buenas, las terceras suelen ser en su casi totalidad dignas de la hoguera pese a que tenían su público. Pero no tienen nada que ver con la moda actual de las sagas, en su tiempo la saga cinematográfica de 007 era la única que soportaba terceras y enésimas partes, hay que citar El Padrino III que pese a todo sí suelta tufillo a desgaste. Así que nada mejor para aparcar los trastos y ver cine que la oportunidad de visionar entre birras y pistachos esta tercera parte que cumple todos los requisitos de las mismas pero que supera a la segunda parte de este título...
 
La frescura, dinamismo y socarronería de la primera estrenada, en un ya lejos 1997, se había perdido en su mayor parte con el estreno de la segunda en 2002, siendo un relativo éxito pese a que tenía todos los vicios de las segundas partes: repetir la historia, repetir protagonista y tratar de ser original en un par de detalles que no se logran nunca. Pese a todo es un título mítico y resultaba curioso ver esta tercera parte ya distante de su estreno y sin pretensiones como espectadores de nada, simplemente pasar más de hora y media disfrutando del cine. La gracia está en que, siendo lo mismo, nos lleva por los siempre enrevesados y a veces incoherentes parajes de los viajes en el tiempo, concretamente al día del lanzamiento del Apolo XI en su viaje a la Luna...

 

Luego está el acierto de poner al personaje que interpretaba Tommy Lee Jones de joven, interpretado por Josh Brolin que es de esos actores con talento que nadie recuerda en papeles de juventud pero a los que el paso de los años y las arrugas en la piel se hace un hueco como estrella porque empatiza con el respetable y se come el plano, con rostro que inspira confianza y repelús a partes iguales y dotado para dotar de comedia sus interpretaciones. Will Smith es el de siempre y aunque por él no pasa el tiempo en la trama, sus muecas, gestos, frases y piruetas resultan reconfortantes.
 
Y luego del luego, con permiso de la siempre divina Emma Thompson, está Alice Eve que se come la cámara, el plano, a quien tenga escena con ella y que dan ganas de comerla y pedir otra ración. Apenas sale pero la recuerdas el resto del metraje mientras las escenas pasan pero estás obnubilado con ella, su peinado cardado a los sesentas. Han tenido que darle poca cancha porque eclipsa a todos los actores, afortunadamente no comparte plano con Emma Thompson que nos hubiera provocado un cortocircuito neuronal al tener que elegir entre ambas, aunque valdrían ambas ya que interpretan al mismo personaje. Y sin lascivia o carreras al baño para alivios fugaces, te conquista por su belleza, su mirada...

Su todo.
 

Entretenida que en apariencia es distinta y se desmarca cuando en realidad es más de lo mismo con el atractivo, que no todas las edades saben apreciar, de reírse un poco de los sesentas con una buena ambientación de la época. Cobra actualidad por el lanzamiento de la primera nave que nos lleve de nuevo hasta nuestro satélite y el reparto es solvente, la dirección tiene firme el pulso y te ríes un par de veces mientras sonríes unas cuantas. Ideal para hippies trasnochados, infancia adolescente casi o, como en nuestro caso, escaquearse un par de horas del curro.

martes, 26 de mayo de 2020

 

RESCATE EN EL MAR DEL NORTE (1979)

 

Volver al curro tras semanas de confinamiento es la mejor excusa para aparcar trastos y sentarse a disfrutar de una película entretenida que es de las que según pasa el tiempo gana en calidad, cosa que sucede con muchos títulos de la época entre la segunda mitad de los 70´s y al comienzo de los 80´s. Películas con elenco solvente y oficio detrás de las cámaras con pulso narrativo algo tambaleante en ocasiones pero que suple la falta de dinero con dosis de humor y pizcas de ironía cuando no el reírse de sí mismos, cóctel agradable al paladar para degustar con tranquilidad y la única pretensión de pasar una par de horas entretenidas...

 

El guión lo firma el autor de la novela en que se basa y está dirigida por Andrew V. McLaglen con pulso televisivo en ocasiones pero resueltas las escenas con solvencia. Es 1979 y Roger Moore está en la cresta de la popularidad, y encasillado ya, gracias a la saga de 007 y previamente popular gracias a la televisión. Está acompañado por otros dos grandes de la época, grandes como actores de cine y grandes en popularidad, un James Mason de venerable almirante que con una mueca ya expresa sentimientos y un Anthony Perkins que hace olvidar su eterno personaje de Psicosis porque interpreta a otro personaje atormentado y deshumanizado en su papel de terrorista. La trama es simple con un secuestro de una torre petrolífera en el Mar del Norte donde el gobierno británico debe recurrir a un contratista a sueldo de la aseguradora naviera. No falta la amenaza de bomba, asesinatos gratuitos y psicopáticos así como escenas bajo el agua tan en boga de aquella.

 

En el momento de su estreno no fue valorada en su plenitud siendo vista como un sucedáneo de 007 en plan chusco, digamos. Pero es todo lo contrario, Roger Moore se ríe de sí mismo en un personaje con pintas de barbudo escocés que a la mínima ocasión le mete un par de lingotazos a la botella de wiskorro que por algún extraño arcano siempre tiene a mano. Misógino, hoy sería linchado por el feminismo radical, que considera a la mujer incapacitada para todas aquellas tareas que no requieran usar la plancha, el costurero, el horno de la cocina o poner la lavadora. Experto en contra terrorismo que trata a sus subordinados como si fuera un capitán ballenero en un buque negrero y que no tolera otra opción que sí mismo como única opción viable y enfurruñado porque el gobierno lo dirige una mujer. Hay que tener en cuenta que la Thatcher acababa de tomar el mando como primera ministra y la mujer comenzaba a dejarse ver en puestos de mando y responsabilidad vetados hasta entonces para las féminas.

 

Roger Moore está soberbio en sus muecas y lo de su empresa de contratista de defensa que se dice ahora es de traca. Tras conocerse el secuestro monta un escenario a base de un entramado de andamios con pinta de poco seguros y con un par de lonas y cuatro escaleras de pintar de toda la vida ya tiene montada una réplica del barco de suministros de la plataforma donde está el grupo terrorista liderado por el Perkins. La escena en el tren con la mujer fumadora, sus cuchufletas irónicas a la subdirectora de la plataforma, su confusión con la chica de la tripulación y la chulería con la que trata a todo el mundo unido a una autoconfianza digna de un cabezota escocés logran que Roger Moore haga olvidar a 007.

 

El James Mason está soberbio en su papel de máximo almirante que se ve tratado como un grumete por Roger Moore, pero el Mason infunde a sus personajes una solidez y una credibilidad con sólo arquear las cejas. Es cierto que vista hoy ha quedado desfasada en cuanto a ritmo y acción, pero son personajes que hacen olvidar a otras interpretaciones, algo que lograron como nadie las producciones británicas de la época. Es una película con encanto que vista décadas después gana enteros como pieza de un género que estuvo en boga en aquella etapa de la Guerra Fría donde había organizaciones criminales ajenas a la misma o como el personaje de terrorista del Perkins, alguien sin ideología ni ideales, posiblemente miembros de la secreta en la RDA, algo que visto en 2020 donde el peligro es terrorista islámico, un virus o la crisis de un sistema, aquellos eran buenos tiempos porque se sabía quienes eran los buenos, los malos y los renegados...

Ideal para recordar a tres grandes actores cinematográficos que eran además populares para el público.

viernes, 15 de noviembre de 2019

 

LA MOSCA (1986)

 

Una de esas noches de curro que invitan al escaqueo ante un exterior hostil de temperaturas y climatología para trabajar y necesidad de reconfortante calor de calefacción a caldera, que si los del turno de día llegan y hace pelete protestan, que invita a tirar mochos, caja de herramientas, linterna y tolete aparcados para degustar unas buenas birras con pistachos disfrutando del placer del cine. Un tanto saturados de imágenes sintéticas, apetecía en noche de mil demonios con rayos, truenos y casi ventisca ver una de ciencia ficción y elegimos esta, vanguardista en su estreno, versión ochentera de un clásico de la ciencia ficción: La Mosca.

 

Y es que la década de los 80´s vivió en el género de la ciencia ficción una revisión de títulos míticos de los 50´s, y hay que citar a La Cosa, siendo el titulo de hoy una revisión que cumple los requisitos de toda buena versión: espíritu original pero adaptada a la era de la versión sin perder el original, mejora de los efectos especiales y una pizca de originalidad tanto desde el punto de vista del guión como de la dirección. David Cronemberg siempre gozó de buena crítica y al público ignorante de los misterios de la dirección cinematográfica le gustaban sus películas y pasaban por taquilla para regocijo y placer de los productores. Además era la plenitud del consumo de vídeo doméstico y eran títulos que se alquilaban para ver de nuevo en casa siendo un producto rentable.

 

Hay un detalle que nos hizo tertuliar al final del visionado, nada menos que la visión del futuro de la informática que ofrece la película. Un ordenador que reúne lo que se creía que sería el futuro inmediato: inteligencia artificial aplicada a la computación y comandos de voz como interfaz. Nos saltaron lágrimas de nostalgia viendo los planos de la pantalla del computador que fascinaban en su estreno y no deja de ser una mirada furtiva a la época, su estética y sus valores que trataban de ser progresistas y emancipadoras para la mujer. Así el personaje de una joven y sensual Geena Davis, aunque ya muestra claros signos de emancipación sí que muestra clichés como estar a la sombra de un hombre, su jefe y ex- amante y el científico...

 

Una periodista que trabaja para una revista de divulgación científica y con cuyo director tuvo una relación erótico-festiva, conoce a un tipo que afirma que le puede mostrar en su laboratorio el reportaje de su vida y un invento que cambiará el mundo y la sociedad: una máquina de teletransporte de la materia. La cosa funciona con un par de cápsulas y funciona bien con materia inorgánica, pero el computador se confunde con la materia orgánica siendo un mono de laboratorio la prueba al aparecer en la cápsula convertido en una grotesca forma de vida y sufriendo como un perro. Mientras ella trata de finiquitar definitivamente con su ex-pareja y director de la revista, el científico, emborrachado por celos, se arma de valor y se somete al teletransporte sin percatarse de la compañía de una inoportuna mosca que hace que los ADN se mezclen en el resultado teletransportado dando lugar a una serie de cambios en el organismo y el carácter del científico...

 

La película tiene momentos deliciosos como el diálogo de la chica tras una noche laaarga de fornicio donde el científico quiere más y ella le dice que no debe quedarle ya una gota de semen; lo cual hizo que llovieran cáscaras de pistachos y latas de birra sobre la pantalla entre alaridos y aullidos de machos alfa porque la Geena Davis está fermosa y en plenitud de lozanía juvenil. Detalles de película de serie B que encajan con maestría rindiendo homenaje unas y con humor en los diálogos. El Goldblum está en plenitud de belleza varonil cultivando ese personaje suyo de siempre un tanto abstraído, de físico impresionante que encaja en el espíritu sensual de Geena Davis. Hay que citar a John Getz que borda el personaje de jefe y buscador de sexo deportivo químicamente puro pero sin perder el olfato de editor ante un artículo bomba. Un trío que encaja e interpreta unos personajes ajustados pero llenos de matices gracias a la labor del reparto protagonista.

 

Y luego están los efectos especiales, refrescantes ante el actual panorama de los mismos que saturan los metrajes. Trucos de trucas, efectos de maquillaje y esa búsqueda que se dio en la época de superar el susto grabado en los hipotálamos de Alien El octavo pasajero. La metamorfosis está bien planteada y acompañada de metafísica que tanto se prodiga ahora en personajes de súper héroes. Cine bien hecho que gana con los años, ya con esa pátina del paso del tiempo, de la mejora de los efectos digitales y que sus jóvenes protagonistas no los son tanto. Recomendable si nunca la visteis, un momento para viajar en el tiempo si vivisteis su estreno y en definitiva la magia del cine que logra que durante casi dos horas el mundo deje de girar...

Y Geena Davis está sensual, muy sensual.

viernes, 30 de agosto de 2019

 

COCODRILO DUNDEE II (1988)

(O que segundas partes nunca fueron buenas y que buena estaba la Kozlowsky)
 

Nos hemos ya acostumbrado a las secuelas, precuelas y demás, pero en los 80´s aún triunfaban las segundas partes, cierto que con más o menos fortuna. Se jugaba con las apetencias del espectador de ver más de algo que había sido grato y la producción rentabilizar con beneficios lo que siempre se llamó estirar el chicle. En ocasiones, películas de modesto presupuesto daban la campanada y estaba cantado que habría segunda parte. Es el caso de la película de hoy, una variante de poner a un cateto y paleto en la gran ciudad y pasar unas risas entre confusiones y situaciones cómicas basada en el contraste de la vida en el pueblo u villorrio y la de una gran urbe...

 

Cocodrilo Dundee se estrenó allá por el 86 y en el público hispano tenía terreno abonado para ser rentable en taquilla por cuanto el Paul Hogan era popular ya que había entrado en las vidas del público gracias a la televisión en una de esas series de humor donde el representante hispano era el inefable Emilio Aragón y su Ni en vivo ni en directo. El público joven y adolescente estaba ya entregado de antemano en su estreno para pasar por taquilla pero también los adultos que se rindieron al sentido del humor ellas y a la turbadora belleza despampanante de la Linda Kozlowski, ellos. Por supuesto su salida en formato vídeo contribuyó a popularizar el título y animar a las productoras a realizar la segunda parte.

 

La fórmula de las segundas partes era sencilla: repetir lo que hizo que fuera éxito de taquilla añadiendo pocas, y en ocasiones ninguna, variantes a la trama, al guión e incluso sin alterar la línea de acción. Se pasaba por taquilla porque había que ver las segundas partes pero igual que se corría la voz de que una película era buena o estaba bien, el mismo proceso ocurría a la inversa y por lo general las segundas partes no repetían el éxito de la primera aunque se estirara el chicle hasta una tercera o cuarta entrega incluso. Pero cuando vimos la oportunidad de visionar esta segunda parte, todo el turno de noche estuvimos de acuerdo en aparcar linterna, mocho y caja de herramientas para recordar al Cocodrilo Dundee pero sobre todo volver a ver en plenitud de belleza, sensualidad y rostro de la Linda Kozlowski que forma parte del panteón de las fantasías onanistas de la época junto con la Kelly LeBrock de La mujer de rojo...

 

La trama repite fórmula y si en la primera era el cateto de los territorios australiano el perdido en la gran ciudad, aquí son unos narcos quienes se ven fuera de su ambiente al perseguir a la Kozlowski por unas cuitas de su ex- con los malos. La película es una auténtica castaña por no decir que es una auténtica mierda: historia trillada, sin chispa ni dinamismo con el pecado de estar siempre esperando ese chiste o gag que diga que haya merecido la pena su visionado. El Hogan está hierático y hay que ser australiano de los territorios para pillar la supuesta gracia donde desde el último secundario hasta el protagonista se ve que están haciendo un trabajo siendo además los personajes villanos simples estereotipos de la imagen que se tenía entonces de los narcos colombianos.

 

Terminaron en bodorrio y da la sensación de que el Hogan sólo hizo esta película para acabar de conquistar a la Kozlowski, que se come la cámara y es la única motivación para ver la película en 2019. Porque está buenísima, porque se nota la química entre ambos y porque además está monona porque se ve que está enamorada. Si en la primera nos dejaba ojituertos en la escena en traje de baño, aquí está vestida hasta las orejas y sin embargo su sensualidad logra poner como burro en primavera. Cuando el Hogan le pide que se quite el sostén para dejar una pista falsa a sus perseguidores, igual que si fuera la primera vez se espera ver teta, pero se lo quita debajo de la ropa y sólo logra aumentar el deseo de macho alfa amén de que cuando
le contesta que no le parece el momento de quitarse el sostén, esa mirada de enamorada que resalta el brillo de su belleza, logra que pases de la película para pasar a tertuliar sobre la esencia de mujer y recordar otras actrices míticas por su belleza que acabaron casándose con los actores protagonistas...

¡Pero estaba muy buena la Kozlowski, de toma pan y moja la cama!

martes, 13 de agosto de 2019

 

EJECUTOR (1986)-Raw Deal-
 

Terminar las vacaciones y volver al currelo la noche del lunes en pleno mes de agosto, es una buena motivación para dejar la faena a medias y que pringuen los eventuales que cubren las vacaciones de los privilegiados del turno de día que siempre pillan las mejores fechas para veranear. En resumen, que dejamos aparcados el mocho, la linterna y la caja de herramientas para visionar una pequeña joyita antropológica cinematográfica como es este Ejecutor que tiene ya la friolera de más de tres décadas desde su estreno...
 
La película supuso un punto de inflexión en la carrera del Arnold donde se despojaba de la fortaleza física y cara hierática de sus anteriores trabajos. Sin embargo, mientras el Stallone y el casposo del Chuck Norris rivalizaban en el género de acción, un Schwarzenegger lastrado por su imponente musculatura se iba abriendo paso y subiendo el nivel de sus papeles. Porque el Arnold de Poli de guardería, Los gemelos golpean dos veces y el ya actor de Mentiras arriesgadas, nace posiblemente en este título donde se ríe de si mismo, la fortaleza física es secundaria y la imprescindible sin acaparar las escenas de acción. Por otra parte, sus éxitos de taquilla le daban el padrinazgo de nada menos que la productora De Laurentis, que nunca superó el trauma como productora del fiasco de Dune, bastante sobrevalorada en su tiempo y que aún guarda una pequeña legión de adeptos aunque los más sólo la recordemos como desfasada en efectos especiales antes de su estreno y que aparece una joven y ya sensual Sean Young...

 

Es cierto que vista hoy peca de candorosa y hay multitud de incongruencias como que apunte a un sitio y acierte en otro, o la delirante escena de Arnold ametrallando todo bicho viviente desde el coche. Pero tiene un punto de humor, la chusquedad de este tipo de producciones con pequeños fallos de plano y de montaje pero también de un cine de oficio, con especialistas de conducción, de morirse desde las alturas o ver su rótula rota en la pelea. Pero hay todo un elenco de entrañables secundarios y de primera fila venidos a menos, dentro del mundillo de los secundarios. Citamos a Ed Lauter que repite personaje de inspector de policía que siempre llega tarde, al rebufo del protagonista y que se huele con cinismo de sabueso veterano que hay algo detrás de asesinatos sin conexión aparente. Un guiño también a las películas de justiciero urbano del Charles Bronson donde repite personaje de inspector.
 
Luego tenemos un secundario de lujo, agradable a la retina y a la taquilla que se convirtió en rostro imprescindible para hacer de malo, de malo del villano de turno; el bueno del Robert Davi que vive una rivalidad mortal con el Arnold, tanto por motivos profesionales de matones como de celos por la chica mala. Hay momentos memorables, de pareja de cómicos, entre ambos rivalizando por ser el malote del villano. Villano de la vieja usanza, de familia mafiosa que busca ganar terreno al rival, joder las ganancias al rival y deshacerse del rival evitando siempre el fantasma de una guerra entre bandas. Porque la historia es una historia de venganza y justicia por la muerte del hijo de un colega, con un fiscal corrupto que jodió la carrera del protagonista desterrado a un villorrio como ayudante del sheriff y un matrimonio que hace aguas porque el villorrio no tiene comparación con Nueva York para su esposa. Para ayudar a la venganza deberá fingir su muerte y hacerse pasar por un matón a sueldo en busca de familia mafiosa que le acoja con la única ayuda de...
 
Y entonces aparece ella en el casino, sensual de mujer plena que va dejando atrás la juventud pero aún conserva parte de la belleza juvenil. De mujer de vida canalla, que se acuesta con la mitad de los clientes del casino para sacarles información; que se acostó con el matón del villano pero las promesas de amor eterno se quedaron en placenteras noches de cama pero ya ni eso. De quedarnos un segundo con la boca abierta deseando que se abra más su escote antes de que comenzáramos el lanzamiento de latas de birra, ganchitos y pistachos a la pantalla entre alaridos de excitados machos alfa. Al final dan ganas de hostiar al nenaza sentimental del Schwarzenegger por despreciar los encantos de la Kathryn Harnold con la patética excusa de que está casado hace tiempo, ñoñez de la época del estreno que en la era de los follamigos y follamigas suena a Marcelino pan y vino.
 
Recomendable si queréis pasar unas risas, bucear en la Era y en definitiva cine de oficio con la firme mano del director, John Irvin, y esa cutrez que sólo superaban las producciones de la Cannon con el Chuck Norris pero que De Laurentis lograba producir con un toque de diferencia, un escalón más arriba dentro del bajo escalafón que suplían la ausencia de estrellas consagradas con secundarios de lujo, escenas rodadas por especialistas, director solvente para este tipo de películas y por supuesto el favor de un público que pagaba por ver a su estrella de acción favorita. También un salto de calidad en Schwarzenegger que rodaría posteriormente Predator para quedar consagrado como actor, lejos ya del protagonismo de la masa muscular y cara de cemento donde su mayor expresión facial era que le cayera una gota de sudor. Es además un visionado refrescante entre tanto título plagado de imágenes sintéticas, precuelas de secuelas, revisiones pésimas de otros títulos o zombis y súper héroes...

Cine de verano.

jueves, 20 de junio de 2019

 

INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE

 

Está claro que Hollywood no produce como antaño guiones originales y parecen limitarse las productoras a jugar a tiro fijo de ingresos tirando de secuelas, precuelas, nuevas versiones pero sin diferentes visiones que acaban siendo auténticas castañas y además con una dependencia absoluta de los efectos digitales y logrando que gran parte del metraje sean imágenes sintéticas de acciones imposibles. Es cierto que presta ver alguna, pero cuando todas son iguales, pues cansa. El título de hoy es una de esas películas que hacen veraz el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas en el cine. Y sí, a todos y todas nos vienen a la memoria segundas partes dignas y alguna memorable, pero porque o bien la acción transcurre largo tiempo después o es la misma historia pero diferente época como es El Padrino II o la siempre infravalorada de Predator II...

 

Ya la primera era una auténtica castaña del subgénero de catástrofes en la variante, novedosa de aquella, de extraterrestres catastróficos; pues esta secuela es una castaña aún mayor pese a la vitola de producción correcta y hasta salpicada de humor. La única risa que provoca este bodrio cinematográfico es ver cómo ha pasado el tiempo por los protagonistas de la primera lo cual explota el guión pero es una característica patética que al final la película se vea pasados quince minutos porque sientes el morbo de ver el paso del tiempo. El único que se salva es el Jeff Goldblum, pero es de esos actores que tienen la complicidad del patio de butacas y sabes por su mirada y sus gestos que está haciendo lo que llaman un trabajo por dinero y advirtiendo que no nos tomemos nada en serio...
 
Y no se puede tomar en serio algo que no lo es. ¿Recordáis que a finales de los 80´s se puso de moda en películas futuristas de un futuro inmediato, en el que ya estamos, donde un símbolo de futuro era que las armas llevaban aparatosas prótesis en forma de miras y punteros láser? Pues aquí ponen a todo una célula de tecnología alien con un característico punto verde fosforito: coches, armas, naves espaciales, aviones en el espacio y es de suponer que hasta en las freidoras y secadoras por no hablar de sartenes y robots de cocina sin olvidar los robots de limpieza. Las incongruencias son constantes y tratan de camuflarse en ese hipotético humor que destila el guión, pero sólo se puede destacar que hay un plano rodado en escenario, suponemos que homenaje a algún título de los 50´s, o capricho...
 
Auténtica mierda de película donde ser secuela se queda en truco para ocultar una ensalada de imágenes sintéticas que están genial para un vídeojuego pero cantan como parte del conjunto de una película. Incongruencias a lo largo y ancho del metraje que sigue el esquema de toda película de catástrofes como son amenaza-desastre a la civilización-lucha por la supervivencia. Una película que hay que ver para no parecer un friki pero que sólo se vuelve a ver si pagan por verla y además pagan bien con incentivos por objetivos como verla sin bostezar, sin empezar a charlar o simplemente acabar de verla sin vomitar...
Lo dicho, para ver si os pagan por ello y siempre que paguen bien.

sábado, 8 de junio de 2019

 

ANT-MAN (2015)

 

Hacía muchas lunas que el equipo de cata cinematográfica buscaba un título del subgénero de súper héroes que echarnos a las retinas. Lo cierto es que, en los últimos tiempos, han proliferado los títulos donde los clásicos cómics de viñetas en papel se llevan a la pantalla, hay que resaltar sin duda a la MARVEL que ha imprimido un sello de calidad y continuidad donde las sagas clásicas se complementan con títulos específicos de un personaje determinado a la vez que crean un universo que logra engarzar a las generaciones digitales con las analógicas que siguieron las aventuras y peripecias en formato de papel...

 

Pero ningún título desde Iron Man nos había llamado especialmente la atención, pese a que son producciones impecables y cuajadas de actores y actrices de primera fila y sin caer en productos de serie B. Sin embargo, el tema de personajes que disminuyen de tamaño y mostrar el mundo cotidiano desde la perspectiva del tamaño de una hormiga siempre ha fascinado al público y ser rentables en taquilla desde El increíble hombre menguante; tal vez porque es una fascinación semejante a ver el mundo que conocemos destruido por cataclismos o guerras nucleares. En ambos casos se dan títulos cada década que sirven además, con el paso del tiempo, para ver la evolución de los efectos especiales. Hay que citar la saga de Cariño, he encogido a los niños como ejemplo de lo dicho anteriormente. El caso es que nos llamó la atención el título que tratamos hoy y hay que citar el gancho de un Michael Douglas entrado en la vejez pero con el encanto de su mirada sin que el tamiz de los años produzca una sensación de decrepitud, todo lo contrario por cuanto sabe interpretar personajes de su edad sin que ésta le lastre la interpretación...
 
Dentro de mundo de los súper héroes hay clases y clases amén de auténticos fiascos que no acaban de cuajar, citemos a Linterna Verde y la que posiblemente sea la peor adaptación de un cómic en formato de papel a formato cinematográfico: Phantom, El hombre enmascarado en su título en español, que en el título de hoy se ha optado por dejarlo en el original, tal vez porque El hombre Hormiga o Súper Hormiga suene más a cachondeo de velada tabernaria que a título comercial. El caso es que es un personaje de segunda dentro del universo de los súper héroes y era un acicate más para aparcar mochos, linterna y caja de herramientas para su visionado, sin tenerlas todas con nosotros pero dispuestos a dar el beneficio de la duda, aunque se acordó que si aparecía niño o perro pasaríamos olímpicamente de verla...
 
Y nos llevamos una muy grata y más inesperada sorpresa ante una buena adaptación de un cómic donde los defectos quedan eclipsados por sus virtudes para pasar un par de horas entretenidos y disfrutando viendo cine. El argumento y desarrollo es típico de este tipo de producciones cuando se aborda el origen de un súper héroe: cómo surge el descubrimiento de tener súper poderes, ya sea por picadura o prótesis tecnológica, un profesor Bacterio que ha hecho un descubrimiento que su pupilo se ha apropiado para sus maléficos fines para finalmente, tras un breve periodo de aprendizaje, reaparecer con control total de sus poderes y utilizarlos para nobles y loables fines en defensa de la democracia y el Sistema. No falta en este caso la hija del profesor Bacterio que arrastra la pérdida de su madre en misteriosas circunstancias...

 

Un aplaudible Paul Rudd interpreta a un mierdas cuya vida es una mierda y que como ladrón es inteligente pero sus robos una mierda que acaban con sus huesos en una cárcel de mierda. Además, su vida es una mierda con un matrimonio que se ha ido a la mierda, la hija con la madre y ésta se va a casar con un policía de mierda. Pero encuentra su redención cuando una vieja eminencia en física aplicada a la reducción de tamaño, miniaturización de las cosas, busca un pardillo que se ponga el traje de su invención y se convierta en líder de una horda de hormigas que logre desbaratar los planes de su antiguo aprendiz y pupilo que busca vender el invento a gente mala que gobierna en malos sistemas y buscan hacer el mal...

 

Evangeline Lilly interpreta a la hija del profesor Bacterio a base de movimientos de nuca a juego con el corte de su pelo y a base de hacer mohines y muecas. Una hija que sospecha que la muerte de su madre no es como le han contado siempre y que no comprende porqué su padre no la deja ser el conejillo de indias para meterse en el traje y derrotar al villano. El tema del mundo a tamaño de hormiga está bien aunque les falte vitalidad a los insectos, cosa que sigue igual desde que los insectos de pega sustituyeron a los insectos reales en los efectos especiales con trucas cinematográficas, pero nos fascina igual que ver Chernóbil y la ciudad de Pripyat…

 

Pero es un producto que pese al lastre de seguir la línea temporal clásica, logra ser independiente de la saga conjunta a la vez que se integra en el universo de MARVEL. Nos ha gustado porque es entretenida, las interpretaciones están al nivel que se espera y los efectos digitales se aceptan sin reticencias pese a que canten algunos planos. Recomendable si os gustan los súper héroes con las dosis adecuadas de humor, tragedia metafísica, drama personal, villano muy villano con redención final del protagonista para su hija...

Grata de ver y deja buen sabor de boca, aunque sin ganas de pedir más.

sábado, 4 de mayo de 2019

 

DOS BUENOS TIPOS (2016)

 

Otra de esas películas que a priori son una buena escusa para dejar aparcados los utensilios de trabajo y disponerse a disfrutar de una amena velada cinematográfica: buen reparto, dirección solvente según currículum, ambientación en los confortables y familiares, ya, 70´s y una trama que aunque algo trillada siempre queda bien. Así que no lo pensamos mucho y nos dispusimos a su visionado en lo que era en principio género de comedia con tintes de acción y unas pizcas de suspense...

 

Del reparto hay poco que reprochar porque tanto Russel Crowe como Ryan Gosling son actores conquistadores de la retina del público y estrellas rutilantes de Hollywood aunque quien se lleva el plano y enamora a la cámara es lo que promete ser una mujer camino de actriz estrella, la joven actriz canadiense Angourie Rice que es quien al final lleva el peso de la atracción para ver la película hasta el final porque la trama es demasiado previsible y el oficio y profesionalidad del trabajo hace que se respete pero es una película que ni enamora ni acaba de agradar, precisamente porque no cumple las expectativas que se le presuponían de inicio. Queda en un producto blanco, con dosis de violencia permitidas pero mucho tiro y poca sangre, como un episodio televisivo del Equipo A donde nunca muere nadie...

 

La base es confrontar dos caracteres opuestos, un Russel Crowe en otro de sus papeles casi característicos cuando aborda el género de acción tirando a negro, reparte hostias mercenario que en esta ocasión se dedica a realizar trabajos de disuasión a base de romper tabiques nasales a viciosos pervertidos camuflados en la sociedad pero que en realidad sufre por no ser detective, de pocas aptitudes intelectuales comparado con los detectives de verdad, un matón a sueldo que indaga más allá del trabajo para el que le contratan. Está algo fondón y lo cierto es que en realidad nos jode verle como pasa el tiempo, pero sigue siendo creíble porque queremos ver a Russel Crowe aunque sus películas decepcionen, no por su interpretación que es siempre la misma como buena estrella cinematográfica. En esta ocasión está bien, cumple su trabajo y es en realidad el producto final el que no está a la altura...

 

Ryan Gosling nos conquistó en Driver y a estas alturas de su carrera ocurre lo mismo que con el Crowe, nada que reprochar a su trabajo pero lastrado por el resultado final. La diferencia con su compañero de reparto es que resulta más teatral en sus trabajos en el sentido de que dota de profundidad a su trabajo con su interpretación. Su personaje es lo que ansía Russel Crowe en su personaje, es detective con una vida laboral de sueño, resolviendo casos de viejas chochas que ven difuntos vivos y cosas así. Pero es una piltrafa como profesional del fisgoneo, un detective sin olfato; otra de esas gracietas del guión que interpretan bien pero es sal gorda, huyendo del fino humor cínico de la novela negra. Pero un papel en apariencia de actor de ópera bufa que el bueno del Gosling dota de humanidad, un coloquetas del alcohol que se tropieza con las pistas. Un padre cómplice con su hija que le tolera sus sueños de prosperidad, un personaje humano porque sufre las mismas miserias que el común del público...

 

El susto no los dio la Kim Bassinger cuando aparece en mitad del metraje con un rostro operado para vencer el paso del tiempo que daba grima. Fue una agridulce sensación ver a una pareja mítica desde L. A. Confidencial, cebón y pasado de lorzas él, pero cuyo deterioro parece natural, casi forzado para dar enjundia física a su personaje. Pero el rostro de Kim Bassinger es otro rostro de actriz convertido en caricatura grotesca de la belleza que era en su juventud y años más mozos. Lo cierto es que es la gran decepción final que hace que se soporte el visionado porque es soportable y porque es un producto correcto pero la suma de sus fallas acaba obnubilando la satisfacción final. Aparece el entrañable, desde Platoon, del Keith David ya especializado en personajes semi bufos pero confortable y familiar a la retina aunque sea eternamente el veterano de Vietnam que regresa a tiempo de evitar la matanza final...

 

En resumen, producto de factura impecable pero que no cumple las expectativas por un conjunto de fallos de guión que hacen a los personajes ya vistos, la trama ya vista y el final se sabe desde que aparece Keith David. Porque seguimos la máxima de que películas con niño o con perro, mejor cuando la pasen por la tele, y si bien a veces parece que estamos ante una posible joyita, hasta mitad de metraje, al final estamos profundamente decepcionados porque tanto elenco como equipo técnico están bien pero el resultado final es muy, muy decepcionante por derroteros de cine para todos los públicos, comedia que resulta en disparate y personajes trillados pasados por el tamiz de estrellas rentables...

No enamora pero hay que verla.